24. Capítulo veinticuatro #2
No puedo pensar en eso. Ahora no.
No cuando la siento cálida contra mí, con sus manos ya desabrochando los botones de mi camisa y sus suaves gemidos haciendo que mi polla lata con una necesidad desesperada y primaria.
—Joder, nena —gruño, subiéndola a una pila de cajas de material—. Necesito saborearte, preciosa.
Me hinco de rodillas, subiéndole la falda por los muslos, revelando ese trozo de encaje que lleva y que me vuelve loco. Pasa las piernas sobre mis hombros mientras paso la lengua por el borde de sus bragas, saboreándola a través de la fina tela.
—Joder, Logan —jadea ella, apoyando la cabeza hacia atrás contra la pared—. Alguien podría entrar.
—Que entren —murmuro, apartando sus bragas y hundiéndome en ella con la lengua.
Ya está empapada por mí, con el clítoris hinchado y sensible bajo mi boca. Me doy un festín con ella como un hombre hambriento, como si esta pudiera ser la última vez que saboreo su dulzura.
El pensamiento me vuelve desesperado, más agresivo. Deslizo dos dedos en su interior, moviéndolos justo como le gusta mientras succiono con fuerza su clítoris. Suelta un grito, con los muslos temblando alrededor de mi cabeza y los dedos tirando dolorosamente de mi pelo.
—¡Oh, Logan!
—Eso es. Córrete para mí —exijo contra su carne húmeda—. Córrete en mi lengua, nena.
Se deshace con un grito sofocado, con su cuerpo contrayéndose alrededor de mis dedos mientras capea las olas. No aflojo, lamiéndola durante los espasmos hasta que me levanta tirando de mi pelo.
—Dentro de mí —jadea ella, buscando ya mi cinturón—. Te necesito dentro de mí.
Libero mi polla, ya dura y palpitante, y coloco sus piernas alrededor de mi cintura. Está tan húmeda que entro con facilidad, y ambos gemimos ante la sensación de conexión.
—Joder, qué bien se siente —digo con voz ronca, enterrando la cara en su cuello—. Tan perfecta. Siempre eres tan perfecta, mi amor.
Establezco un ritmo duro y desesperado; las cajas crujen bajo su peso mientras la embisto. No es un acto de amor suave. Es algo crudo, primario, lleno de todas las emociones que no me atrevo a expresar con voz.
—Sí —gime ella, recibiendo cada embestida—. Dios, Logan, no pares.
No lo haré. No puedo.
Puede que esta sea nuestra última vez en este pabellón, este edificio que se ha vuelto tan importante para los dos.
Su coño se aprieta a mi alrededor y sé que está cerca de nuevo. Alargo la mano entre nosotros, buscando su clítoris con el pulgar, frotándolo rápido hasta que ella solloza mi nombre.
—Córrete conmigo —jadea—. Por favor.
Estoy ahí mismo con ella, con mi orgasmo creciendo en la base de mi columna. Cuando ella vuelve a romperse, con sus paredes ordeñando mi polla, la sigo al vacío con un gruñido que es mitad placer, mitad dolor.
Nos quedamos unidos un largo rato, respirando con dificultad, con el sudor enfriándose sobre nuestra piel. Finalmente, la bajo con cuidado y ambos nos apresuramos a ponernos presentables.
—Eso ha sido... —empieza ella, pero luego se limita a sacudir la cabeza, sonriendo.
—Sí —estoy de acuerdo, mentiéndome la camisa por dentro—. Lo ha sido.
Se acerca para arreglarme el pelo, con un toque suave y cariñoso. —¿Seguro que estás bien? Parecías... intenso.
Le cojo la mano y la presiono contra mi pecho. —Solo quería celebrarlo contigo como es debido.
No es toda la verdad. Ni de lejos. Pero es todo lo que puedo darle ahora mismo.
—Deberíamos volver —dice ella, pero no hace ademán de ir hacia la puerta.
—Emma, yo...
—Lo sé.
Sus ojos buscan los míos, profundos y sabios, y por un momento me pregunto si realmente sabe todo lo que callo. Si, de alguna manera, esos ojos cálidos pueden ver a través de mis muros cuidadosamente construidos hasta todo el miedo y la incertidumbre que se agitan en mi interior.
