DENASIADO PELIGROSO (DEMASIADO PELIGROSO nº 6) Capítulo 13 – Sombras del Pasado
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Capítulo 13 – Sombras del Pasado

La oscuridad envolvió la habitación.

Nadie se movió.

Valeria sintió la mano de Adrián rozar la suya por un instante.

No para detenerla.

Solo para asegurarse de que seguía allí.

La voz volvió a escucharse.

—No enciendan las luces.

Todavía no.

Un foco tenue iluminó el extremo de la sala.

Vivian salió lentamente de las sombras.

Era mayor de lo que Valeria imaginaba.

Su rostro mostraba el cansancio de quien había vivido demasiados años escondiéndose.

Pero sus ojos permanecían firmes.

No había miedo.

Solo una profunda tristeza.

Adrián dio un paso al frente.

—Estás viva.

Vivian sonrió con amargura.

—Ese siempre fue el problema.

Todos necesitaban creer que estaba muerta.

Durante unos segundos, nadie habló.

El peso de doce años de preguntas llenó el silencio.

Fue Valeria quien lo rompió.

—¿Por qué nos hiciste creer que eras una traidora?

Vivian bajó la mirada.

—Porque era la única historia que mantenía a otros con vida.

Se acercó a la caja de madera.

Acarició una de las cintas de video.

—Cada secreto tiene un precio.

Yo elegí pagarlo sola.

Adrián frunció el ceño.

—Mi madre escribió que cumpliste una promesa.

Vivian cerró los ojos.

—Se la hice la noche en que Ravens Hill ardió.

Prometí que protegería la verdad... incluso si todos terminaban odiándome.

Valeria observó las cintas.

Cada una parecía contener una parte de su vida.

—¿Qué hay en ellas?

Vivian respondió sin rodeos.

—Recuerdos.

No los que conservas.

Los que te ocultaron.

El corazón de Valeria se aceleró.

—¿Quién me los ocultó?

Vivian levantó lentamente la vista.

—No fue una sola persona.

Fue una decisión compartida.

Alexander.

Eleanor.

Tomás.

Y...

Hizo una pausa.

Adrián sintió que el aire desaparecía de sus pulmones.

—...tu padre.

El silencio cayó como un golpe.

Valeria retrocedió un paso.

—No.

Vivian no insistió.

Sabía que ninguna explicación sería suficiente en ese instante.

Adrián tomó la primera cinta.

—Ya basta de medias verdades.

La introdujo en el reproductor.

La imagen apareció lentamente.

Era una grabación casera.

Un jardín.

Dos niñas corrían entre los árboles.

Una era Valeria.

La otra...

Vivian.

Mucho más joven.

Reían.

Jugaban.

Se abrazaban como si fueran familia.

Valeria frunció el ceño.

No recordaba nada de aquello.

La grabación continuó.

Entonces apareció Eleanor.

Se agachó frente a ambas.

Sonreía.

—Prométanme que siempre se cuidarán.

Las niñas asintieron.

Después la imagen se volvió borrosa.

El video terminó.

Valeria permaneció inmóvil.

—Nunca viví eso.

Vivian la miró con tristeza.

—Sí lo viviste.

Solo te convencieron de que lo olvidaras.

Un golpe seco resonó sobre sus cabezas.

Después otro.

Adrián apagó el reproductor.

Alguien caminaba por el piso superior de la iglesia.

Vivian reaccionó de inmediato.

—Nos encontraron.

Sacó una pequeña llave de su bolsillo.

La colocó en las manos de Valeria.

—Si algo me ocurre, abre la última caja de seguridad de Eleanor.

—¿Dónde?

—Blackwood Manor.

Detrás del reloj detenido a las 9:17.

Valeria sintió un escalofrío.

El reloj.

Siempre el reloj.

Siempre la misma hora.

Adrián levantó la vista hacia la escalera.

Varias linternas atravesaban la oscuridad.

Voces.

Pasos.

Demasiados.

Vivian retrocedió.

—Escuchen con atención.

Russo no quiere esas cintas.

Quiere impedir que descubran quién inició realmente esta guerra.

Antes de que pudiera continuar, un disparo rompió el silencio.

El proyectil impactó contra una columna de piedra.

El polvo llenó la habitación.

Adrián tomó a Valeria del brazo y la cubrió detrás del piano.

Vivian desapareció entre las sombras del pasadizo lateral.

Una voz resonó desde la escalera.

Calmada.

Inconfundible.

—Se acabó el tiempo de esconderse.

Russo descendió lentamente.

Vestía de negro.

Sus pasos eran tranquilos.

Como si hubiera esperado ese encuentro durante años.

Miró directamente a Valeria.

Después a Adrián.

Y sonrió.

—Ha llegado el momento de contarles la única verdad que todos los demás tuvieron miedo de decirles.

El silencio volvió a apoderarse de la habitación.

Porque, por primera vez desde que comenzó aquella historia...

Era Russo quien estaba a punto de revelar el pasado.