Destinada a Flurry (Destinada a los Jinetes Draken 2) 21 Kai
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21 Kai

KAI

—Desapareciste durante tres años... ¡durante tres años, Kai!

¿Y cuando te dignas a reaparecer es en medio de este follón?

¿En serio? —No hemos dado ni seis pasos fuera de la tienda de Theron antes de que mi hermana gemela se me plante delante, hecha una furia incandescente y enseñando sus afilados colmillos, con su pelo pelirrojo desplegándose como una melena tras ella—.

Madre se estaba volviendo loca de preocupación mientras tú estabas, ¿haciendo qué?

¿Dándole gusto a tu polla y rompiendo alianzas?

—Bueno, al menos la segunda parte es cierta. En cuanto a mi...

—Ni se te ocurra terminar esa frase.

Me cruzo de brazos, la miro impasible desde mi mayor altura y espero.

Pasan unos cinco segundos hasta que el color de su piel se oscurece. —¿Y bien?

—¿Y bien, qué?

—¿Vas a dar alguna explicación?

—Pensaba que me habías prohibido terminar una frase. Como eres la heredera aparente y todo eso, no quería tentar a la suerte.

—No empieces con eso —avanza hacia mí, con el fuego jugueteando como brazaletes alrededor de sus muñecas mientras me clava el dedo en el pecho.

Detrás de nosotros, la solapa de lona de la tienda de mando sigue siseando al abrirse y cerrarse.

Sin duda Autumn, nuestra tía, está echando a todos los cortesanos para poder hablar en serio con Theron.

O para estampar la cabeza de Theron contra un pilar de realidad.

Cualquiera de las dos opciones servirá. La tía Autumn es la fae más pequeña que he visto en mi vida, y una de las más discretamente poderosas.

Cualquiera que sea lo suficientemente estúpido como para subestimarla se merece lo que le pase.

También es el único miembro de mi perfecta familia con el que conecto.

Aparte de mi gemela. Pero esa es más bien una relación de tipo amor contra arrancarte las entrañas y pisotearlas.

—Avísame cuando hayas terminado de despotricar, Auri —le digo a mi hermana.

Su nombre real, Autumn —por mi tía—, hace que haya dos Autumns en una sola corte.

Un problema que mis padres realmente deberían haber previsto.

Así que para cuando empezamos a caminar, la Joven Autumn se convirtió en Auri, un giro dorado al nombre de la estación.

Y, al parecer, el único que yo era capaz de pronunciar en aquel entonces.

Balanceándome sobre los talones, espero a que Auri termine su tirada enumerando mis deficiencias.

Al menos creo que es eso lo que está haciendo.

Está caminando de un lado a otro y yo no la estoy escuchando realmente.

Auri es puro fuego. Lo mejor es dejar que arda al rojo vivo antes de intentar tocarlo.

Además, le molesta muchísimo que no reaccione.

—¿De verdad estás prometido? —pregunta Auri, recuperando por fin un volumen de voz compatible con la vida—. ¿Hablo de una persona real que respira?

—Sí.

Ella arquea una ceja.

—Sí. Rowan, mi prometida, cumple todos tus criterios.

Auri entrecierra los ojos.

—Real. Respira. Una persona. —Desdoblo un dedo con cada palabra para dar énfasis—. Todo está ahí. Todo es verdad.

—¿Qué es lo que no me estás contando?

—¿Tu prometida está inconsciente? —exige Autumn, acercándose a mí desde la tienda de Theron. La coronilla de su cabeza queda muy por debajo del nivel de mis hombros, lo que no la hace menos aterradora. Francamente, considero un milagro que la tienda de mando siga en pie.

Auri me agarra del brazo, con las uñas clavándose en mi carne. Un truco sucio que usa desde la infancia. —Dijiste...

——Real, respira, una persona. Esos eran tus criterios, no los míos.

—Demos un paseo. —Autumn me coge del brazo y me dedica el tipo de sonrisa que deja claras tus opciones: haz lo que se te dice, o acaba eviscerado—. Estoy pensando en un lugar abierto y aireado. Como tu tienda en el campo de vuelo de los drakens.

—¿Por qué iba Kai a montar una tienda en un campo de drakens? —pregunta Auri—. Hasta él sabe que eso es un suicidio. —Su voz cambia de repente de indignada a preocupada—. Espera, ¿acaso estás intentando que te hagan daño? ¿Ha pasado algo? ¿Estás bien? ¿Necesitas ayuda? ¿Cómo puedo ayudar?

Se me tensa la mandíbula y las sombras envuelven mis nudillos. Ahí está. El «¿cómo podemos ayudar? » de mi familia que siempre pende sobre mí como una nube negra. Estuvo ahí cuando mi magia no se manifestó en la adolescencia, y cada vez desde entonces que la he cagado.

Y siempre la cago.

—Relájate. Los drakens no me comerán. —Ladeo la cabeza—. Aunque a ti puede que sí. Así que quizá deberías quedarte aquí y negociar un tratado de paz, o salvar gatitos o lo que sea que hagas.

—Imbécil.

—Calmaos los dos. —Autumn se da palmaditas en el muslo, con chispas jugueteando casualmente sobre su dedo—.

Auri, ve a inspirar al Príncipe Cobardía para que haga las maletas y mándalo a alguna parte.