Los rumores, la reunión, la posibilidad de que, en unas pocas semanas, lleve la camiseta de otro equipo en otra ciudad, lejos de esta librería, de este pueblo... lejos de ella.
Me he vuelto bueno ocultando mis emociones. Vaya, en mi campo es prácticamente un requisito profesional. Pero Emma siempre ha tenido esa inquietante capacidad de leerme como si fuera uno de sus malditos libros.
Me acaricia la mejilla y sonríe con dulzura. —Lo sé, Logan. Mañana descubriremos qué es lo siguiente. Juntos.
Juntos.
Joder, eso espero.
Volvemos a la sala de descanso por separado, Emma primero y yo unos minutos después. La fiesta está terminando, la gente recoge sus cosas y hace planes para después del partido de exhibición de mañana.
Cojo otra cerveza y vuelvo a colocarme junto a los ventanales, pero a Emma ya la han arrastrado a otra conversación con Sophia sobre entrevistas en los medios y fotos publicitarias tras el anuncio de mañana.
La observo reírse de algo que dice su abuelo Walt cuando la naturaleza me llama. El baño masculino está justo al final del pasillo desde la sala y salgo discretamente, saludando con la cabeza a unos tipos de mantenimiento que van en dirección opuesta.
Estoy terminando cuando oigo voces al otro lado del tabique del baño. No son voces conocidas, probablemente algunos invitados que quedan de la visita guiada de antes.
—...una pena si traspasan a Kane —dice una voz—. El tío es la columna vertebral de esa defensa.
Niego con la cabeza. Parece que no puedo escapar de los chismes en ninguna parte.
—He oído que está prácticamente hecho —responde la segunda voz—. La dirección quiere rejuvenecer la plantilla, capitalizar la victoria de la Stanley Cup y dejar sitio para ese novato que han fichado de la universidad.
—Una puta estupidez, si me preguntáis. A Kane le quedan al menos tres años buenos. Y la química del equipo... sin él, toda la dinámica se va a la mierda.
—Ya te digo. Mi hijo se ha hecho una foto con Kane hoy. El crío no ha parado de hablar de jugar en la defensa de los Icehawks cuando sea mayor. Sueños rotos, tío.
Se ríen, pero es una risa amarga.
—En fin, así son las cosas. Los negocios son los negocios, ¿no?
Sus voces se apagan al salir, pero sus palabras resuenan en mi cabeza como una sentencia de muerte.
Prácticamente hecho.
Me apoyo en el lavabo, aferrando el borde de porcelana hasta que mis nudillos se vuelven blancos. Todas mis sospechas, todo lo que he intentado no pensar, expuesto por dos fans cualquiera que probablemente saben más de mi futuro que yo mismo.
La puerta se abre y entra Connor. Echa un vistazo a mi cara y suelta un silbido bajo.
—Mierda, tío. Tienes una cara espantosa.
—Gracias —gruño.
Se encoge de hombros, acercándose al lavabo de al lado. —Rumores, tío. Siempre hay putos rumores.
Abro la boca para decir algo, pero... no sale nada.
—Hasta que sea oficial, solo es ruido. —Connor me da una palmada en la espalda y me mira a los ojos a través del espejo—. Por lo que valga, todos estamos haciendo fuerza para que te quedes.
Quiero creerle. Quiero creer que el talento y la lealtad y ser el corazón de la defensa del equipo significan algo.
Pero llevo en esta liga el tiempo suficiente para saber que nada de eso importa cuando la directiva toma una decisión.
Miro mi reflejo, buscando respuestas que no tengo. Connor está en silencio a mi lado, claramente buscando también las palabras adecuadas. Simplemente me vuelve a dar una palmada en el hombro y se dirige a la puerta.
Se detiene justo al salir. —Para que conste, Kane... si te traspasan, son unos putos idiotas. Este equipo te necesita. Ella te necesita.
Me deja solo con mis pensamientos y el sonido del agua corriendo.
En el espejo, parezco un hombre que ya ha perdido todo lo que importa.
Y mañana por la mañana, puede que descubra si eso es cierto.