Del Escenario al Recuerdo (Ravens Fly First 2) Capítulo 27 Autodesprecio
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Capítulo 27 Autodesprecio

La sensación de dolor me bajó del pecho al estómago y me dejó baldada en la cama.

Comencé a mirar los pósters de mi habitación.

En algunos veía a mis héroes, en otros las carátulas de sus discos más representativos.

Normalmente cuando los miraba me venía a la cabeza alguna frase de una de sus canciones, pero ahora no.

Hoy todos parecían estar guardando silencio para dejarme pensar en mi luto al dejar morir algo de lo que a ratos me sentía segura y a ratos desgraciada.

Analizando la situación, de alguna forma había dejado a mi novio.

Un chico amable y atractivo que además era bueno.

Era comprensivo y sensible, y se notaba que me quería.

Sin embargo, ya no se trataba de los celos que pudiera sentir por su conexión con Taylor. Era algo diferente.

Era como si nos hubiéramos desinflado. Al menos yo.

La primera vez que nos amamos en su cuarto fue increíble.

En la vida me había sentido tan completa con alguien y deseé pasar toda la vida con él.

Pero eso cambió las demás veces, no porque él hiciera algo mal, si no porque empecé a quererle de otra manera.

Me di cuenta de eso la vez que vino a mi piso y nos desvestimos irracionalmente hasta llegar a mi habitación.

No podía negar que me encendí muchísimo al verlo así conmigo, pero fue una mecha rápida que no llegó a su destino porque la pólvora no prendió.

Me di cuenta al mirarlo por la mañana y quererlo de otra manera, y pensé: « ¿Y si no lo amo? ».

Ojalá no fuese tan complicada por dentro y mi cabeza no me jugara esas malas pasadas al rayarme con una situación en la que muchas otras le habrían tirado la caña y no lo habrían dejado escapar. Pero yo no era así. Y la sensación de estar reteniéndolo me hacía sentir egoísta.

¿Cómo nos hablaríamos ahora? No sabía ni siquiera si quería verme.

¿Cómo pasó la noche? Ni yo le escribí a él ni él a mí.

¿Sería como si no hubiera pasado nada para que luego la tensión explotara en una batalla campal, armados con reproches que no dejamos sanar?

¡Dios mío! Había destrozado una amistad que me había dado una segunda oportunidad solo por un mero sentimiento de posesión o un deseo irracional e incontrolado.

Cómo lo sentía. Pero, ¿de qué me lamentaba exactamente?

¿De haber dado pie a ese comienzo o de haber dado un paso en falso hacia ese final?

¿Aún me quería? Como se quiere a las parejas, me refiero.

No dudaba que aún me quisiera como amiga a pesar de la incomodidad de vernos de nuevo, de hablar con él, de evitar tontear un rato para morder su cuello y acabar en sus labios.

Debía calmarme. Había recapacitado ya sobre esto y era lo mejor.

La manera en que Taylor lo miraba al tocar In the Darkest Times me lo dejó más claro.

En muy poco tiempo yo había dejado de mirarle así.

Fue como si comparáramos un fogonazo de los que pueden alumbrar toda una habitación con una llama  que la calentara toda la noche, o toda la vida si se cuida bien y se alimenta como es debido.

No podía evitar pensar que lo mío con él fue lo primero, pero dentro de mí, aunque me doliera reconocerlo, sabía que se merecía encontrar a alguien que le diera lo segundo.

Qué cara le había mostrado al espejo aquella mañana.

Estaba horrible. Me metí en la ducha y me arreglé.

Me puse una camiseta de los Smashing Pumpkins con la portada del Mellon Collie and the Infinite Sadness , unos vaqueros de pitillo azul claro y mis converse negras.

Me metí en el coche y me puse a escuchar   The Middle de los Jimmy Eat World.

Necesitaba un tema así, tan animado como inspirador.

Algo que me ayudara a quererme en este momento en que yo misma me despreciaba por hacerle daño sin saber si él me volvería a aceptar.

Aparqué mi coche donde siempre y, tonta de mí, me quedé hundida al ver que él, un caballero de manual, no estaba esperándome para decirme que todo estaba bien.

