Capítulo 11 El nacimiento de la banda
No tenía nada fracturado pero me dolía mucho la cabeza, o sea que, tras una ducha rápida, me metí en la cama y puse una nota en mi puerta que informaba de mi necesario descanso.
Mis compañeros de piso eran muy correctos, y como todos sabíamos, al ver ese aviso, debíamos no solo no molestar sino también evitar ruidos innecesarios.
Dormí hasta la hora de comer. Tenía algún que otro rasguño en la cara y el silencio en la mesa dejaba claro que se habían percatado de mi estado.
─¿Te has metido en un lío?
Annette ya no podía aguantar más cuando lo soltó.
─Sí, Dante, parece que te has peleado con alguien ─añadió Davi, aprovechando que ya estaba todo sobre la mesa─. ¿Por una chica?
Los ojos de Jesús se mostraban entreabiertos, como si analizara mi siguiente respuesta.
─Pues nada, caso resuelto, ahora que lo sabéis todo, ¿me podéis pasar la ensalada?
Por favor. ─ Y nadie me hizo caso. No movieron un dedo y se quedaron mirándome cual jurado─.
Defendí a un chico con el que voy a tocar.
Unos idiotas estaban acusándolo de flirtear con una conocida, y al ver que eran tres contra uno, creí justo intervenir antes de que lo dejaran maltrecho, ¿contentos?
─Eh, sí ─dijo Jesús.
─Vale, te lo compro ─continuó Davi.
─Más bien decepcionada con la historia de Rocky, ¿de verdad que no hay chica? ─Annette me observaba contrariada mientras se limitaba a pasarme la ensalada sin mirarme.
No hablamos más, pues parecieron parcialmente satisfechos con mi aventura. Todos contentos. Yo no, no había podido hablar con Taylor y no podía llamarla para decirle que sí acudí a mi cita.
Me dirigí a su casa más tarde pero ella ya no estaba.
Sentía que le debía una explicación, aunque la vida no me lo estaba poniendo fácil, así que pensé en volver después.
Me subí al autobús que llevaba hasta la casa de Byron y me quedé frente a su puerta cuando detrás de mí unos pasos me indicaron que no estaba solo.
─Dante. ¡Qué sorpresa! Quiero agradecerte que sacaras a mi hermano de la pelea de ayer. Bueno, más bien que lo defendieras de esos tíos del aparcamiento. ─Nata me sonrió e hizo una leve reverencia─. A veces es un poco bocazas.
─Él no tuvo la culpa de nada. Es mi amigo y lo volvería a hacer. Además, le querían agredir entre varios por ir con una chica a la que llamaron la nórdica .
─La guapa de Hilda. La guitarrista de las Nordic Beauties. Muy popular ella, y curiosamente una de las extrañas amistades de mi hermano. Esa chica llama la atención solo con verla y se ve que hay algún colgado que cree que es de su propiedad.
─Realmente era el cantante de los Punk Wolves el que estaba increpándolo ─le informé.
─¿Leo? ¡Maldita sea su estampa! Pero si le saca, ¿cuánto? ¿Cuatro años? ¡Maldito abusón!
El enfado de Nata era comprensible.
─No creo que ese cobarde vuelva tocarle. Además, la gente empezó a meterse con ellos cuando se marchaban, daba la impresión de que habían hecho el ridículo.
─Aunque luego se fueron a por ti, ¿no?
Su mano apuntaba a lo que quedaba de mi golpe en la mandíbula.
─No me lo recuerdes, me sentí tan impotente mientras ese imbécil me sacudía... Se aprovechó de que me tenían agarrado sus amigos, el muy cabrón. Me duele todo solo de pensarlo.
─¿Lo sabe Taylor?
─¿Por? ─No me esperaba esa pregunta.
─No te hagas el loco. Pues porque ese malnacido es su… quiero decir, era su novio.
Parecía que todo empezaba a tener más sentido.
─Algo deduje cuando me acusó de levantar novias. Quizá por eso no se cortó un pelo al machacarme ─pensé en voz alta.
─Ese tío solo le hacía daño, pero ella es demasiado buena ─finalizó, y abrió la puerta aprovechando que yo le sujetaba las bolsas de la compra─. Ahora aviso a mi hermano de que estás aquí.
─Gracias ─respondí. Y mientras tanto me puse a pensar de nuevo en Taylor, hasta que Byron se dejó ver.
─Hola, Dante. ¿Qué tal está tu mano? ─Y puso cara de preocupación al ver que tenía alguna marca más─. ¡No me jodas que fueron a por ti luego!
─Bien, estoy bien, tranquilo, Byron. Ya no me duele apenas ─mentí para no darle más importancia─. Vengo por algo más importante.
─¿El qué?
Byron se quedó perplejo al ver que no le daba importancia a la pelea.
─Tenemos el grupo completo.
Mi ilusión fue palpable al pronunciar la última palabra.
─Pero, ¿qué estás diciendo? ¿Cómo es posible? ¿Los conozco?
─El grupo de unos amigos míos, los Punk Aches , se ha quedado sin cantante. Ellos son batería y bajo. Con nosotros dos tenemos la banda al completo. ¿Qué dices? Son buenos.
─Pues no sé. Digo, pues que sí, que esto nos ha venido así por algo, ¿no?
Sus ojos echaban chispas de la emoción.
─El problema es que no puedo llamar a mi amiga, la baterista del grupo. Cuando me dejaron inconsciente me reventaron el teléfono ─añadí fastidiado porque los móviles eran caros y yo no contaba con aquel gasto añadido.
─Espera, que te traigo uno. Tengo alguno de los viejos en un cajón de mi cuarto. Solo hay que meter tu tarjeta y debería funcionar sin problemas.
Me quedé pasmado al comprobar que al rato volvía con un móvil mejor que el mío. Sin duda nuestras economías eran distintas. Entonces, cogió mi dispositivo y extrajo la memoria para introducirla en el nuevo.
─Sin problema. Esto ya debería tirar sin problema ─sentenció . En realidad, n o le dio ninguna importancia al gran favor que me acababa de hacer.
Se lo agradecí y me dispuse a llamar a Sarah, que figuraba en mi lista de contactos. Y en pocos minutos lo arreglamos: al día siguiente tendríamos nuestro primer ensayo.