Debajo de las Nubes (Debajo de las Nubes 1)
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Capítulo 1 Bienvenida
Y deben recordar como regla primordial, no pueden bajar de las nubes al menos que tengas el derecho justificado de hacerlo-
El edificio en el que se encontraba la señora y un grupo de jóvenes era una academia, pero no una academia cualquiera donde te enseñan matemáticas, química, física o español.
No, este espacio se encontraba muy lejano a nuestras comprensiones.
Aun así, si nos dedicamos a imaginárnoslo, un aura de nostalgia llegaría a nosotros y es que este lugar lo hemos escuchado en diferentes libros, en diferentes historias o cuentos.
Estamos hablando del cielo, el hogar de los ángeles, criaturas tan puras y delicadas cuyo símbolo de su belleza e inocencia son aquellas alas plagadas de plumas blancas que los jóvenes y señoras cargaban en su espalda en ese momento.
Cada ángel que estaba presente en ese momento venía de formas diferentes, con una variedad de estaturas, de color de ojos, de cabello, de complexiones y de etnias, todos únicos.
Los chicos se encontraban atentos y en silencio mirando la gran pizarra verde lleno de reglas, dibujos y datos por todos lados escritos en un gis blanco.
Hoy era el día de introducción a la nueva generación de cadetes aprendices a ser ángeles guardianes, el grupo era conformado por aproximadamente 12 integrantes.
La única manera de la que se puede tener contacto con los seres debajo de las nubes es teniendo una misión de ángel guardián, ustedes, al ser nuevos ingresados, tendrán áreas a las cuales podrán ir y otras no podrán.
Dio vuelta al gran pizarrón escuchándose un agudo chirrido del cual solo duró unos segundos, pero fue suficiente para incomodar a un par en el grupo.
El mapa tenía detalles e información de la academia y los edificios que la rodeaban cada sección siendo coloreada de diferentes colores.
Ustedes tendrán completo acceso a la Academia, donde se les enseñará lo esencial para ser un ángel guardián y también les explicarán los reglamentos y pasos a la hora que se les asigne un alma.
En otro caso, el área de combate no es asignado a ustedes, ya que solo los cadetes y egresados para ser cazadores pueden entrar a esa área, pasa lo mismo con la biblioteca para los astrólogos.
La señora seguía explicando, mientras con un gran palo delgado y café iba señalando cada sección cubriendo 3 de 5 secciones. Aún quedaba una gran parte que estaba coloreada de azul claro que contenía la gran parte del mapa y una pequeña sección alejada de todos los demás coloreada de rojo.
La sección azul claro es la ciudad, solo pueden salir si tienen un justificante para abandonar la academia. Recuerden que deben pasar el tiempo hasta que el sol se oculta.
Un silencio se hizo presente, la mayoría se dedicó a observar las expresiones de todos los cadetes para asegurarse que no hubiera alguien confundido o que no pareciera que estuviera poniendo atención en lo absoluto, al confirmar que todos estaban entendiendo prosiguió.
- Bueno como veo que todos entienden, puedo proseguir a presen…
- ¡Disculpe! Una duda.
Una mano delgada y pequeña estaba levantada haciéndose destacar, los demás solo observaron al que había interrumpido a su guía e incluso se apartaron de un poco para que la mujer pudiera observarlo mejor.
Era un joven de complexión delgada y débil siendo el más pequeño del grupo por unos cuantos centímetros, su piel era lisa y un poco acaramelada, no estaba tan bronceado, pero tampoco su piel era blanca, su cabello era de rizos y se notaba despeinado, el color de su cabello era café caramelo y sus ojos amarillos como el sol reluciente.
La guía se acomodó sus lentes para observar con detenimiento al chico que la había interrumpido, viendo su cara y reconociéndolo por esos ojos.
- ¿Si, Zerachiel?
- Hum, bueno para empezar, puede decirme simplemente ‘’Zera’’ y segundo, no mencionó nada de esa sección en color rojo.
La contraria dio un vistazo hacia el mapa frunciendo el ceño al darse cuenta de que era verdad, se le había pasado ese pequeño detalle que es muy importante.
- ¿Ah sí? Qué raro, bueno en ese caso, la sección roja es simple, es el área de ejecución, aquí es donde tanto cazadores, astrólogos y guardianes son expulsados hacia la tierra humana, donde llevarán a cabo su respectiva misión.
Es obvio que deben tener un justificante para entrar a estas áreas, además que es muy peligroso entrar sin preparación alguna, un inexperto puede lastimarse gravemente si esto sucede.
Susurros se escucharon, los jóvenes se murmuraban cosas entre ellos, todos tratándose de comentarios de duda e incluso algunos con nervios de no saber si serán lo suficiente para esta academia.
Pero Zera veía esa sección roja como un reto, prometiéndose a si mismo que llegará a ese lugar, que tendrá una misión tan importante que lo querrán mandar con los humanos lo antes posible.
Podría incluso cumplir su sueño de volverse un arcángel y ser parte del grupo importante de ángeles.
