De todo corazón Capítulo veinte
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Capítulo veinte

Grace condujo como una posesa por el camino de tierra hasta el rancho.

Frenó en seco y salió disparada, echó a correr y se desplomó sobre sus tacones.

—¿Dónde está? —exigió—. ¿Dónde está Jake?

Marv la ayudó a levantarse.

—Tranquila, tranquila. Cálmate.

—¿Calmarme? No vuelvas a decirme eso en tu vida.

Lo dejó atrás y fue hacia Madison, que estaba hablando con un ayudante del sheriff.

—¿Dónde está? Madison, ¿dónde está?

Madison se disculpó con el ayudante, que cruzó el césped para reunirse con los demás. Eran casi las cinco y parecía que los otros chicos ya se habían ido. Un helicóptero sobrevolaba amenazante.

—No lo sabemos —dijo Madison—. El... el helicóptero todavía no lo ha localizado, así que creemos que se ha refugiado a la sombra en algún sitio.

—Dios mío —dijo Grace—. No puedo perderlo. No puedo perderlo, Madison.

Madison la atrajo hacia sí para abrazarla, pero ella le golpeó los hombros con los puños.

—¿Dónde está? ¿Dónde está?

—Shh, lo encontraremos. Lo encontraremos.

Madison la estrechó con fuerza y sintió cómo su frágil cuerpo temblaba entre sus brazos.

—Vamos a rastrear su tobillera electrónica, ¿vale? Así lo encontraremos.

—Algo va mal —dijo—. Ya deberían haberlo encontrado, con un helicóptero y el departamento del sheriff. Es un chico en un caballo negro, Madison. ¿Tan difícil es encontrarlo?

Marv apartó la mirada y Madison se separó de ella. Tenía los ojos nublados por la preocupación.

—Grace —dijo—. No creemos que quiera que lo encuentren.

—¿Crees que se está escondiendo?

—Quizás.

—Pero ¿por qué? ¿Por qué haría esto?

—Esperábamos que tú lo supieras. Dejó una nota en el establo de Draco. Decía «No volveré».

—Oh, Dios. Oh, Dios.

Los sollozos la dominaron. El mundo se cerraba a su alrededor. Jake no. Jake no.

—¿Grace?

Madison la ayudó a llegar al patio, donde la sentó a la sombra.

—Estás sangrando —dijo mientras le tocaba la pierna.

—No me importa.

Apartó la pierna de sus cálidos dedos.

—Lo único que me importa es Jake. ¿Cómo pudiste dejar que esto pasara? ¿Cómo?

Madison se removió incómoda y juntó las manos.

—Intenté llamarte hoy. Antes, antes de que pasara nada de esto.

—¿Por qué?

—Para averiguar qué estaba pasando entre tú y él.

—¿A qué te refieres?

—Grace, estaba muy alterado. Y dijo algunas cosas que me preocuparon. Como que era una carga para ti y que tu casa no era su hogar. Que pronto no tendría dónde quedarse.

Grace sintió que las lágrimas volvían.

—¿Dijo eso?

—Sí. Dijo que no hablas con él y que lo único que haces es trabajar.

—¿Dijo que no tenía un hogar?

—Sí.

Cerró los ojos.

—No debería habérselo dicho. Simplemente no debería habérselo dicho.

—¿Decirle qué?

—Que su madre dejó la rehabilitación. Nosotros... nadie puede encontrarla.

—Oh, no.

—Y eso no es todo.

Vaciló, luchando contra las lágrimas.

—Gabby dejó una nota. Decía «No volveré».

Madison aspiró bruscamente.

—No debería habérselo dicho.

—Bueno, tenía derecho a saberlo.

—Sí, pero ahora piensa que no lo quiero. Piensa que no tiene hogar. Piensa que voy a deshacerme de él.

Soltó una risa amarga.

—Llegué a pensar que le preocuparía que ella viniera a buscarlo. O que intentaría encontrarla él. Vaya, qué equivocada estaba. Supongo que él la conoce mejor que yo. Se ha ido para siempre y no va a volver.

—No puedes estar segura de eso.

—Sí, puedo. Lo estoy. No la volveremos a ver. No después de esta vez. Quiere desaparecer. Sabe que tengo a Jake, así que ahora es completamente libre. Se ha ido, Madison.

