Capítulo 23 Perfect
Creo que a veces el universo traza líneas difícles de interpretar o al menos de imaginar. La mañana siguiente me lo demostró cuando quedé con Sara.
─Dante, ¿qué te ha pasado en la ceja? ─peguntó mientras me acariciaba con sumo cuidado el pequeño corte.
─Recibí un golpe ayer en un concierto del Reino del Rock ─confesé sin querer ocultarle nada.
─Y, ¿qué hacías allí? No sabía que ibas a ir. Podíamos haber ido juntos. Además, tuviste suerte, he escuchado que hubo gente herida, no de gravedad pero sí con golpes y magulladuras.
Percibía su inquietud a medida que nos acercábamos a la razón de mi visita a aquel lugar.
─Estaba en casa tocando un rato tras terminar de estudiar y no paraba de darle vueltas a algo que Nata, la hermana de Byron, me había contado.
Al parecer Taylor tenía miedo de la reacción del público cuando tocaban temas en directo.
Decía que en su último concierto la gente entró en trance y que comenzó a comportarse de manera violenta, pero que luego todo el mundo se desplomó, como si se desmayaran, ¿no te parece extraño?
Notaba su malestar según le hablaba y no sabía como seguir con aquella historia.
─Sí lo es, parece una locura. Pero aún no entiendo lo de tu ceja ─continuó indagando.
─Anoche el concierto iba a ser más grande y le aterraba.
Me dejó preocupado y sentí que tenía que ir allí para verlo con mis propios ojos.
Al llegar el ambiente era muy hostil y se estaba descontrolando en la sala.
En ese instante escuché una voz pedir auxilio y la reconocí: era Taylor.
Subí escaleras arriba y la vi perder el equilibrio, cayéndose hacia atrás, a punto de tener un accidente, por lo que me abalancé sobre ella y la pude agarrar antes de que se precipitara por el balcón.
Luego la llevé a un sitio seguro y en ese momento recibí el golpe en la ceja
Me quité un gran peso de encima al contarle todo lo que había sucedido. Sin embargo, ella guardó silencio.
─Lo siento ─proseguí.
─¿Por qué lo sientes? Realmente no has hecho nada malo.
Has salvado una vida. Su vida. Y ahora tengo que saber cómo pudiste escucharla si se encontraba en el piso de arriba rodeada por toda aquella música con el volumen tan alto.
¿Una voz, dices? ¿Tan unidos estáis, Dante?
¿Hay un vínculo tan grande que yo no puedo romper ni queriéndote como te quiero?
─No, no es eso. No logro entender cómo la pude escuchar, pero eso no quiere decir que la quiera más que a ti.
Sara, eres mi novia y te quiero tanto que podría salvarte mil veces si hiciera falta ─ le prometí.
Y m e reafirmé en lo que sentía por ella, para tranquilizarla, aún temiendo no saber lidiar con su fragilidad.
─Te creo, Dante, te creo. Pero, ¿podrías llegar hasta mí? ¿Escucharías mi voz en la adversidad? ─preguntó con miedo en los ojos.
─¡Claro que sí! ─ respondí. Aunque tal vez tardé algo más de lo que ella esperaba. Aún así, ella me abrazó con fuerza.
─Me voy a casa. Necesito pensar. No has hecho nada malo, Dante. Si no, sería menos difícil todo. Me encuentro en una encrucijada de la que no sé salir y necesito estar sola.
Me dio un beso en la mejilla que me dejó helado y se alejó de mí.
Después caminé durante un buen rato hasta que llegué a casa.
Necesitaba pensar en por qué tenía que sufrir la persona de la que me había enamorado.
No quería hacerle daño, pero se lo estaba haciendo.
No obstante, si hubiera evitado lo que el destino había escrito la noche anterior, habría visto el nombre de Taylor en las noticias.
No la habría visto nunca más y me habría arrepentido para siempre de haberla echado de mi vida para que Sara no sufriera. Me sentía frente a un cepo infranqueable a punto de morderme porque sabía que esto iba a dolernos sin que lo mereciéramos.
Abrí una bolsa de frutos secos. Me tranquilizaban, creo.
Y me metí un buen puñado en la boca mientras encendía la radio para escuchar el programa de Davi.
Era una emisora pequeña pero para muchos en Saint Vincent escucharle era como una tradición.
Tras unos avisos que dio acerca de seguridad en locales cerrados, puso una canción que me resultaba conocida.
Perfect de Simple Plan fue la elección de mi compañero de piso para ambientar una tarde en que, de alguna manera superior a mi entendimiento, sentía que me había equivocado.
No había superado las expectativas de Sara, al igual que le pasaba con su padre al miembro del grupo que escribió la letra. Siempre pensé que se la dedicaba a él.
¿Por qué nos había sucedido esto? Yo quería a Sara y ella a mí.
¿Qué explicación tenía escuchar la voz de Taylor?
No tenía sentido. ¿Había sucedido de verdad o fue coincidencia encontrarla allí arriba a punto de caerse?
Había tenido cuidado de no coincidir apenas con ella para evitar que mi novia lo pasara mal, y aún así no había servido para nada.
Sara había acabado sufriendo de todos modos.
No aguanté más y me fui a su casa. La puerta del portal estaba abierta y subí hasta su piso. Toqué al timbre. Tras unos segundos de espera, me abrió y pude ver que había llorado.
─Vete, por favor. No quiero hablar. ─Su voz era triste y entrecortada─. Necesito reflexionar sobre esto.
─Pero yo te quiero. Sí que habría escuchado tu voz porque no consigo quitarte de mi cabeza. Estás en cada pensamiento que ronda mi mente ─le confesé con un dolor en el pecho que era cada vez más difícil de soportar.
Entonces ella se acercó lo suficiente para que nuestros labios se sinitieran.
─Lo sé, eres bueno, Dante. Y por eso salvas a la gente ─me susurró a escasos milímetros de mi oído para luego ir deslizando su boca de nuevo hasta la mía.
Entramos en su casa besándonos sin pensar y de manera salvaje.
Cuando llegamos a su cuarto, un camino de ropa conducía al lugar donde nos amamos toda la noche.
Donde recorrimos nuestros cuerpos sin obviar ruta alguna bajo las sábanas de su estrecha cama, que en ese momento nos pareció perfecta. Pues solo éramos uno.