Desde mis sombras Capítulo 12 #3
63%

Capítulo 12 #3

Una dificultad para creer que alguien pudiera elegir quedarse cuando también tenía la libertad de marcharse. La ironía es que nunca sentí que Axel me engañara a mí.

Al menos no de la forma en que la mayoría de las personas imaginarían.

Yo conocía la verdad.

Desde el principio.

Sabía quién era.

Sabía dónde vivía.

Sabía que existía Amelia.

Sabía cuáles eran los límites.

Y también sabía cuáles eran las consecuencias.

Por eso nunca permanecí por confusión.

Ni por omisiones.

Ni por falsas promesas.

Permanecí porque elegí hacerlo.

Una y otra vez.

Lo que sí comenzó a cambiar con los años fue su forma de mirar a los demás.

Como si la confianza se hubiera convertido en un recurso limitado.

Como si cada persona ocultara algo.

Como si toda historia tuviera una versión visible y otra que permanecía escondida.

Y quizás era inevitable.

Porque después de tanto tiempo viviendo entre dos mundos, terminó asumiendo que todos hacían lo mismo.

Capítulo 13

Posiblemente por eso, cuando años después comenzamos a compartir espacios los tres, aprendí a dividirme.

A mostrar únicamente ciertas partes de mí.A guardar otras.

A construir una versión más tranquila de lo que sentía.

Al menos frente a ella.

No porque Amelia sospechara.Ni porque hiciera preguntas incómodas.

Todo lo contrario.

Era amable.Generosa.

Y quizás eso lo hacía más difícil.

Porque durante mucho tiempo había sido fácil pensar en ella como una figura lejana.Una presencia abstracta.Una parte inevitable de la historia.

Pero las personas dejan de ser conceptos cuando empiezas a conocerlas.

Y entonces aparecen maticesque lo complican todo.

Creo que por eso comenzaron los regalos.Las atenciones.Los detalles.

No porque intentara comprar tranquilidad.Ni porque creyera que eso equilibraba algo.

Simplemente era la única forma que encontré de convivir con una contradicción que no sabía resolver.

Una parte de mí quería que le agradara.Otra quería compensar algo que ni siquiera sabía cómo nombrar.

Y otra fingía que nada de aquello estaba ocurriendo.

Con el tiempo me volví experta en esconder ciertas emociones.

En sonreír cuando correspondía.En conversar con naturalidad.

En actuar como si el hombre que estaba sentado a unos metrosno ocupara un espacio mucho más grande dentro de mi vida.

Porque si algo aprendí durante aquellos añosfue que algunas historias necesitan más de una máscara para sobrevivir.

Durante mucho tiempo fue fácil.

No porque la situación lo fuera.Sino porque Amelia era una idea.

Una fotografía eliminada.Un nombre ocasional.Una presencia fuera de los límites de mi vida.

Y las ideas son sencillas.Las personas no.

Todo cambió cuando empezó a ser alguien real.

Cuando compartimos conversaciones.Cuando escuché sus historias.Cuando la vi reír.

Cuando dejó de ser “la esposa”para convertirse simplemente en Amelia.

Porque las personas dejan de ser obstáculos cuando empiezas a conocerlas.

Se vuelven humanas.

Y entonces aparecen problemas que antes no existían.

Durante años pensé que el conflicto era Axel.

Después entendí que también era yo.

Mi capacidad para sostener emociones contradictorias.Para querer a alguienmientras aprendía a apreciar a otra personaque, en teoría, debía ocupar el lugar opuesto en la historia.

Creo que por eso siguieron los regalos.

No porque intentara compensar nada.Ni porque creyera que equilibraban algo.

Simplemente era más fácil regalarque explicar lo que sentía.

Porque una parte de mí amaba a Axel.Y otra comenzaba a encariñarse con Amelia.

Y ninguna sabía qué hacer con eso.

Nunca la vi como rival.

Era simplemente una mujer al otro ladode una historia demasiado complicada.

Con el tiempo, los recuerdos empezaron a mezclarse.

Conversaciones.Viajes.Reuniones.

Y en algún punto, compartir espacios los tresdejó de parecer extraño.

Simplemente pasó.

Los regalos se quedaron.

Pequeños.Sin peso.

Algún detalle.Una cosa que me recordaba una conversación.Algo que podía gustarle.

Excusas simplespara sostener algo que no sabía explicar.

Así que sonreía.Conversaba.Entregaba regalos.

Y fingía que era más simple de lo que realmente era.

Con el tiempo entendí algo más.

Durante años pensé en Amelia y en mí como dos mundos separados.

Pero nunca lo fuimos.

Axel no vivía dos vidas distintas.

Vivía una sola.

Fragmentada.

Historias que empezaban en un ladoy terminaban en otro.

Y por eso, cuando empecé a compartir más espacios con ella, algunas cosas dejaron de sorprenderme.

Reconocía anécdotas.Lugares.Rutinas.

Fragmentos de una vida que hasta entonces solo había imaginado.

A veces se sentía extraño.

Como observar dos versiones de la misma historia.

Porque el hombre que yo conocía estaba ahí.

Y también el que ella conocía.

Durante mucho tiempo intenté decidir cuál era el real.

Después entendí que ambos lo eran.

Y quizás esa fue la parte más difícil.

Aceptarque ninguna de las dos vivía una ilusión.

Solo conocíamos partes distintasde la misma persona.

Ninguna tenía la historia completa.

Tal vez por eso los regalos empezaron a tener sentido.

Porque dejé de verla como alguien al otro lado de una frontera.

Y empecé a verla como otra personaintentando comprenderal mismo hombre que yo creía conocer.