Derechos y Sangre EPÍLOGO
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EPÍLOGO

El FBI dictó una orden de detención contra ella después de que, tal y como había previsto, fuera acusada de fraude contable a gran escala y malversación de fondos en Vaxenda Pharmaceutical.

Entre eso, y la noticia de que iban a perder los contratos que tenían con la sanidad pública en ciertos países del tercer mundo, Vaxenda entró en suspensión de pagos.

Me gustaría pensar, aunque solo sea para que una persona menos haga desperdicie su vida de forma insensata, que la historia de Nanette servirá de advertencia a esta joven, pero no lo tengo muy claro.

Al recibirme en la puerta principal de la casa —no, de la mansión — de La Jolla donde ella y su madre vivían, me saludó secamente y aceptó sin muchos comentarios los recuerdos que le había prometido devolverle.

No sé si volverá a ver a su madre alguna vez, pero, aunque no lo haga, ya ha aprendido a mostrar esa reserva de acero que caracterizaba a su madre, y quizás a su tatarabuela.

Habiendo hecho una copia para mí y tras mucho debate interno, también le entregué el pergamino original que, en esencia, declaraba a su madre legítima reina de Francia.

No sé qué piensa hacer con él, si es que piensa hacer algo.

El exmarido y la hija de Olin no se ofrecieron a reembolsarme ninguno de mis gastos (si es que, claro está, tenían acceso a los activos de ella) y, de todos modos, no podía facturar a una chica de quince años por servicios contratados por su madre; durante mi ausencia se habían acumulado más facturas en mi buzón, y estaba claro que la gran recompensa que esperaba al final de este proyecto nunca iba a materializarse.

Sintiéndome cada vez más como un perdedor, en octubre finalmente me decidí a vender mis acciones.

Ahí acabó mi propósito juvenil de invertir como una persona seria.

Podría haber sido peor: al menos no poseía acciones de Vaxenda.

Ya habría sido rizar el rizo, dado que todas las acciones de Etherteq sobre las que había ejercido una opción de compra durante mi tiempo con ellos perdieron todo su valor cuando quebraron.

Pero como esa cartera había sido un intento poco habitual de madurez por mi yo veinteañero, me costaba mucho desprenderme de todas esas acciones de Enron y WorldCom.

Y un buen día, tras haber pagado todas las facturas y cuando la vida parecía haber vuelto a algo que se podría calificar de normal, cogí el teléfono y marqué el número de Txell en Barcelona. Un futuro es la única cura para el pasado.

[MH1]