14. Capítulo catorce
Capítulo catorce
Logan
L os cotilleos en el vestuario no han cesado en toda la semana.
Y tampoco es la energía habitual de la pretemporada. No es del tipo que motiva a los chicos para el primer saque de disco.
No, esto es diferente. Más pesado. Como si todos estuviéramos esperando a que algo explote.
Me siento en el banco y me ato los patines después del entrenamiento matutino, intentando mantener la concentración. Han pasado tres días desde que Emma y yo nos acostamos por primera vez.
Y, joder… todavía no puedo quitarme su sabor de la boca.
El sexo con ella es una locura. Pero es algo más que eso.
Sí, es salvaje, ardiente y un caos total.
Pero también es la forma en que me mira después.
La forma en que nos quedamos ahí tumbados, hablando de sus ideas de negocio, de cualquier mierda por la que el entrenador me haya hecho pasar ese día.
Hablamos de nuestra infancia, de nuestras familias y de todo lo demás que nos ha unido.
No he hablado tanto en mi maldita vida, pero, de alguna manera, sigo sin tener suficiente de ella.
—¡Eh! Kane, ¿estás sordo?
Levanto la vista y veo a Connor de pie frente a mí, con una toalla colgada al cuello.
—El entrenamiento ha terminado. ¿Piensas quedarte aquí todo el día?
Gruño, apretando más los cordones. —Solo estoy recuperando el aliento.
Él arquea una ceja, claramente sin creérselo. —Has estado de buen humor últimamente. Casi como si tuvieras un secreto.
Me encojo de hombros, manteniendo el rostro neutral. Ya he aguantado bastantes bromas de los tíos después de que me vieran salir de casa de Emma la mañana siguiente a nuestra primera noche juntos. No necesito que Connor me interrogue además de eso.
El murmullo en la sala cambia, el tono se vuelve más sombrío, como ha venido ocurriendo durante días. Ryder está al otro extremo del banco, dándole un codazo a Blake.
—¿Crees que es verdad? —dice Ryder en voz baja—. ¿Que van a traspasar a alguien?
Blake se limita a encogerse de hombros. —Podría ser cualquiera. El entrenador no dirá ni mu, y la directiva no suelta prenda. Pero por cómo se ha estado comportando el Gran Mike... definitivamente pasa algo.
Intento que mi cerebro no vaya por ahí.
Pero Connor me da un toque y hace un gesto con la cabeza en mi dirección. —¿Estás preocupado, tío?
Niego con la cabeza. —Qué va. No hasta que haya algo de qué preocuparse.
Él gruñe en señal de asentimiento, pero me doy cuenta de que está pensando lo mismo.
Algunos de los más jóvenes nos miran, intentando medir nuestras reacciones. Mantengo el rostro inexpresivo, concentrado en hacer el nudo perfecto en mis cordones.
El entrenador Brody entra en la habitación y su voz corta el ruido.
—¡Muy bien, nenas! ¡Escuchadme bien! Me importa un bledo lo que digan los rumores.
Todos sois Icehawks hasta que yo diga lo contrario.
Ahora dejad de actuar como niñatos asustados y concentraos en la temporada que tenemos por delante.
Hay una ronda de asentimientos murmurados, pero la tensión no se disipa.
El móvil me vibra en el bolsillo y lo saco, esperando una distracción, pero lo que recibo es casi un ataque al corazón.
Es un mensaje de mi hermano, Nate. No he sabido nada de él en casi un año.
Leo el mensaje: ¿Viaje de pesca este fin de semana? Los tres en la vieja cabaña. ¿Te apuntas?
Suelto un suspiro, pasándome una mano por la cara.
Es una tradición; bueno, al menos, lo era .
Los hermanos Kane siempre íbamos a la vieja cabaña del bosque antes de que empezara la temporada de hockey. Solo nosotros, un poco de cerveza barata y cualquier pez que tuviéramos la suerte de pescar.
Pero la idea de estar lejos de Iron Ridge ahora mismo... lejos de Emma...
Vuelvo a mirar el mensaje.
Sí, quizá necesite la distracción. Solo un par de días lejos del ruido del vestuario. Pero también odio la idea de no verla.
Tecleo una respuesta rápida.
No estoy seguro todavía. Ya os diré.
Cojo mis cosas y salgo. Tengo el cuerpo agotado por los ejercicios, pero mi mente bulle con pensamientos sobre ella. Sé exactamente a dónde voy.
Porque cada día durante los últimos tres días, he acabado de vuelta en Chapter sus pequeños tarareos mientras remueve hacen que se me ensanche el pecho.
—¿Y qué tal va el plan para el Día de la Experiencia en el Pabellón? —pregunto.
Se le iluminan los ojos. —¡Genial! He estado trabajando en los marcapáginas con temática de hockey, además de unos pequeños discos con pegatinas para regalar, e incluso he encontrado unas camisetas de los Icehawks de talla infantil para los premios. ¿Me las vas a firmar, dios del hockey?
No puedo evitar sonreír. —Lo que sea por ti. Parece que has pensado en todo.
Se encoge de hombros, removiendo ahora con más suavidad. —Solo quiero que sea divertido. Una oportunidad para que los niños vean el hockey y los libros desde un ángulo diferente. Cuentacuentos, manualidades... va a ser adorable.
Asiento, impresionado. —Eres asombrosa.
Su rostro se suaviza. —Ya veremos. De verdad quiero ese espacio para la cafetería.
Dejo el cuchillo y me muevo para rodearla con los brazos desde atrás. Apoyo la barbilla en su hombro, inhalando su aroma suave y dulce.
—Sé que sí. Como he dicho, eres asombrosa. Pones el corazón en todo lo que haces. Y por eso sé que a la gente le encanta.
Se apoya contra mí y se relaja.
—Gracias, Logan —susurra—. De verdad. Me estás ayudando mucho.
El móvil me vuelve a vibrar en el bolsillo y lo saco para mirar la pantalla.
Otro mensaje de Nate. Venga, tío. ¡Es la tradición!
Emma me mira con curiosidad. —¿Todo bien?
—Sí —murmuro—. Mis hermanos. Quieren hacer el viaje anual de pesca a la vieja cabaña antes de que empiece la temporada.
Su cara se ilumina. —¡Oh, Logan! Eso suena genial. ¡Deberías ir!
Suelto un bufido y casi saco el tema de lo que se dice en el vestuario. Con todos esos rumores de traspasos, no estoy seguro de que sea el momento oportuno.
—No puedo irme así como así. Además..., he estado... ocupado. Ayudándote.
Se gira entre mis brazos, con las manos en mi pecho. —Te mereces un descanso, Logan. Trabajas más duro que nadie. Y las tradiciones familiares son importantes.
Resoplo. —Solo es pesca. Nada del otro mundo.