DESPUÉS DE TODOS ELLOS, YO Quizás la historia recién empieza
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Quizás la historia recién empieza

Durante mucho tiempo pensé que una historia tenía que terminar cuando dos personas dejaban de elegirse.

Pensaba que después del último beso venía el silencio. Después de la despedida, el vacío. Después del amor, nada.

Hoy sé que no es así.

Hay historias que terminan y, sin embargo, siguen viviendo en nosotros. No porque queramos volver, sino porque algunas personas dejan algo que ya forma parte de quienes somos.

Mauri fue mi primera manera de entender el amor. Alfon fue la historia en la que creí que, esa vez, podía ser para siempre. Nico fue quien me enseñó que querer mucho a alguien no siempre significa poder construir con esa persona la vida que uno desea.

Durante años pensé que ellos eran los protagonistas de mis historias.

Hoy entiendo que no. El verdadero hilo de todas esas historias era yo.

La niña que esperaba frente al espejo para que alguien la eligiera.

La mujer que creyó que amar significaba darlo todo.

La que esperó. La que entendió demasiado.

La que justificó silencios. La que tuvo miedo de soltar.

La que lloró en una habitación lejos de su país pensando que había perdido el amor de su vida.

La que volvió a casa. La que se enamoró otra vez.

La que se quedó demasiado tiempo. La que finalmente entendió que también podía irse.

Todas fui yo.

Y quizás por eso ya no miro hacia atrás con tristeza. Miro con ternura. Porque cada una de esas versiones hizo lo que pudo con lo que sabía en ese momento.

No puedo abrazar a la Cami que fui y decirle que todo va a salir bien. Pero sí puedo decirle algo que tardé muchos años en aprender: No tenés que hacer nada para merecer que alguien te elija.

No tenés que ser más paciente. Más comprensiva. Más hermosa. Más fácil de amar.

No tenés que quedarte donde constantemente te preguntás si sos suficiente. Y tampoco tenés que dejar de amar a alguien para decidir que ya no querés seguir.

A veces una persona puede haberte hecho muy feliz y, aun así, no ser la persona con la que debés quedarte.

A veces el amor existe. Y no alcanza.

A veces dos personas se quieren muchísimo y, sin embargo, quieren vidas diferentes. Y aceptar eso también es una forma de amor.

Pero esta vez, hacia una misma.

Hoy no sé qué va a pasar conmigo. Y, por primera vez, no necesito saberlo.

No sé si voy a volver a enamorarme. No sé quién va a llegar. No sé si algún día alguien va a hacerme cambiar todas las cosas que hoy creo sobre el amor.

Quizás sí. Quizás no.

Pero hay algo que sí sé. Si alguna vez llega alguien, quiero encontrarlo siendo yo. Sin dejarme a un costado para hacer espacio. Sin convertirme en quien creo que necesita. Sin tener que convencerlo de quedarse.

Quiero un amor que no me haga olvidarme de mí. Un amor que camine conmigo.

Y mientras tanto, estoy aprendiendo a querer la vida que tengo. Los días tranquilos. Las conversaciones que no buscan nada. Las risas inesperadas. Los cafés sola. Los amigos. Los proyectos. Las noches en las que vuelvo a casa y siento que no me falta nadie.

Porque quizás esa fue la gran sorpresa de toda esta historia: yo pensaba que estaba buscando a alguien para compartir mi vida.

Y terminé encontrándome a mí.

Después de todos ellos, yo.

Y no sé si este es el final.

Tal vez sea apenas el momento en que dejo de mirar las páginas que ya escribí y me animo, por fin, a tomar la lapicera.

Porque quizás la historia de mis amores que creía terminada… todavía no había empezado a escribirse.

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