Capítulo 14 Adán, Eva y Samuel
“Hoy es un nuevo día en nuestra querida ciudad Lakewood, actualmente estamos entrando en la temporada de otoño, así que preparen esas bufandas y botas para el lodo y cuiden a sus niños de no aventarse hacia los montones de hojas anaranjadas, no queremos a ningún niño embarrado de lodo o con un resfriado. Hoy tenemos noticias exquisitas en el ámbito deportivo…”
El volumen de aquella radio bajo de volumen gracias a un joven con cabello rizado y negro el cual metió aquel aparato en su casillero mientras un suspiro cansado salía de él, otro lunes otra vez a la universidad, sus ojos azules grisáceos recorrieron el interior de su casillero, sacando una libreta junto a un rosario de madera pintado de color negro aquel accesorio se lo guardo en el bolsillo de su pantalón mientras que la libreta la mantuvo en sus manos.
- ¿Otra vez clase de sociología? - su amigo llego a un lado suyo, era más alto que el con una complexión más delgada que el chico de ojos azules, aquellos ojos de avellana miraron con detalle el rostro de su amigo mientras acercaba su cuerpo para observar lo que tenía dentro del casillero.
- ¿Conoces lo que es el espacio personal, Samuel? – aquel chico cerro el casillero para que no dejara que otras cosas se observaran de este - y respondiendo a tu pregunta, si, voy a sociología, ¿tú también?
- ¡Así es! - su pecho se subió por la pose de alguien orgulloso, su amigo no entendió muy bien por qué esa pose, pero aun así rio a lo bajo y el más bajo tomo una parte de la sudadera de su amigo y lo jalo de esta para que comenzara a seguirle en su caminar.
- Supongo que estaremos la primera hora juntos…está bien.
Samuel sonrió leve, la voz calmada de su amigo lo hacía también entrar en una paz interior, ambos caminaron por un par de minutos platicando de cómo les había ido en el día y que tenían planeado hacer después de las clases hasta llegaron a su clase indicada y pasaron el resto de la clase tomando nota.
A la mitad de clase, todo se volvió aburrido, ambos intentando mantenerse lo más despiertos posibles, era una tortura, escuchar una voz tan lenta y gruesa hablando de algo teórico era como una melodía perfecta para un estudiante cansado y aburrido
- ¿Iras a la iglesia? - la voz susurrante del más alto de ambos hizo que el contrario lo mirase de reojo.
- Si…
- Siempre vas, tus padres no te dejan en paz con eso ¿no?
- Mis padres no me obligan, me gusta ir.
- Eres alguien raro Adán.
- Para ti, para los señores de la iglesia soy el hijo ideal que siempre quisieron.
Ambos volvieron a reír mientras se compartían miradas profundas y directas, apreciando cada uno el color único de los ojos del contrario.
Adán veía un color avellano.
Samuel veía un océano inmenso.
(…)
- Exámenes, ¿otra vez? - ambos amigos estaban fuera del edificio y estaban paseando por una de las cuantas áreas verdes de descanso que había en ese campus, faltaba un par de horas para su siguiente materia.
- Realmente no nos dejan descansar ¿cierto?
- Adán dejo de ver su libreta de apuntes para mirar a su amigo, hace dos semanas habían terminado un par de exámenes y cuando apenas se habían recuperado de energía vinieron con la noticia de otras más - pero bueno, realmente no es mucho así que no creo que sea tan…
Sintió algo golpear su hombro derecho, cosa que los destanteo un poco pero el sonido de algo caer al suelo y un quejido femenino hizo que rápidamente volteara a ver qué es lo que lo había golpeado.
Y todo se volvió lento para Adán, fue como un flechazo, una luz divina que se cruzó de la nada pero que aun así estaba agradecido de que esto le pasara, se quedó anonadado de ver a esa chica, ese rostro fino, esa falda larga que le llega por debajo de las rodillas junto a ese suéter gris grande, era un estilo de vestimenta conservador o anticuado para los demás pero para él era algo tan hermoso, y ni hablar de ese cabello lacio que tenía suelto el cual parecía un aire fresco para él, todo en ella daba una intensidad, una sensación fuera de lo ordinario para Adán, algo que él nunca ha visto, único.
-Perdone usted, no la vi - la chica solo le dio una leve sonrisa para que no se preocupara tanto y comenzó a recoger unas pequeñas fotos que tenía guardadas en la carpeta que tenía en manos, este sin pensarlo se puso en cuclillas para ayudarla en recogerlas, tomo un par y logro mirar como efectivamente se trataba de fotografías que seguramente ella tomo, se quedó viendo una en específico, una de una mariposa blanca posando sobre una bella rosa.
La chica se levantó y miro su carpeta contando mentalmente cuantas tenía al darse cuenta que le faltaban dos se puso a mirar al suelo otra vez pero la presencia del joven que ahora estaba frente suyo hizo que se detuviera, aquella chica pudo por fin ver sin mucha timidez la persona quien la había ayudado, tenía un suéter de color azulado y se podía notar como debajo de este llevaba una camiseta de botones, su apariencia parecía elegante, parecía natural a la vista, algo a lo cual ella le gusto.
