Capítulo 5
—Era él, Cillian —le sostuve la mirada al director con toda la firmeza que pude desde el otro lado de su escritorio—. Me salvó. El Ryder que conocemos sigue ahí, debajo de la oscuridad.
La mirada del ángel se desvió hacia Logan, que estaba sentado en el apoyabrazos del sofá, con el ceño fruncido, mirando las llamas que bailaban en la chimenea.
—¿Logan?
—¿Mmm?
—¿Viste algo? —preguntó Cillian.
Él negó con la cabeza.
—Ojalá. Le habría dado una buena paliza a ese desgraciado y me lo habría traído de vuelta.
Volví a mirar al director al recordar lo que Logan me había contado antes.
—¿Y por qué no me dijiste que Ryder solo había matado a gente mala?
Cillian fulminó a la gárgola con una mirada helada y resopló.
—No quería que te hicieras ilusiones —dijo—. Y, aunque Logan tiene razón y sus víctimas eran gente poco recomendable, eso no justifica lo que ha hecho.
—Puede que no, pero eso quiere decir que una pequeña parte de Ryder sigue ahí, en algún rincón de su interior, y que aún es consciente de lo que hace —repliqué.
Me dejé caer en la silla frente al escritorio de Cillian—.
Ese demonio gorabora me habría arrancado la cabeza de un mordisco si Ryder no hubiera intervenido.
No lo habría hecho si ya no le importara.
Logan se levantó y empezó a pasearse delante de la chimenea.
—Hablando de los gorabora, ese ataque llevaba la firma de Luxora por todas partes. Mi equipo, junto con un montón de vampiros, hizo todo lo posible por contener los daños, pero es imposible evitar que esto acabe saliendo en los medios.
—Ya lo sé —Cillian se pasó los dedos por los rizos rubios, tirando un poco de las puntas—. El presidente ya me ha llamado. Va a dar un discurso especial en televisión esta noche.
—¿En serio?
Se me abrieron los ojos como platos. ¿Cómo iba a explicar algo así?
—Tiene que hacerlo —dijo Cillian, como leyéndome la mente—. Si no, la cosa solo irá a peor. Lo último que necesitamos es que cunda el pánico entre los humanos.
Alguien llamó a la puerta. Darby asomó la cabeza y los tres lo miramos.
—Calliope y el equipo están aquí para informar.
—Gracias, Darby. Hazlos pasar.
Calliope, Drake, Raine, Triston y el resto del escuadrón entraron en fila.
Todos se habían duchado y cambiado de ropa, y enseguida me di cuenta del aspecto que llevaba yo.
Después de traerlos de vuelta a la academia a través del portal, había ido directa al despacho de Cillian.
Los pantalones deportivos negros estaban llenos de sangre y vísceras de demonio, y una sustancia viscosa, asquerosa y de origen desconocido me cubría el pelo enmarañado.
Cillian se levantó y se acercó al escuadrón, que se había acomodado entre el sofá y las sillas.
—Buen trabajo hoy, equipo. Logan me ha pasado un informe rápido y parece que todo ha salido según lo previsto.
Logan se puso a su lado y les dedicó una sonrisa.
—Lo habéis hecho de lujo, chicos. No lo habríamos conseguido sin vosotros.
Y menos con la cantidad de demonios que había —añadió.
Luego hizo una pausa y apretó la mandíbula—.
Me preocupa que esto no haya hecho más que empezar.
Luxora cada vez se corta menos con sus ataques, y el mundo humano no tardará en darse cuenta de lo que está pasando.
—¿Y por qué no vamos a por ella? —solté, sin poder callarlo.
—¿Al Inframundo? —preguntó Drake.
—¿Y por qué no?
—Eh, porque es el Inframundo, mestiza —murmuró Raine—. Nadie baja allí así como así para plantarle cara a uno de los señores de la guerra.
—¿Entonces qué, nos quedamos de brazos cruzados esperando a que vuelva a atacar?
Raine me lanzó una mirada llena de odio.
— Tú eres la única a la que quiere muerta, así que ¿por qué íbamos a jugárnoslo todo por ti?
—Ya vale —Cillian dio un golpe en el escritorio—. Discutir entre nosotros no sirve de nada.
—Además, todos sabemos que Luna solo quiere bajar allí por Ryder.
Raine se cruzó de brazos y torció el gesto con desprecio. Di un paso al frente, pero un brazo se interpuso delante de mí y me frenó en seco.
—No le hagas caso —susurró Drake—. Solo quiere picarte.
Cillian carraspeó.
—En cualquier caso, Raine tiene razón en una cosa —dijo—. No podemos ir al Inframundo así como así a buscar a Luxora. Ese es su territorio y estará rodeada de guardias. Allí no tendríamos ninguna posibilidad de vencerla.
—Pero ella nunca viene a Azar ni al mundo humano —resoplé.
—Salvo por ti —dijo Drake, y los ojos color lila resplandecieron por un instante. Se volvió hacia Cillian y Logan—. ¿Y si usamos a la humana como cebo?
Ninguno de los dos dijo nada durante un buen rato.
—De todas formas, ¿por qué Luxora está obsesionada con atrapar a Luna? —preguntó Aeria.
Nadie más conocía la profecía del oráculo oscuro. Ni siquiera nosotros sabíamos los detalles; solo que existía y que había sido suficiente para asustar al señor oscuro del Inframundo.
