Capítulo 11 Demonio #2
-Madre, necesito aire fresco, yo…- le susurro a su madre, pero ella solo negó con la cabeza sonriendo, expresándole con acciones un “no pasa nada, tómate tu tiempo”
Salió del lugar y solo se recargó en la pared cerca de la entrada, podía sentir una pequeña lagrima pasar por su barbilla, paso su índice en ese lugar para sentir la gota de tristeza que le trajo ese recuerdo.
“ahora entiendo por qué mamá me dejo salir”
Se limpió el rastro que esa lagrima le dejo y comenzó a hacer su ritual para calmarse, empezando a respirar de forma lenta y despejar su mente con alguna otra cosa, pensó en Kezef para eso.
Ese ángel apenas llevaba un día sin verlo y ya lo extrañaba, realmente le agradecía que la haya protegido, aunque aun así no logro comprender algunas actitudes, recuerda como comenzó a gritarle al aire como si hubiera alguien ahí, y, sobre todo, cuando una fuerza invisible lo volvió a meter a ese edificio del terror, no comprendía, pero estaba segura de que eso era tema de ángeles, un tema que no comprendería o no le conviene adentrarse tanto.
“sea lo que sea, agradezco que este bien, pero me pregunto dónde estará”
Suspiro para buscar en uno de sus bolsillos del pantalón un paquete de chicles sabor menta, sacando uno de estos para empezar a desenvolverlo e introducírselo a la boca, la sensación de frescura apareció en cuestión de segundos, eso la ayudo a relajarse aflojando un poco más su cuerpo, el día estaba tranquilo, la brisa era leve y no hacia tanto frio, estaba fresco.
Subió su mirada para observar a las aves que estaban descansando en la arquitectura del lugar, Olivia los observo con detenimiento, quedándose quieta e hipnotizada por los movimientos de esas aves, mirando esas blancas y claras plumas que agitaban para estar alzado en el aire.
La chica estaría concentrada en eso si no fuera un grito casi inaudible, muy difícil de escuchar si no estas en completa concentración, más que escuchar una palabra el ruido de algo es lo que hizo que mirara por todos lados, se quedó más en silencio, quieta, esperando a que algo más pasara, pero nada, el cantar de las aves y la brisa volvió a aparecer, sustituyendo aquel sonido que en algún momento llego a preocupar, Olivia se quedó en sus pensamientos dudando si creer en lo que había escuchado o simplemente ignorarlo y seguir en sus propios asuntos, antes de que tan siquiera se decidiera un tironeo en su pecho hizo que dejara de recargarse en la pared e incluso quitándole un poco de su equilibrio.
Es como si su pecho hubiera sido amarrado por una soga, misma soga que estaba siendo jaloneada obligándola a seguirle la inercia a esa fuerza, la única diferencia es que esa soga no era visible y la sensación era extraña, por cada jaloneo una intuición de que algo malo pasaba le recorría por sus pensamientos hasta el punto de dejarse llevar y seguir a donde sea que esa fuerza mágica la quisiera llevar, dirigiéndola a una puerta de madera en el suelo que no era tan fácil de observar pues el césped y los arbustos lo ocultaban lo suficiente, su instinto también la obligo a abrir esa puerta con ambas manos, era un poco pesada pero con esfuerzo logro abrirla mostrando una escalera de madera que claramente parecía llevar unos pares de años.
“vaya, al parecer mi corazonada solo me llevo a unas simples escaleras”
Quedo unos segundos mirando lo que alcanzaba a ver, lo cual no era mucho, la iluminación ni siquiera ayudaba a tener una vista más grande, estornudo por el polvo que cosquilleo en sus entradas nasales para seguidamente levantarse, decepcionada de alguna forma por no encontrar algo interesante.
Mastico unos segundos su chicle para seguidamente hacer esas características “globo de chicle” empezando a alejarse de ese lugar con las intenciones de volver con su madre, no quería preocuparla.
Pero un tironeo más fuerte y un golpe hacia el duro césped fue suficiente para cambiarle el día por completo a Olivia, su globo de chicle exploto y el sentir de ser arrastrada en contra de tu voluntad fue suficiente para poner a la defensiva a la chica tratando de encajar sus uñas en la remojada tierra, siendo al final inútil, pues así como vio a su ángel de la guarda ser arrastrado a la fuerza hacia ese edificio del que apenas habían escapado, ella estaba siendo tragada de igual forma hacia ese sótano, no pudo aguantar más y sus manos se aflojaron del cansancio empezando a ser arrastrado por las escaleras haciendo que cada escalón fuese un golpe horrible en el estómago o barbilla de la chica.
- ¡A-Ayuda! ¡¡Ayuda!!- era lo único que podía soltar sus palabras, pero por más que quisiese gritar más fuerte, su miedo y nervio se lo impedían estaba helada, en shock, otra vez
“no, no otra vez, este miedo otra vez no, por favor”
No pudo seguir lamentándose pues una fuerza externa hizo que se detuviera por completo, no era esa fuerza invisible, no, se sentía un aura más familiar, más cómoda y mucho menos abrumadora que la anterior, sintió un brazo sobre su estómago, brazo el cual todo su cuerpo se encontraba recargado haciendo que ambos brazos se columpiaran hacia adelante al haberle interrumpido esa inercia.