Por lo que he visto, Kai se ha comportado como un imbécil testarudo, pero no le faltaba razón: la principal preocupación de Theron es poner su propio culo a salvo.

Una petición debidamente desesperada de la heredera aparente de Slate debería proporcionar toda la excusa que necesita para dejar de estorbar por aquí.

Auri suspira, pero me dedica un gesto grosero y se aleja a grandes zancadas hacia el príncipe.

Antes de que yo pueda buscar también otro lugar donde estar, el brazo de Autumn se aprieta donde está enganchado al mío. —Sigue caminando. Veamos si podemos llegar de aquí hasta tu Rowan sin desencadenar una guerra.

Permanecemos en silencio hasta que dejamos atrás las partes ruidosas del campamento, cambiando las hileras de tiendas y soldados por una amplia franja de hierba pisoteada y tierra removida.

En realidad es hermoso, para ser un campo.

Especialmente con la forma en que los rayos del sol dibujan el cortavientos y brillan en las escamas de los drakens.

—No mires a ninguno a los ojos —advierto a mi tía—. Una de las hembras puso un huevo ayer, así que están en una postura de primero matar y luego preguntar.

—Criaturas encantadoras. —Autumn se estudia las uñas—. Pueden competir con sus primos los cambiaformas dragón por el premio a la hospitalidad.

Resoplo. —¿Como si tu mejor amigo no fuera un cambiaformas dragón?

Quinton. Un príncipe de Massa’eve y uno de los padres de Lilith. También es el único otro portador de sombras que he conocido hasta ahora. Después de que agotara por completo la paciencia en mi propio reino, mi madre hizo los arreglos para que me quedara en la corte de Massa’eve y entrenara con él.

Se lo pagué dejando paralítica a su hija.

—Supongo que perteneces a uno de estos traficantes de muerte, ¿no? —pregunta Autumn, lo que le gana un ruido de aprobación por parte de Ulyssus—. Eso al menos justifica un año de tu espectacular desaparición. ¿Te importa compartir qué hiciste con los otros dos?

—Fingí ser humano y me uní al entrenamiento de la Aguja de Eryndor. Junto con dos amigos.

—Mmm. —Autumn hace un sonido con la garganta—. ¿Sirvió de algo?

—No.

—¿Esperabas que sirviera?

Suelto un largo suspiro. Una cosa que he aprendido sobre jugar con Autumn es que ya has perdido antes de empezar.

Es mejor decirle lo que quiere saber y esperar que no quiera saber más.

—Fui a buscar una cura para el envenenamiento áurico.

Para arreglar lo que le hice a Lilith. Para conseguir que pueda volver a volar.

—Sí, sospechaba que el incidente de la daga tenía algo que ver con tu repentina partida —dice con calma—. Y, ¿encontraste el antídoto, quiero decir?

—Sigo en ello. —Me detengo frente a nuestra tienda y tomo el control de la conversación—. Hablando de antídotos, esperaba que pudieras sacar algo de ese cerebro tuyo lleno de magia arcana para Rowan.

—¿Porque es el amor de tu vida y quieres casarte con ella?

—Sí.

—¿No porque sea una alquimista y quieras usarla para curar a Lilith?

Ahí está. Levanto la barbilla, pero mantengo el resto del cuerpo inmóvil como una roca. —¿No pueden ser ambas cosas?

—Pueden serlo. —Autumn se encoge de hombros con delicadeza y termina de recorrer los pocos pasos que quedan hasta la tienda—.

Pero solo porque puedan serlo no significa que lo sean.

Veamos primero qué tenemos entre manos. Desde luego, no está en condiciones de cumplir ninguna de las dos vocaciones estando inconsciente.

Sostengo la solapa de la tienda abierta para dejar entrar a Autumn y la sigo mientras ella inspecciona la escena: una humana inconsciente, un lobo feroz, un príncipe agotado y un idiota con sombras. Para todos los problemas que estamos causando, no parecemos gran cosa.

Asiento hacia Kyrian, que levanta la vista de donde está estudiando unos mapas extendidos sobre una mesa baja. —Permíteme presentarte a...

—Príncipe Kyrian. —Autumn tiende su mano para que Kyrian se la estreche—. Un placer verle de nuevo.

—Mis disculpas. ¿Podría recordarme cuándo nos conocimos?

—Nunca he dicho que nos hayamos conocido —dice Autumn—. Solo he dicho que era un placer verle de nuevo.

Ya veo.

—Kyrian, conoce a Autumn —digo con voz tensa—. Enviada diplomática y espía de Slate, según lo que requiera la situación. Mi tía.

—Ah. —Kyrian se pasa una mano por el pelo, delatando su fatiga—. Un placer. No sabía que había llegado.

—Ha habido algunas novedades.

—¿Theron?

—Está bajo control —le digo—. Ella va a intentar despertar a Rowan.

Logan, todavía tendido en forma de lobo al lado de Rowan, levanta la cabeza y le dedica a Autumn una especie de resoplido húmedo. Hago las presentaciones rápidas mientras todos se acomodan.

—¿Cuánto tiempo lleva así? —Autumn se remanga antes de abrir la parte superior de la camisa de dormir de Rowan, dejando al descubierto su pecho.