Capítulo 18
Los primeros días no se sintieron como libertad.
Se sintieron… vacíos.
No había mensajes.No había bloqueos.No había nada.
Y eso, lejos de tranquilizarme,
me dejaba sin una referencia clara.
No sabía cómo acomodarme en ese espacio.
No había ansiedad constante.
Pero tampoco había alivio.
Así que hice lo que parecía lógico.
Seguí.
Intenté construir algo distinto.
No porque lo hubiera superado.
Porque necesitaba salir.
Salir del espacio que había creado alrededor de él.
De ella.
De nosotros.
En algún punto, todo había empezado a girar ahí.
Y ya no sabía cómo existía fuera de eso.
Así que empecé a moverme.
A conocer personas.
A aceptar salidas.
A responder mensajes que antes ignoraba.
No buscando algo específico.
Buscando aire.
Durante un tiempo pensé que estaba funcionando.
Podía estar con otros.
Reír.
Conversar.
Incluso involucrarme lo suficientecomo para que pareciera real.
Pero nunca lo era del todo.
Había algo que no terminaba de encajar.
Podía entregarme físicamente.
Pero mi cuerpo no era el problema.
Era todo lo demás.
No lograba quedarme.
No lograba conectar de la forma en la que sabía que podía hacerlo.
Me gustaban.
Algunos más que otros.
Pero no me importaban.
No de verdad.
Y eso me incomodaba más de lo que quería admitir.
Porque sabía que no tenía que ver con ellos.
Tenía que ver conmigo.
No lo extrañaba a él…
extrañaba cómo me sentía siendo suya sin serlo.
Esa intensidad.
Esa tensión constante.
Esa forma en la que todo parecía importar.
Incluso cuando dolía.
Porque fuera de eso…
todo era más simple.
Más fácil.
Pero también más plano.
Intenté no compararlos.
De verdad lo intenté.
Pero ocurría sin esfuerzo.
En silencios pequeños.
En miradas.
En detalles que no despertaban nada.
Y entonces me daba cuenta.
No los estaba viendo a ellos.
Seguía viéndolo a él en todos.
Lo intenté con otros…
pero seguía llevándolo a todos.
Eso los volvía injustos.
Porque nadie estaba haciendo nada mal.
Pero nada se sentía igual.
Hubo momentos en los que pensé que estaba avanzando.
Salidas constantes.
Viajes.
Planes con amigos.
Un ritmo que no dejaba mucho espacio para pensar.
Pero al final del día,
cuando todo terminaba,
la sensación volvía.
No con la misma intensidad.
Pero suficiente para recordarme
que no había cambiado tanto como creía.
Fue ahí cuando entendí algo.
No lo estaba superando.
Solo me estaba moviendo.
Llenando espacios.
Evitando quedarme quieta el tiempo suficientecomo para tener que enfrentarlo.
No lo superé…
lo distribuí en otras personas.
Un poco en cada conversación.Un poco en cada salida.Un poco en cada intento.
Pero nunca desaparecía del todo.
Y en medio de todo eso,
intenté recuperar algo propio.
Compré un vehículo de monteo.
Quería moverme.
Salir.
No depender de nadie.
Y lo hice.
Rutas.
Caminos.
Actividades que no tenían nada que ver con él.
Espacios donde no estaba.
Pero incluso ahí…
no me sentía completamente presente.
Había momentos en los que estaba rodeada de personas
y aun así me sentía sola.
No porque no hubiera nadie.
Sino porque no lograba estar del todo.
Participaba.
Sonreía.
Respondía.
Pero una parte de mí se quedaba al margen.
Observando.
Como si fuera más fácil mirar desde afueraque involucrarme de verdad.
Y cuando eso pasaba,
hacía lo que mejor sabía hacer.
Tomar fotos.
Buscar detalles.
Ángulos.
Luz.
Enfocarme en algo que no fuera lo que estaba sintiendo.
Como si pudiera esconderme detrás de la cámara.
Como si desde ahí fuera más fácil sostener el momentosin tener que habitarlo por completo.
Porque lo que realmente quería
no era estar ahí.
Era estar con él.
Y eso no cambiaba.
Incluso cuando intentaba convencerme de que sí.
A veces pensaba en todo lo que había dado.
Tiempo.
Espacio.
Atención.
Pequeños gestos que habían construido algoque solo existía desde mi lado.
No recordaba realmente qué había recibido.
No cosas.
No decisiones claras.
Quizás momentos.
Y, aun así, me parecían suficientes.
Eso era lo más difícil.
No la dinámica.
Sino mi forma de sostenerla.
Porque incluso viendo todo con más claridad,
seguía eligiendo quedarme en algoque no me incluía por completo.
Y aunque intentara salir,
aunque conociera a otros,
aunque llenara mis días,
había algo que no se movía.
Yo.
Seguía en el mismo punto.
Solo que ahoracon más distancia para disimularlo.