Capítulo 14
El día siguiente
Aiden estaba en su habitación, de pie, justo detrás de la puerta.
Su mano llevaba reposando en el pomo casi diez minutos, pero no se atrevía a realizar el movimiento.
Se había pasado la noche dando vueltas, con el corazón latiéndole a toda velocidad, en una espiral de sentimientos que no era capaz de controlar.
Había pasado por muchas emociones: arrepentimiento, rabia, ira, anhelo… y todavía se sentía confuso.
Suspiró y apoyó la frente sobre la puerta. Aún no se lo había contado a su compañero de piso, aunque ya se hacía una idea de lo que le diría.
—Mierda —resopló una vez más antes de armarse de un valor que no tenía y salir al salón.
Thiago estaba tirado en el sofá con ropa cómoda. Tenía una serie puesta de fondo en la tele y estaba chateando con alguien a través de la aplicación de mensajes mientras bebía un zumo.
—Ey —dijo pausando el juego e incorporándose un poco. Se movió hasta el extremo del sillón, dejándole espacio suficiente para que se pudiera sentar, y apoyó la espalda contra el reposabrazos.
Aiden se dejó caer en el medio y cerró los ojos tan pronto como su cabeza tocó el respaldo del asiento.
—Le confesé a Rian que estuve enamorado de él —dijo de repente sin pensárselo dos veces.
Tenía los ojos cerrados, pero los abrió al escuchar como Thiago se atragantaba con el zumo que estaba bebiendo y empezaba a toser de forma exagerada.
Cuando se calmó, un par de segundos después, sus miradas se encontraron y su cara era el más fiel reflejo de la sorpresa: la boca entreabierta y las cejas levantadas.
—Eso no lo vi venir —confesó mientras una pequeña sonrisa le tiraba de las comisuras de los labios—. Me has sorprendido, te felicito. Pensé que ya te conocía lo suficiente para predecir todos tus movimientos. Esto… No tengo palabras. —Estaba divertido y Aiden solo podía fulminarlo con la mirada.
Aiden se levantó como un resorte. Se llevó las manos a la cabeza y enroscó los dedos entre los mechones de pelo. Dio un par de pasos por el salón, intentando tranquilizarse. No sabía cómo hacerlo.
—¡Es una mierda! —explotó—. Se fue, me abandonó, me rompió el corazón de todas las formas posibles.
Lo pasé tan mal por su culpa, me hizo sentir tantas cosas horribles…
Y ahora me viene con un montón de tonterías, dándome a entender que no me ha olvidado, que siempre fui importante para él.
—Aiden hizo una pequeña pausa para coger aire y se giró, mirando a su amigo que lo observaba con preocupación—.
Que se fue por mí, ¿te lo puedes creer? Porque yo no y solo pensaba en partirle la cara, te lo juro.
Lo tenía agarrado por la camiseta, contra la pared, y mi puño hormigueaba con la sola idea de dejarle un ojo morado.
Tuve que hacer uso de mi fuerza de voluntad para no hacerlo.
No paraba de repetirme a mí mismo que no merecía la pena.
Que ya lo tenía olvidado. Que yo estaba por encima de todo aquello.
—Dejó que el aire le saliera de los pulmones y se dejó caer sobre las rodillas—. Pero él se mostró tan vulnerable y…
Aiden negó con la cabeza mientras dos lágrimas de pura frustración le caían por las mejillas. Estaba sintiendo muchas cosas, viejas heridas que nunca habían terminado de cicatrizar.
—¿Y…? —preguntó Thiago con tacto, intentando que su amigo terminase la frase.
Aiden levantó la vista y con esa mirada supo que su compañero ya lo sabía. Su vínculo no era tan fuerte, aunque el mago era listo.
—Y me sentí exactamente igual que hace dos años —confesó.
….
Había pasado un rato y habían movido la reunión a la cocina. Estaban sentados en la mesa, cada uno delante de un plato lleno de lasaña y ninguno estaba comiendo con mucho entusiasmo.
Aiden llevaba un rato callado. Ya casi no lloraba, solo se sorbía los mocos de vez en cuando y se pasaba las manos por la cara limpiando los restos de humedad. Había muchos sentimientos contradictorios en su interior y no se veía capaz de definir con claridad ninguno de ellos.
—Es normal que estés confuso. Rian fue importante para ti —intentó consolarlo Thiago, sin muchos resultados.
Aiden tenía el ceño fruncido y no parecía conforme con lo que le estaban diciendo, pero estaba seguro de que no sería diferente, aunque le estuviese diciendo lo contrario. Era un caos.
—Me da igual —protestó, molesto—, yo no quiero tener estos sentimientos. Ha pasado el tiempo suficiente, debería haberlo superado. —Eso era lo que más le molestaba—. Soy estúpido.
Thiago resopló.
—Rian es una etapa de tu vida que nunca has podido cerrar. Ahora tienes la oportunidad de hacer las cosas a tu manera: puedes perdonarlo y que vuelva a ser alguien especial para ti, o puedes olvidarlo y seguir adelante.
—¿Y por qué tengo que decidir entre esas dos opciones? Igual no quiero perdonarle, o no puedo olvidarle. Quizás le estamos dando demasiadas vueltas y el lunes ya no estará. Quizás me haya vuelto a dejar una nota. —Su voz estaba cargada de resentimiento.
—¿Tú qué quieres?
—No lo sé —confesó Aiden—. No sé nada desde que le vi.
Ha roto por completo el control que tenía sobre mi vida.
Ha puesto todo patas arriba y me jode admitirlo.
Odio el poder que tiene sobre mí, me hace sentir débil.
Me hace ver que en este tiempo no he avanzado nada.
Que sigo siendo el mismo imbécil que le va detrás todo el tiempo.
Que haga lo que haga le perdonaré. Que diga lo que diga haré oídos sordos.
No quiero ser más esa persona, no quiero volver allí —Aiden hizo una pausa y dejó la mirada perdida enfocada hacia el exterior.
—Lo superarás. Eres fuerte. Ya lo has hecho antes.
Aiden negó con la cabeza y suspiró.
—Dices que soy fuerte, pero, si lo soy, ¿por qué siento que estoy a punto de romperme?