VIVIAN
Dentro había una carta sin abrir.
El sobre estaba dirigido a Adrián.
Con la letra de Eleanor.
Él permaneció inmóvil.
—Nunca había visto esto.
Rompió el sello lentamente.
La carta decía:
"Adrián, si estás leyendo estas líneas, significa que ya no pude seguir ocultándolo. Habrá personas que te dirán que Vivian traicionó a nuestra familia. No aceptes esa versión sin buscar la verdad. A veces, el mayor acto de lealtad consiste en dejar que todos crean que fuiste el traidor."
Valeria sintió un escalofrío.
—Entonces... ¿Vivian se sacrificó por alguien?
Adrián dobló la carta con cuidado.
—O alguien la obligó a cargar con una culpa que nunca fue suya.
Esa misma tarde decidieron visitar el lugar de la fotografía.
La iglesia de los vitrales.
Estaba abandonada desde hacía décadas.
Las puertas permanecían abiertas.
Como si alguien los estuviera esperando.
El interior olía a incienso antiguo y piedra húmeda.
La luz atravesaba los cristales de colores, pintando el suelo con tonos rojos y azules.
La mesa de la fotografía seguía allí.
Pero Tomás ya no.
Solo encontraron un viejo grabador.
Adrián presionó el botón de reproducción.
La voz de Vivian llenó el templo.
—Si llegaron hasta aquí... significa que Russo ya rompió todas las reglas.
Valeria cerró los ojos.
Era la primera vez que escuchaba su voz.
Serena.
Firme.
—Durante años permití que me llamaran traidora.
Era la única forma de mantenerlos vivos.
Hubo una pausa.
Después continuó.
—Adrián... nunca dejé de cumplir la promesa que le hice a tu madre.
Y Valeria...
Hay algo que debes saber antes de encontrarme.
La grabación se interrumpió con un fuerte golpe.
Después se escuchó una respiración agitada.
Y una última frase.
—No confíes en los recuerdos que te entregaron.
Confía en los que intentaron quitarte.
El audio terminó.
Valeria permanecía inmóvil.
—¿Qué significa eso?
Adrián recorrió lentamente la iglesia con la mirada.
Había demasiadas preguntas.
Muy pocas respuestas.
Entonces descubrió algo.
Detrás del altar había una puerta entreabierta.
No aparecía en los planos del edificio.
Descendieron por una escalera de piedra.
Al final encontraron una pequeña habitación.
En el centro había un piano cubierto por una sábana.
Y, sobre él, una caja de madera.
Dentro descansaban varias cintas de video.
Todas etiquetadas con fechas.
La primera decía:
"Infancia de Valeria."
La segunda:
"Ravens Hill."
La tercera:
"La verdad sobre Vivian."
Valeria sintió que las manos le temblaban.
Había buscado respuestas durante años.
Ahora estaban frente a ella.
Pero tenía miedo de abrir aquella caja.
Porque comprendía algo que hasta entonces había ignorado.
No eran los secretos de Russo los que más podían destruirla.
Eran los de las personas que siempre había amado.
Antes de que Adrián pudiera tomar una de las cintas, todas las luces de la habitación se apagaron.
Una voz surgió desde la oscuridad.
Tranquila.
Muy cerca.
—Si ven esas grabaciones...
Ya no habrá forma de volver atrás.
Valeria contuvo la respiración.
Conocía aquella voz.
No era Russo.
No era Tomás.
Era Vivian.