Descenso por las paredes CASO DE LOS GREEN
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CASO DE LOS GREEN

¿OTRO MISTERIO SIN RESOLVER?

Por Raphael Brigde.

A más de dos meses del terremoto que devastó Tail, las autoridades continúan sin hallar algún residente del pueblo, ni tampoco los cuerpos de Sadie Morton ni de sus hijos.

La ausencia de restos humanos en una zona que fue exhaustivamente rastreada ha desconcertado tanto a los investigadores como a los familiares de las víctimas.

William Kerr, alguacil involucrado en las tareas de búsqueda, describió la situación como anómala:

«Es como si simplemente hubieran desaparecido. Revisamos cada rincón de las ruinas. No hay rastros de arrastre, ni señales de que los cuerpos hayan sido desplazados por el colapso o por animales. No hay nada. Absolutamente nada.»

Equipos especializados en antropología forense han sido desplegados en el área, empleando tecnología de detección subterránea y análisis del terreno.

Hasta el momento, no se ha recuperado ningún resto que permita confirmar la presencia de las víctimas en el lugar.

Este silencio material ha llevado a algunos investigadores a considerar una hipótesis inquietante: la posibilidad de que los cuerpos nunca hayan estado allí. Kerr añadió:

«Lo único que puedo decir es que este caso es como ninguno que haya visto en mi carrera, si todo eso se fue al diablo… creo que fue por algo.»

La hija menor de la familia Green, Anais, continúa figurando oficialmente como desaparecida…

16 de marzo de 2006 (p. 25):

BONANZA

EL TESTIMONIO DESGARRADOR DE SU MADRE

Por Rosie Rook.

Margaret Anderson, madre de Eva Anderson Shelley, rompió el silencio esta semana para hablar sobre la desaparición de su hija durante los acontecimientos de Tail.

En una entrevista exclusiva, Anderson relató los últimos días previos al desastre, marcados —según sus palabras— por una profunda tristeza y confusión que han marcado los últimos meses.

«Eva era una mujer fuerte y dedicada. Siempre me decía que quería ser escritora como Jonnathan, pero jamás imaginé que ese sueño la llevaría a un lugar tan oscuro. Me cuesta aceptar que fue allí por voluntad propia. Algo estaba mal desde el principio.

La última noche que pasó en Bonanza me dijo que no podía dormir, que solo los veía. Hablaba de algo enorme y obsesivo.»

Anderson también se refirió a la relación entre su hija y Jonnathan Green, sobre la cual persisten numerosas incógnitas:

«No sé qué vínculo tenían realmente ellos dos. Solo sé que Eva estaba atrapada en algo que no entendía. La última vez que hablamos fue el mismo día del terremoto. Sonaba agotada, como si se estuviera despidiendo. Me dijo: “mamá, si algo pasa, por favor no intentes entenderlo, te amo”.

¿Qué demonios significa eso?.»

La desaparición de Eva Anderson Shelley sigue siendo uno de los aspectos más desconcertantes del caso de Tail.

Su madre ha solicitado públicamente que las autoridades continúen con la investigación y ofrezcan respuestas, mientras el silencio alrededor del caso se convierte en una herida abierta para la comunidad de Bonanza…

Los cinco recortes aquí reunidos provienen de archivos policiales y hemerográficos. Los cuales han sido tratados y recolectados con el mayor respeto posible hacia las víctimas, destacando su relevancia para esclarecer los eventos relacionados con Jonnathan Green.

Este informe no pretende trivializar los hechos ni capitalizar el dolor ajeno.

El manuscrito —sin título asignado por su autor— fue depositado en The Times, Times por las autoridades de Iowa tras un prolongado proceso administrativo.

Nos hemos encargado de corregirlo y organizarlo cronológicamente en la medida de lo posible.

Jonnathan Green fue, en muchos aspectos, un prototipo de grandeza y dedicación que captó la atención de numerosos medios desde el momento de la publicación de su primer Bestseller, Un rostro conocido entre la multitud.

