Despertarás en otra vida
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CAPÍTULO 1
PAULA
D os caminos se bifurcan en el bosque.
Izquierda o derecha.
Elige. Porque, para bien o para mal, en esta vida casi todo va de tomar decisiones. A veces acertamos; otras, no tanto…
Debería ser fácil, pero me da la sensación de que he perdido la capacidad de pensar.
¿En qué maldito momento decidí salir sola por el bosque, en lugar de quedarme en casa con los demás?
Deben de estar tan a gustito con la chimenea encendida…
Y preocupados por mí, ¿no? Sobre todo Gael, que, en cuanto me retraso quince minutos por lo que sea, ya me está llamando para saber dónde estoy o si me ha pasado algo.
¿Cuántas horas han pasado desde que he salido?
Ahora ya es demasiado tarde para arrepentirme, pero desearía dar marcha atrás en el tiempo y tomar una decisión más inteligente.
Tendría que haberle hecho caso a Gael y quedarme en casa, pero es que estaban de un muermo.
.. ¿Será la edad? La reunión anual en honor a Valeria es cada vez más absurda, aburrida e insoportable.
Me estaba asfixiando. Yo no quería venir.
Se lo dije a Gael: «No quiero ir». Porque no soporto escuchar ni una sola vez más lo buena que era Valeria.
Ellos no tienen ni idea de cómo era en realidad.
Pero en fin, aquí estamos…
Llevo caminando… ¿dos, tres, cuatro horas?
Uff.
Me veo incapaz de dar un solo paso más y me muero de frío. Mis piernas empiezan a flaquear y siento que el corazón se me va a congelar.
Izquierda o derecha, izquierda o derecha…
Llevo un buen rato aquí, pensando en qué camino tomar, porque cualquier error podría llevarme hasta el barranco que no quiero pisar ni en sueños.
¿Cómo saber cuál es el camino correcto de regreso a casa?
Está todo tan oscuro… La niebla lo envuelve todo, poco a poco ha ido ganando terreno y parece haberse tragado el bosque entero.
Estoy sin batería en el móvil, aunque dudo que en este paraje rodeado de árboles susurrantes bailando al son del viento, haya cobertura.
A mi derecha, distingo el contorno difuso de una cabaña destartalada a la orilla de un río salpicado de hojas.
Derecha o izquierda, izquierda o derecha…
¡Decídete ya!
Vuelvo a dirigir la mirada en dirección a la cabaña, porque acabo de oír un ruido.
Algo se ha movido, lo he visto con el rabillo del ojo.
Hay alguien (o algo) ahí. Y ha reparado en mi presencia.
Genial, ahora llega el momento en que me ataca un oso.
¿Hay osos en esta zona? ¿Lobos? ¿Seres sobrenaturales? Venga ya… se me está yendo la cabeza.
—¿Hola? ¿Hola? Me he desorientado… —le digo dubitativa a la sombra que parece estar observándome, y no parece un oso ni un lobo ni un ser sobrenatural, sino una mujer.
Es una mujer encorvada a la que no soy capaz de verle la cara—.
¿Hola? —insisto, pero no hay respuesta, lo cual me genera muy mal rollo porque sé dónde estoy, yo solita me he metido en este lugar digno de película de terror.
No es la primera vez que vengo a Oturia, aunque sí es la primera vez en siete años que me he atrevido a salir sola por puro aburrimiento, y por esta zona corren unas leyendas de lo más extrañas.
Nunca he creído en ellas, no son más que cuentos para asustar, pero sé lo que he visto. Y no pinta bien.
Avanzo un paso, y otro más… está tan oscuro que el número de estrellas se quintuplica en el cielo.
Una corriente gélida me empuja hacia atrás antes de que me decante por el camino de la izquierda en el momento en que, a lo lejos, empiezan a repicar unas campanas.
Corro lo más rápido que puedo a través de la niebla esperando que mi elección sea la correcta, no acabar en el barranco, y que a la mujer que me ha parecido ver no le dé por seguirme.
Será una loca, que de eso hay mucho en tierra de nadie.
Sea lo que sea lo que haya visto junto a la cabaña, no me ha gustado un pelo, así que sigo adelante con el repique de las campanas sonando de fondo, hasta que noto una mano en mi espalda.
Me quedo paralizada, en shock.
Estoy muerta de miedo. Noto unas punzadas en las sienes.
El viento me corta la piel del rostro. Empiezo a hiperventilar y unos puntos negros estallan en mi campo de visión.
No me puedo mover y mucho menos girarme o defenderme.
Mis pies parecen haber criado raíces en la tierra, hasta que la mano helada que sigue posada en mi espalda me empuja con violencia, con una fuerza que no es de este mundo, haciéndome caer hacia delante.
Mi cabeza impacta y rebota contra una piedra.
Y todo se vuelve oscuro.