Volteo su mirada a su lado derecho para ver otra vez esos ojos verdes que tanto busco durante las noches, su ángel de la guarda, su salvador, desvió su mirada pues no podía aguantar la mirada directa por tanto tiempo, pero, aun así, una sonrisa de alegría no evito en aparecer, no era una gran sonrisa, pues ella no estaba acostumbrada a demostrar tanta energía, ella ya no era una niña, pero por otra parte, su ángel no tenía la misma radiante alegría al volverla a ver, parecía una mirada más seria, más concentrada, incluso apostaría que ese movimiento que hizo para salvarla no fue intencional sino más bien un instinto que él ya tiene en ayudar a cualquiera que esté en peligro, como lo hizo con ella de seguir cayendo en los escalones.
- Olivia, pensé que seguías con…- el ángel reacciono a sí mismo para luego poner ambas manos sobre ella ayudándola a recomponer su equilibrio, parecía pensativo, eso se notaba desde lejos
- ¿Con la psicóloga? Si, sigo yendo, pero me estoy mejorando, obviamente me tomara un tiempo, pero mi ma’ quiso venir a la iglesia a…despejarme, algo extraño me atrajo a este lugar y…te encontré, por suerte, te noto algo pensativo, ¿paso algo mientras no estaba?
- No, problemas de un amigo mío y… - miro a su alrededor al ver como unos ángeles estaban quietos ahí mirando con horror al humano, aunque otros lo veían con curiosidad, esa escena le causo gracia al ángel pues ver las actitudes de esos ángeles les parecía tan curioso, no podía creer que esos ángeles fueron alguna vez parte de la divina trinidad; nombre que se le da a cualquiera que sea o haya sido Ángel de la guarda, cazador o astrologo; - de ellos…
- ¿Ellos?, ¿Quiénes? - miro a la dirección donde miraba su ángel intentando ver si encontraba algo, nada, esto solo puso más preocupada a Olivia, ¿Kezef enloqueció?
Los ángeles suspiraron de alivio y siguieron en sus cosas tratando de ignorar el hecho que había una humana, aun que les parecía un poco difícil pues había unos cuantos que se quedaban parados unos segundos para mirarla, Kezef volvió a darle la mirada negando con la cabeza.
- Nada, vine aquí a darle un poco de privacidad a mi amigo, ya sabes.
- Si, cosas de ángeles, supongo que por como actúas y comienzas a mirar otros lados, me da una teoría que solo puedo verte a ti, ¿no?
- Si, este lugar, aunque no creas esta infestado de al menos, 20 ángeles, ahora mismo 3 te están viendo y uno de ellos está comentando lo lindo que es tu cabello- la chica se sobresaltó y toco su cabello dando pequeñas risas a lo bajo mientras que a la distancia se escuchaba una queja avergonzada por parte de Eban que estaba discutiendo algo junto con Helen y Naya; se le hacía lindo el estilo de cabello y no dudo en comentarlo a lo alto, mala idea; las cuales ahora le estaban molestando por ese comentario.
Olivia miro a su alrededor, le era raro, bastante raro, no podía creer que en ese lugar hay una cantidad grande de ángeles como Kezef, ¿que estarían haciendo?
, ¿cómo es que no los puede ver?, ¿Por qué estarán ahí?
, parecieran que estaban escondiéndose de algo o alguien, sabía que no podía preguntarle a Kezef, era algo seguramente privado, algún día le preguntara sobre todo esto, pero un escalofrío se le vino con el solo pensar que en cualquier lugar al que ella ha ido pudo haber la misma cantidad de ángeles o más, observándola, cuidándola o incluso pasando muy cerca de ella, era algo, extraño, nunca se podrá acostumbrar a ese tema de los ángeles y la magia, duda que algún humano adulto lo haga.
- De igual forma, me alegra verte, te notas mejor que la última vez - Kezef volvió a hablar, quiso mantener nuevamente contacto visual, pero fallo torpemente, este no se sorprendió ni entristeció, entendía a su humana, solo que no le costaba nada intentar.
La chica sonrió leve, pero la curiosidad no pudo más con ella y quiso saber la razón por la que tantos ángeles estaban aquí, en lugar tan peculiar y fácil acceso humano
- Pero no entiendo, ¿por qué tú y los demás están aquí?
, además, ¿cómo es que no puedo verlos? – Kezef rio un poco incómodo buscando las respuestas más fáciles de procesar, él no quería ocultarle nada a su humana, sabía muy bien que ella era una adulta ya, algo que, a comparación de Ethan, tenía más confianza que ella entendería; al menos superficialmente; y no contaría nada, uno ya nunca sabe qué tipo de oídos te escuchan al hablar
- Es difícil de explicar, pero todos estos ángeles fueron lo que soy, ángeles de la guarda, que, por decisiones y momentos del destino, hicieron que se dieran cuenta que…
ellos nos controlan, no lo sé, aun no sabes con su totalidad, pero sabemos que nos han estado mintiendo y ocultando cosas, te digo es… es difícil