Más tarde, su obra premiada Ella, su vida, mi vida lo consagró como un escritor de renombre, y un año después, la misma fue llevada al cine por el prestigioso director Justin Peerage, que solo remarcó su grandeza y aceptación por los más grandes expertos.

El estilo de Green, poético, audaz e incluso inmoral en ciertos pasajes, estaba marcado principalmente por la crítica social, a menudo expresada a través de un profundo simbolismo.

Mark Martin (editor, corregidor, amigo cercano del autor y también escritor), expresó en una entrevista con el New York Times poco antes de su desaparición:

«Jonnathan podía ser irrelevante, terco y algo egocéntrico; supongo que todo artista lo es. No es sorprendente que sus libros se vendieran. Pero yo no creo que él haya asesinado a su familia. Los amaba, amaba a Sadie tanto como amaba escribir, e incluso más.»

… «Lo siento, desconozco por completo la relación que tuvo él con Eva Anderson Shelley, desde que se fue a vivir a Tail, dejamos de hablar.»

Estas declaraciones fueron realizadas diez días antes de la desaparición de Mark Martin, un hecho que incrementó más la atención mediática en todo el país. Por lo tanto, es necesario recalcar lo siguiente:

El manuscrito que a continuación se presenta perteneció al escritor Jonnathan Green.

La forma en que se describe la muerte de su familia podría corresponder a un desorden mental del propio autor, quien pudo haber ordenado los hechos de acuerdo con su propia percepción de la realidad antes de su suicidio, justificándose.

La manera en que estos papeles fueron organizados y recolectados en el motel donde fue encontrado el cadáver de Green, es, en muchos sentidos, perturbadora.

Se recomienda discreción a los lectores.

La mayoría de los elementos superfluos han sido eliminados, por lo que el texto puede parecer desconcertante en ciertos puntos, careciendo de la coherencia necesaria para justificar plenamente el daño causado.

Cabe señalar que, a lo largo del manuscrito, no se encuentra ninguna declaración explícita sobre el asesinato de Anais Morton Green.

—Yo era como ella, marginado, inculto y sospechosamente romántico —murmuró Dorian—. Yo era como ella… sí.

—¿Fue eso lo que te hizo amarla? —Quiso saber ella.

—Era la miseria de ambos. Eso me hacía volverme un enfermo aun cuando sabía que no debía hablar más de la cuenta. Era mi vicio. Ella era mi vicio.

Ella, su vida, mi vida. Jonnathan Green.

Mi abuelo solía decir que el hogar era todo lo que teníamos, aunque a menudo era poco.

Decía que mentir, a veces, era necesario; que llorar no era una debilidad, sino humanidad.

Yo lo veía, era algo que pasaba. Me decía que yo podía ser libre, aunque no entendiera cómo.

Me aseguraba que el tiempo se iba, y que, cuando muriéramos, nada de esto importaría.

Pero también decía que yo era infeliz. Que los demonios que se arrastraban por mi mente eran como sombras que él no podía ahuyentar.

Tal vez, era, porque esos demonios eran también los suyos.

Lo que queda de un hogar. Jonnathan Green.

Me encontraba mal, pensativo, lacónico y desgastado.

En lo único que solía pensar era en el rostro de ella, y no era belleza lo que evocaba, sino una suerte de hechizo viejo, como si me hubieran tatuado su forma en la memoria, con sangre, con sueño.

Imposible de olvidar. Quería soñar con ella todo el tiempo, dormir solo para buscarla.

Incluso —creo— dejé de respirar algunas noches, esperando, sin saberlo, que la marea turbia de mi cabeza se alejara, que me dejara vacío, limpio de ella.

Pero no. Porque pensar en nada es imposible cuando se ha amado.

Y creo que la amé, incluso sabiendo que yo no era una gran persona.

Me rogaba en la oscuridad que todo fuera apenas una maldad infantil, un error, que no era injusto…

pero vivía la vida que nunca quise, la vida que, en algún rincón depravado de mí, tal vez, necesitaba.

Solo la necesitaba a ella en mis sueños.

Porque en la realidad… ella ya estaba muerta.

La Danza. Jonnathan Green.