Madison le tomó la mano.

—Ven —dijo—. Entremos.

—No. No puedo. No hasta que encontremos a Jake.

Rompió a llorar.

—Lo quiero tanto y él no lo sabe, ¿verdad?

Madison no habló, pero tampoco le soltó la mano.

—Todo es culpa mía. Empezó a pasar más tiempo contigo y me puse celosa y dejé que el trabajo se apoderara de todo. Él... él estuvo intentando decírmelo todo este tiempo y lo ignoré. Soy horrible.

Se hundió con la cara entre las manos, deseando morirse. Si algo le pasaba, nunca se lo perdonaría.

—No eres horrible —dijo Madison.

—No, por favor. No lo decía para que me consolaras. Me he portado fatal de verdad. Dios mío, si algo le pasa... ¿No podemos hacer nada? Me siento tan impotente aquí sentada sin hacer nada. —Se levantó e intentó acercarse a los agentes.

—No nos dejarán, Grace. Quieren que nos quedemos aquí.

—¡No puedo quedarme aquí sentada sin hacer nada!

—Lo siento.

—¿No puedo salir a buscarlo en mi coche?

—Tienen hombres ahí fuera a caballo y en todoterreno. Por no hablar del helicóptero. Lo encontrarán, Grace. Te lo prometo.

Pero Grace no quería oírlo. No podía soportar oírlo. Puede que lo encontraran, pero ¿estaría bien? ¿O ya se habría hecho daño de alguna manera? ¿Y si el caballo lo había tirado otra vez?

Corrió hacia los establos con el estómago revuelto.

No había comido en todo el día. El juicio había terminado y estaban esperando al jurado, pero sinceramente le daba igual el resultado.

Lo único que quería era que Jake volviera.

Y mientras tanto, no soportaba quedarse allí de brazos cruzados. Necesitaba sentirse más cerca de él.

El establo estaba caldeado y olía a heno y estiércol. Se dirigió al primer compartimento y abrió la puerta. El potro se mostró receloso al principio, pero luego se acercó a ella cuando se arrodilló. Mientras aspiraba su olor y sentía su aliento, rompió a llorar.

*

—Grace, Grace. —Marv le estaba sacudiendo el hombro.

—¿Sí? —Se incorporó de golpe junto con el potro.

—Tengo buenas noticias. —Sonrió—. Lo encontraron.

—¡¿Qué?! —Se puso de pie—. ¿Está bien?

Marv asintió. —Va a estar bien.

Se lanzó a sus brazos y lo abrazó con fuerza. —Oh, gracias. Gracias, gracias, gracias. —Luego se volvió y besó al potro—. Gracias, Colby.

—¿Colby? —preguntó Marv mientras ella salía corriendo del compartimento.

—Ese es su nombre —respondió a gritos—. Él me lo dijo.

Grace se quitó los zapatos y salió corriendo de los establos.

—¿Dónde está? —le preguntó al primer hombre que vio.

El hombre señaló un todoterreno que se acercaba.

Grace corrió tras él mientras el vehículo aminoraba la marcha, y cuando se abrió la puerta, agarró a Jake del brazo, tiró de él hacia fuera y lo abrazó con fuerza.

—Dios mío. Dios mío —sollozó junto a su oído—. Ay, cariño. Cuánto me alegro de que estés bien.

No podía soltarlo. Quería tenerlo a salvo entre sus brazos para siempre.

—Te quiero. Te quiero muchísimo —dijo, sujetándole el rostro—. ¿Me oyes? Te quiero y te quiero conmigo. Quiero que tengamos un hogar.

El rostro de Jake se contrajo y rompió a llorar. —Lo siento, tía Grace. Lo siento mucho.

Lo abrazó más fuerte y le acarició el pelo. —Está bien. Ahora está bien.

Se abrazaron y lloraron mientras el agente los guiaba hacia la ambulancia.

Grace temblaba sin dejar de medio abrazarlo.

Tenía la piel quemada por el sol y estaba sucio.

El pelo, revuelto y cubierto de sudor y polvo resecos.

Pero parecía vivo y fuerte. Sus ojos brillaban, llenos de pesar. Nunca lo había visto tan guapo.

—Te quiero, Jake —dijo, apoyando la cabeza en su hombro.

—Yo también te quiero.