Del Escenario al Recuerdo (Ravens Fly First 2) Capítulo 26 Asfixia
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Capítulo 26 Asfixia

A pocos metros de un parque cercano me empecé a encontrar mal.

Me costaba respirar y solo conseguía atrapar aire por la boca.

Intenté calmarme aunque no podía. Era como aquel día en los locales solo que ahora no contaba con Ciro para ayudarme.

Mis músculos se tensaron y se pusieron rígidos, tanto que la preocupación me invadió.

Conseguí llegar un banco de madera y me senté intentando sacar el pecho hacia fuera para expandir mis pulmones, para liberarlos de tal apelmazamiento.

Mas no conseguía traquilizarme y, al final, caí rendido. Entonces todo se volvió oscuro.

Al abrir los ojos de nuevo estaba rodeado de agua.

Intentaba salir a flote pero mi propio peso tiraba de mí con fuerza hacía un abismo negro hambriento por engullirme.

Era como una marea que subía sin darme tregua mientras yo aprovechaba los últimos metros de aire para abastecerme de vida.

Tenía algo en la mano y lo protegía con todas mis fuerzas.

Lo apretaba para que no se me escapara y fuera devorado por la profundidad de esa especie de celda en la que me encontraba.

Llegué a la superficie en un último intento por salvarme, pero había unos barrotes que me impedían salir de allí.

Entre ellos una mano se abrió paso para tomar la mía.

«¡Aguanta,  aguanta!», sonaba una voz tranquilizadora. Y, sin saber por qué, le entregué aquello que mi puño cerrado cuidaba con tanto esmero.

─¡Aguanta, Dante, aguanta! ─volví a escuchar. Pero era otra voz, otra época─. Es solo ansiedad, pero esta vez no te daré la espalda. Esta vez no me moveré de tu lado.

En ese momento el aire ya me llegaba como era debido. Tenía la cabeza apoyada en su pecho y sus manos me acariciaban el pelo.

─¡No te voy a dejar solo, tranquilo! Cuando estés bien me marcharé, calma, no sufras. No me meteré entre vosotros.

La voz de Taylor fue lo que me calmó.

─Pero, ¿qué hacías a estas horas cerca de mi casa? ─pregunté intentando incorporarme sin éxito.

─Estuve con Nata y después me marché a caminar para despejarme. Hasta que me llegó tu voz pidiendo ayuda. La voz que no supe escuchar aquella vez.

Nos quedamos callados hasta que me recuperé por completo.

─Estabas hablando solo, como en sueños, ¿qué fue lo que viste en esa pesadilla? ─me preguntó. Yo decidí contárselo, aunque parecía un loco diciendo cosas sin sentido.

─Vamos, que te acompaño a casa ─se ofreció.

─No, gracias, luego no quiero que te vayas tú sola desde allí ─me negué rotundamente. Yo no era así.

─No pienso irme luego. Sé que estás mal. Que estás sufriendo mucho. Y tengo claro no voy a dejarte solo al igual que también tengo claro cuál es mi papel aquí hoy contigo ─me explicó─. Guardaré toda la distancia que necesites pero no me vuelvas a echar de tu vida, no como hice yo.

Accedí a pesar de que mi primera intención era pasar la noche sin hablar con nadie, solo, digiriendo lo que me había pasado con Sarah.

Entonces llegamos a mi casa. En ese instante Annette y Jesús estaban viendo la tele. Me saludaron y, al verme la cara, solo me dieron las buenas noches. Taylor les susurró que era amiga mía. Luego nos metimos en el cuarto.

Me tiré en el suelo y ella me miró tumbada desde la cama.

─¿Cómo estás, Dante?

─Ya puedo respirar bien, pero no entiendo qué me está pasando.

Sabía que no se refería a eso, al igual que tenía claro que mi respuesta no la había dejado satisfecha.

─Me alegro de que estés más tranquilo, pero ahora dime lo que de verdad te ha pasado, ¿te has peleado con ella?

─No, no ha sido tan fácil ─contesté dispuesto a compartirlo─. Simplemente ha dado un paso que yo no estaba preparado para dar.

Taylor me miraba intentando comprender lo que quería decir.

─Digamos que es mejor que no estemos juntos de esa forma si queremos estar bien de verdad. Pero es que... Nada ─me contuve. Y ella se dio cuenta.

─Es que aún la quieres. Tranquilo, lo sé. Me preocuparía que no fuera así. Forma parte de todo lo que has aprendido y de tu forma de ser. No me duele, de verdad. Te admiro por ello y por eso sabía que si subía contigo a tu habitación nos respetarías a las dos.

Nos quedamos en silencio un rato.

─¿Por qué no pones la radio bajita, de fondo, y me cuentas por qué no me dijiste que habías hecho una canción con mi letra?  ─me sugirió con una sonrisa intentando no ahondar más el tema de mi ruptura con Sarah.

Entonces encendí la radio. En la emisora que solía escuchar sonaba I’m with you, de la bonita Avril Lavigne. Su canción nos acompañó un rato.

─Siento que te enteraras así. No te la iba a enseñar de esa manera ─me disculpé.

─Pues te voy a denunciar ─Respondió. Y me señaló con el dedo fingiendo cara de enfado─. Por usar mis versos y mezclarlos con los que me susurraste al oído cuando viniste a salvarme la segunda vez.

Yo volví al suelo y ella me miró desde el borde de la cama, como si siempre hubiéramos estado así de bien, compartiendo buenos y malos momentos.

─Ahora cuéntame qué sentiste al ahogarte.

La puse al corriente de mi visión y de su curiosidad surgieron un par de preguntas. Parecía saber muy bien a dónde quería llegar.

─¿Cómo eras en tu sueño? ¿Y cómo era la persona a la que le diste ese objeto?

─No tuve tiempo ni manera de mirarme ya que luchaba por no hundirme, pero yo creo que la otra persona era un ángel.

Como un ángel de la guarda. Su voz me calmaba aunque sabía que no podría salvarme.

Si te soy sincero, no sé si era su voz o la tuya que se entremezclaba cuando ya estaba volviendo a tener consciencia.

─A lo mejor eran las dos ─la escuché decir para sí misma en voz baja─. Hablamos de diferentes planos, quién sabe.

─Gracias por venir a ayudarme, Taylor ─le dije finalmente. A lo que ella contestó:

─Eso es lo que hacen… Eso es lo que hacemos tú y yo.

Me senté a su lado y nos pusimos al día de todas las cosas que habían pasado con el grupo.

Incluso le hablé de Balder, el nuevo amigo que habíamos hecho.

Yo seguía triste pero consiguió robarme alguna risa que otra.

Y, mientras sonaba The Reason de los Hoobastank en el canal de Davi, me debí de quedar dormido porque no recuerdo haber escuchado la canción acabarse ni a mi amiga marchar.

La luz que entraba por la ventana me sobresaltó. No sabía qué hora era. Taylor no estaba y solo esperaba que no se hubiera ido de noche. Encontré una nota donde se leía:

«Lo he pasado muy bien. Tranquilo, me he ido al amanecer. Hoy me toca trabajar en la panadería».

Me vestí para ir a la universidad. Ese día iba a llegar tarde.

Muy tarde, de hecho, pero necesitaba un descanso y arreglar las cosas con Taylor aquella noche.

De una cosa estaba seguro, también iba a enmendar mi relación con Sarah.

No quería ni imaginar la noche que habría pasado.

La quería demasiado para perderla de nuevo.

Solo el tiempo me ayudaría a quererla como debía para que sanáramos lo que teníamos que trabajar juntos. Porque nos lo merecíamos.