DENASIADO PELIGROSO (DEMASIADO PELIGROSO nº 6) Capítulo 7 – La Línea que No Debíamos Cruzar
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Capítulo 7 – La Línea que No Debíamos Cruzar

El rey negro permanecía sobre el suelo.

Nadie lo había visto caer.

Nadie había visto a quien lo dejó allí.

Adrián lo recogió sin decir una palabra.

En la base había una inscripción.

"Primer movimiento completado."

Valeria sintió un escalofrío.

—No está reaccionando a lo que hacemos.

Está guiando cada paso.

Adrián guardó la pieza en el bolsillo.

—Entonces dejaremos de jugar según sus reglas.

Blackwood Manor.

Dos horas después.

La sala de reuniones se había convertido en un centro de operaciones.

Mapas.

Fotografías.

Cronologías.

Nombres unidos por hilos negros.

En el centro del tablero había tres palabras escritas con marcador rojo.

Eleanor. Vivian. Russo.

Tomás colocó una nueva carpeta sobre la mesa.

—Encontramos los registros del banco.

Adrián abrió el documento.

Solo una persona había accedido a la bóveda diecisiete durante los últimos doce años.

La firma hizo que el silencio se volviera absoluto.

Vivian Hale.

Valeria respiró hondo.

—Entonces está viva.

—O alguien utilizó su identidad —respondió Adrián.

Tomás negó con la cabeza.

—Las cámaras confirmaron el acceso.

Era ella.

Valeria salió al jardín buscando aire.

El amanecer apenas comenzaba a iluminar los árboles.

Escuchó la puerta abrirse detrás de ella.

Adrián se acercó despacio.

No dijo nada.

Durante unos segundos, solo compartieron el silencio.

—Estoy cansada de descubrir que toda mi vida fue construida sobre medias verdades —dijo ella.

—Yo también.

Valeria lo miró.

—La diferencia es que tú conocías parte de ellas.

Adrián aceptó el golpe sin defenderse.

—Sí.

—¿Cuántas más quedan?

Él sostuvo su mirada.

—No lo sé.

Y, por primera vez, Valeria creyó que decía la verdad.

No porque hubiera desaparecido la desconfianza.

Sino porque la incertidumbre también había alcanzado a Adrián.

Al otro lado de la ciudad, Russo observaba un viejo tablero de ajedrez.

Una pantalla mostraba imágenes en tiempo real de Blackwood Manor.

Un hombre permanecía de pie junto a la puerta.

—Ya están más unidos.

Russo sonrió.

—Eso era necesario.

—¿Necesario?

—Una alianza débil se rompe sola.

Una alianza fuerte duele mucho más cuando alguien la traiciona.

Movió una torre blanca.

—Es hora de la siguiente jugada.

Aquella misma tarde, Tomás recibió una llamada.

Contestó.

No habló.

Solo escuchó.

Su expresión cambió por completo.

Colgó lentamente.

Adrián lo observó.

—¿Qué ocurre?

Tomás tragó saliva.

—Encontraron el coche de Vivian.

—¿Dónde?

—En los acantilados de Gray Point.

—¿Está ella?

Tomás negó.

—Solo encontraron sangre.

Gray Point.

El viento golpeaba con fuerza el borde del acantilado.

Las olas rompían decenas de metros más abajo.

El automóvil permanecía abandonado.

La puerta del conductor estaba abierta.

Los peritos ya trabajaban alrededor.

Valeria caminó hasta el borde.

Algo llamó su atención.

Una cadena plateada colgaba entre las rocas.

La recogió.

Tenía un pequeño colgante.

Un reloj.

Detenido a las 9:17.

Dentro había una fotografía diminuta.

Eleanor.

Vivian.

Y un niño de unos diez años.

Valeria giró el colgante.

En la parte trasera había una inscripción.

"La familia no siempre nace de la sangre."

Adrián observó la imagen.

Nunca había visto a ese niño.

Pero había algo inquietantemente familiar en su rostro.

Antes de que pudiera decir una palabra, un agente se acercó corriendo.

—¡Señor Blackwood!

—¿Qué encontraron?

El agente le entregó una bolsa de pruebas.

Dentro había un teléfono móvil.

La pantalla seguía encendida.

Solo mostraba un video de pocos segundos.

Adrián lo reprodujo.

La imagen era inestable.

Alguien corría entre los árboles.

Se escuchaban disparos a lo lejos.

Después apareció Vivian, mirando directamente a la cámara.

Tenía el rostro cubierto de sangre.

Respiraba con dificultad.

—Si este mensaje llega a ustedes... significa que crucé la línea que nunca debimos cruzar.

Miró hacia atrás, aterrada.

Luego volvió a la cámara.

—No confíen en...

La grabación se interrumpió.

Pantalla negra.

Un segundo después apareció una única frase.

"Demasiado tarde."

Adrián levantó la vista hacia el bosque que rodeaba el acantilado.

Alguien los observaba.

No podía verlo.

Pero podía sentirlo.

Y comprendió que, desde ese instante, ya no estaban persiguiendo la verdad.

La verdad había empezado a perseguirlos.