Crucé la mirada con Cillian y él asintió. Había llegado el momento de contar toda la verdad. Me giré hacia mi equipo, que, ante todo, eran mis amigos, y reuní el valor para hablar.
—Seguro que más de uno os preguntáis qué pinta una mestiza humana en la Academia Darkhen —empecé—. Llevo tiempo queriendo contaros esto, pero Cillian y Ryder pensaron que, por seguridad, era mejor que no lo supierais. Ya no tiene sentido seguir ocultándolo.
Hice una pausa. Estaba nerviosa y no sabía bien cómo afrontar aquello.
—Lo que Luna está a punto de contaros no debe salir de aquí —dijo Cillian, antes de que continuara hablando. Sus brillantes ojos azules recorrieron uno a uno a los miembros del equipo y se paró en una persona en particular—. Raine, ¿vamos a tener algún problema?
Ella puso los ojos en blanco.
—No.
—Este secreto no es solo de Luna. Tiene que ver con el presidente de los Estados Unidos.
Mis compañeros abrieron mucho los ojos. Algunos fruncieron el ceño y otros se quedaron boquiabiertos. Solo Drake mantuvo la misma expresión imperturbable de siempre.
—Mi padre es un brujo de alto rango, como ya os conté —seguí hablando—. Puede que a alguno os suene: Garrix, el brujo supremo del Consejo del Aquelarre.
La boca de Raine se abrió en una O perfecta, literalmente, y sus ojos verde musgo brillaron.
—Y eso no es todo. También es el presidente de Estados Unidos.
—¿Qué? —preguntó Scarlett.
—Garrix puede adoptar otros cuerpos —murmuró Raine. Abrió los ojos de par en par al encajar las piezas—. Por todos los dioses… El presidente es un supe.
Un murmullo de sorpresa recorrió la sala. Ni siquiera Calliope lo sabía.
—Por eso os lo hemos ocultado tanto tiempo —intervino Cillian—.
Solo unas pocas personas conocen la naturaleza del presidente Lazaris, y debe seguir siendo así.
Todo por lo que el presidente y la Asamblea de Etrian han luchado con tanto empeño se vendría abajo si se descubriera quién es.
¿Os hacéis una idea de lo importante que es este secreto?
Un coro de síes apagados recorrió la sala.
—Eso sigue sin explicar por qué Luna puede abrir portales.
La mirada de Raine había pasado de la hostilidad absoluta a una curiosidad morbosa.
—Porque no es solo una bruja, Raine.
Drake esbozó una media sonrisa con sorna. Por lo visto, aún quedaba mal rollo entre los ex. Me dieron ganas de soltarle un guantazo. Si volvían a estar juntos, al menos ella dejaría de odiarme tanto.
—Es una auténtica mestiza de brujo —dijo Cillian—. La primera de la historia.
—Pero ¿cómo? —preguntó Raf mientras otra oleada de murmullos recorría el despacho.
—No lo sabemos.
Me crucé de brazos. Me sentía un poco expuesta. Ahora que todos conocían la verdad, todo parecía mucho más real.
—Y, un momento, ¿qué tiene que ver todo esto con Luxora? —preguntó Triston.
—Cuando intentó secuestrarme el semestre pasado, después del baile, dijo que su oráculo había visto algo —expliqué—.
Que yo, de alguna manera, iba a fastidiar su plan maestro o lo que fuera.
O, al menos, ella cree que la persona de la visión era yo.
Por eso quería llevarme al Inframundo: para averiguarlo.
La mirada de Raine se cruzó con la mía y frunció los labios.
—Entonces te lo vuelvo a preguntar: ¿por qué te arriesgarías a bajar allí?
—Porque estoy harta de esconderme y esperar. Y sí, también creo que deberíamos encontrar a Ryder. Cillian y Logan llevan meses buscándolo por Azar sin encontrar ni una pista. ¿Quién mejor que nosotros para dar con él? Para eso estamos vinculados, ¿no?
—Pero yo ya no lo siento —dijo Aeria. Los demás asintieron.
—Yo tampoco —murmuré—. Pero sé que el Ryder de antes sigue ahí. El demonio no lo ha consumido del todo. Aún no. Hoy lo vi ahí fuera, y me salvó. Nos toca a nosotros salvarlo a él.
—No sabes si era él —dijo Drake. El príncipe había estado callado durante la conversación.
—Claro que lo sé.
Drake negó con la cabeza y soltó un suspiro de frustración.
—¿Te dijo algo? ¿Te dijo que quería volver? Si Ryder sigue ahí dentro, podría volver cuando quisiera, ¿no? Entonces, ¿por qué no lo ha hecho?
Le lancé una mirada desafiante, con los puños apretados a los lados.
—No lo sé. A lo mejor no puede. A lo mejor necesita nuestra ayuda.
—Bueno, ya está bien, vosotros dos —dijo Calliope—. Todos hemos tenido un día muy largo. Dejémoslo por hoy y mañana seguimos hablando de esto.
—Calliope tiene razón —dijo Cillian, y se dirigió hacia la puerta—. Descansad. Os lo habéis ganado. De hecho, mañana estáis libres de clases. Aprovechad el día para recargar pilas.
Una oleada de vítores recorrió el despacho mientras mis amigos salían en fila. Yo, en cambio, no estaba para celebraciones. No podría descansar hasta que Ryder volviera a casa.