Sí, estaba seguro de que disfrutara todo el ciclo en la academia.
-Bueno eso es toda la información por ahora que necesitan, son libres de explorar la academia, cuando el reloj de arena baje es cuando las clases empezarán.
Apuntó a un gran reloj de arena de cristal, estando en una base elegante de oro el cual dentro de él se encontraba la arena más fina y limpia que se puede encontrar cayendo al otro extremo del reloj, indicando el tiempo que pasaba en ese lugar y sin decir más, la guía se fue de ahí caminando, escuchándose sus zapatos en eco por el lugar, dejando a los jóvenes con total libertad.
Algunos decidieron empezar a hablar entre ellos, otros a observar y admirar las hermosas pinturas que había y estatuas artísticas que se encontraban, el resto simplemente se dedicó a volar y empezar a explorar todos los pasillos.
Zera se quedó mirando el reloj dándole atención a la arena que iba cayendo frente a él, pasando miles de ideas y pensamiento en su cabeza de lo que haría en este lugar, lo que aprendería y lo que haría después de convertirse en un ángel de la guarda.
Zera, ¿quieres explorar?
Escuchó sobre su hombro una voz un poco más gruesa y apagada que la de él se giró para mirar a su amigo, Kezef, un chico más alto que él y con una complexión atlética, este tenía un cabello un poco más largo teniendo que sujetárselo en una coleta, aunque pequeños mechones salían de esa coleta, Kezef lo conoció en las inscripciones de la Academia, se llevaron bien al instante al darse cuenta de que compartían la misma meta y amor de convertirse en guardias.
- Si, claro, tenemos aun suficiente tiempo, aunque dudo mucho que podamos ir a todos los lugares.
- Ya te he dicho que no me incómoda para nada cargarte, se supone que debemos ayudarnos entre nosotros.
- Viviré con esta condición toda mi vida, así que es mejor que vaya acostumbrándome.
Kezef miro dudoso de su respuesta a su amigo, cuando se vieron por primera vez supo que Zera seria alguien único, aparte de su peculiar aura de optimismo también había algo en que destacaba el pequeño, sus alas, eran más pequeñas que las de un ángel promedio de la edad de ellos, no quiso preguntar nada en ese momento ya que sentía que lo iba a incomodar y solo se dedicó a observar, confirmando su teoría, ese día veía a varios ángeles tanto adultos como jóvenes volando de un lado a otro, mientras que Zera, él nunca lo intento en ningún momento.
Zerachiel tenía una discapacidad, sus pequeñas alas, tan débiles que se necesitaba una brisa fuerte para que el realmente pudiera volar, de lo contrario, no tendría las fuerzas para tan si quiera elevarse un poco, pero él nunca se demostró triste por eso, Zera amaba sus alas tal y como eran.
- Bueno, pero si una clase esta fuera de tu alcance, te llevaré cargando, aunque te quejes.
- Veremos si puedes aguantar a este pesado ángel.
- Apuesto a que pesas menos que un par de uvas.
Ambos rieron levemente mientras caminaban adentrándose aún más a los grandes y altos pasillos del lugar, el entorno en el que se encontraban era claramente el cielo, desde los grandes ventanales podía observarse como las estructuras de edificios, campos, jardines y parques estaban construidos encima de esas grandes masas de gas blanco, las nubes, las estructuras tenían un estilo un poco más moderno si lo comparamos en los años que se encontraban en ese presente.
Esta ciudad tenía poco de haberse fundado, fue de las últimas que se creó después de los acontecimientos de la edad oscura, esta ciudad fue creada sobre todo para la academia, los arcángeles sabían que el trabajo de cuidar, proteger y sancionar a los humanos se vería más difícil conforme las épocas transcurrían, decidiendo que lo sería que futuros ángeles que vinieran a esta vida tendrían la oportunidad de apuntarse y ser parte de un grupo importante, la conexión más cercana que los ángeles comunes tendrán para saber sobre el mundo humano.
Muchos ahora mismo tendrán una imagen clara de cómo es el cielo, ya sea gracias a escrituras bíblicas, menciones de algún familiar o por simplemente tener un poco de conocimiento sobre la cultura popular, todos tenemos al menos un aspecto de los siguientes en común: un lugar blanco, espacioso, lleno de nubes, con voces dulces y melodiosas de los ángeles, un lugar lleno de paz, de armonía, el paraíso para los santos.
En parte, no te equivocas de esa imagen, pero en este cielo, es más moderno, no cantan todo el momento, tampoco andan desnudos como aquellos angelitos que solemos ver en san Valentín, no, tienen vidas propias, metas, gustos, hobbies e intereses únicos, son casi humanos.
Casi humanos.
Los amigos se quedaron viendo en un gran ventanal que daba directamente a la vista de ese gran campo de entrenamiento, campo que se encontraba lo suficientemente encerrado para que no vieras mucho de lo que sucedía adentro, pero los jóvenes sabían que se encontraban practicando ya que en ciertos momentos se podían distinguir grandes alas asomándose de los pocos espacios que tenían abiertos.