Ambos se quedaron viendo, sus ojos se dijeron todo, fue un amor a primera vista, claro, su atracción era nada más que física que esos segundos de un intenso mirar del uno al otro fueron suficientes para que sus corazones latieran con una intensidad mayor, la mirada relajada pero confiada del chico junto con la mirada tímida y amable, era un complemento que nunca pensaron que necesitaran.
La tos falsa de Samuel hizo que ambos salieran de su ensueño, el chico rio nervioso y le entrego las dos últimas fotografías que necesitaba ella.
- Son lindas las fotos, ¿Cómo te llamas?
- E…Eva.
- Lindo nombre…Adán, un gusto, ¿sueles caminar por aquí?
- Si, aquí en el camino está cerca el lugar donde tomo mis fotografías suele…ir mariposas ahí.
- Interesante…
- Adán…tenemos que ir a la cafetería- la voz seria y áspera de Samuel hizo que Adán volteara a verlo por unos cuantos segundos sin notar el ardor que se hacía en el pecho de su amigo por el fuego llamado “celos”
- Si…si, bueno Eva fue un…muy, muy buen gusto encontrarme contigo, mañana estarás por aquí a esta hora.
- C…claro.
- Estupendo, me gustaría ver esas mariposas contigo- el sonrojo de ambos fue inevitable para ese punto, el jaloneo del brazo por parte de Samuel fue lo único que logro quebrar esa interacción que parecía eterna por parte de su amigo.
Adán se quedó con una mirada embobada, no podía creer que por fin el momento que tanto le comentaban iba a llegar de esta forma, pero paso y no se queja, sus padres le dijeron que se sentiría tan mágico, y sí que lo fue.
Adán estaba comenzando a sentir lo que era el paraíso.
Samuel estaba contemplando el inicio de su infierno.
(…)
Ambos chicos estaban sentados en una banca bajo la sombra de un gran árbol, uno concentrado escribiendo algo en su libreta, otro tratando de llamar su atención.
- Llevas como 15 minutos escribiendo ahí, ¿qué tanto pones?
- Estoy poniendo su belleza en palabras.
Un gruñido bajo se escucho
-Amigo, porque no la sueltas, pareces un obsesionado, como un rarito.
Si tan solo el supiera que también estaba obsesionado por su amigo.
Se asomó para ver qué era lo que tanto escribía, con una ceja fruncida leyó esas palabras que alguna vez soñó que fueran dirigidas para él.
“Hoy conocí a alguien especial, se le había caído un montonal de fotos cuando pase a su lado, estaba realmente distraído en los exámenes que me tocaban hoy, rápidamente quise ayudarla, ahí es cuando note sus dulces ojos avellana”
Eso lo escribió una semana atrás, recuerda ese momento en que la conocía, para su mala suerte él tuvo que presenciarlo.
“Aquella vez que pude tocar tu suave y lacio cabello negro fue una de las maravillas que siempre anhelare, se asemejaba a un rio de oscuridad, oscuridad tan elegante”
Miro con dolor interno lo que escribía del día de hoy, leyendo las palabras bellas en cursiva con una selección de palabras tan finas que hasta envidiaba su forma de escribir y expresarse.
“Ella me tomo una foto, realmente es muy buena en eso, y ni hablar de su personalidad, tan analítica, pero sin quitar su calidez y amabilidad, aún recuerdo cuando una mariposa blanca se posó cerca de su oreja, fue cuando me di cuenta de que estaba enamorado”
Desvió la mirada, volviendo a ver algunos alumnos pasar, no estaba concentrado en estos pues sus pensamientos se encontraban en otro lugar.
Y como si al demonio lo invocaran aquella chica que tanto desprecia se acercó con una elegancia a su caminar, apenas se encontraba lejos, pero Adán ya había notado su presencia, mostrando la sonrisa más grande, una que nunca pudo sacarle, se levanto recogió sus cosas y sin despedirse se fue con ella, tomándola de la mano y ambos riendo con el amor rodeándolos, logro escuchar a sus espaldas susurros de un grupo de chicas que estaba sentadas también descansando.
- Son tan lindos, se complementan totalmente.
- Sabía que Eva por fin encontraría la felicidad en alguien.
- Me alegro por ambos.
Suspiro con tristeza, aguantando todo lo que podía dentro de él.
Adán nunca lo miro de vuelta, y se quedó, con los ojos de la chica, tal vez tengan el mismo color de ojos, pero, aun así, el prefirió a ella.
Y eso nadie lo cambiara, Samuel lo sabe.
(…)
Iglesia Lakewood, una estructura que fue apenas construida hace un par de años, ha sido de las pocas que hay en la ciudad por lo que varía gente creyente ha ido a ese lugar, a pesar de los minutos a carro que tengan que recorrer, la hora de ese momento había terminado y gente ya estaba saliendo de ahí platicando en silencio mientras el padre acomodaba las cosas que estaban en su mesa, recogió aquella copa que tenía un poco de vino y cerro la biblia, otro día más.
Samuel, viejo amigo, hace una eternidad que no te veo - esa voz, aquella que no escucho hace mucho tiempo se hacía presente nuevamente, como un sueño tan irreal.