Terminaron las primeras clases, y en el descanso me acerqué para ver si andaba por su facultad. Pero no, no había rastro de Dante. Debía de haberse quedado en casa dándole a la cabeza como yo, quizás más. Vi a Byron y le pregunté por él, aunque tampoco sabía nada.

─¿Cómo vas? ¿Te encuentras bien? ─se preocupó por mí.

─Mal, Byron. Creo que le he roto el corazón al chico que más me ha querido. Y esa idea me está matando.

─¿Romperle el corazón o no volver a encontrar a nadie igual pensando que era él?

Su pregunta me dejó pensativa.

─Ambas tienen solución, Sarah. Dante coserá su corazón siempre y cuando no te pierda ni te alejes de él. Y, si esa persona que buscas de verdad es él, volverá a ti mientras no envenenéis vuestra amistad con tontas discusiones acerca de quién hizo qué.

Byron parecía más adulto que de costumbre.

─Vaya... ¿Y desde cuándo sabes tanto del tema? ─le contesté sonriendo. Él se mostró incómodo y no respondió, pero yo instintivamente le di un abrazo. Era un buen chico.

Cuando terminé mis clases volví al coche, pero esta vez sí vi a Dante allí. Me puse nerviosa a más no poder. ¿Y si me decía que no quería volver a verme? ¿O que no entendía mi decisión y tenía que explicarle de nuevo que tenía que separarme de él para que no muriera nuestra amistad?

─Hoy me he dormido y no he llegado a tiempo de verte a primera hora. De verdad que quería ─se disculpó. No esperaba menos de él.

─No pasa nada, no hay nada de malo en eso. No hemos pasado buena noche, supongo.

─Sí, le he dado al coco bastante. Pero tengo claro que no voy a dejarte salir de mi vida como cuando fuimos niños, ahora sé hacerlo mejor ─pronunció con toda la entereza que pudo, mirándome a los ojos─.

No te quiero apartar de lo que vivamos de aquí en adelante, y aunque aún siento mucho por ti, sé que podré aprender a quererte de otra manera, sin poseerte, viendo cada paso que avances desde el lugar que me corresponda para no perdérmelo, sin que suframos. Lo voy a trabajar.

Yo me emocioné y le di un fuerte abrazo.

─Y yo también, Dante. Porque quiero seguirte y ser parte de esa aventura que vamos a vivir juntos, sin malos rollos, sin reproches, sabiendo que podemos contar el uno con el otro.

Solo démonos tiempo, ¿vale? ─le dije con los ojos llorosos.

Él estaba igual que yo, así que permanecimos abrazados durante un buen rato.

─Perdona que saque el tema pero, ¿qué vamos a hacer con la canción que me hiciste?

Tenía que preguntárselo.

─Es de lo mejor que he hecho en mi vida y es un capítulo que no quiero borrar de ella. O sea que, si no te incomoda, quiero seguir tocándola para jamás arrepentirme y gritarle al mundo lo mucho que te he querido.

No me esperaba esa respuesta, aunque la acepté con gratitud. Era un honor.

No sería fácil dejar todo eso atrás, sin embargo merecía la pena. Lo conseguiríamos si no nos separábamos. Era una paradoja extraña la que se nos planteaba pero lucharíamos por seguir juntos.

Los siguientes ensayos transcurrieron con normalidad.

Dante y yo ya no nos íbamos juntos en el coche.

Él me decía que prefería ir andando y ambos sabíamos que estaba bien así.

El grupo estaba, de alguna manera, al corriente de la situación, supongo, porque jamás se generó ninguna situación incómoda.

Me encantaba estar con Dante, lo admiraba en silencio mientras pensaba que poco a poco se iría desvaneciendo aquel momento en que fue mío.

Él por su parte tenía también pequeños bajones cuando nos quedábamos solos, pero semana tras semana la cosa se fue enfriando para bien. Nos cuidábamos, nos preguntábamos como estábamos si nos veíamos raros y nos prometíamos que todo iba a ir bien.

Yo era consciente de que, muy de vez en cuando, Taylor y él se veían como amigos.

Y no voy a negar que, aunque no pensé que ella le estuviera acechando ahora que estaba libre, los celos me carcomían de vez en cuando.

También el miedo de que cualquier posibilidad futura de retomar algo se esfumara para siempre, pero cabía esa posibilidad y aquí estaba mi mayor trabajo personal. Dante no era mío.