ELLA / tinta
Tobillo
(Nueva York, veinticuatro)
Ella vuelve sola a casa y ahora mismo se conformaría con poder hablar con su compañera o compañero, pero las dos puertas están cerradas.
En c-a-s-a todos duermen y tampoco podría hablarlo con ellos.
Solo puede hablarlo con alguien que no conozca a Arnau.
Prueba suerte con Thiago, que volvió a São Paulo hace unos meses.
Él contesta enseguida y coge al vuelo, también enseguida, la energía del otro lado.
La escucha con ternura, dejándola navegar por todas las emociones que se revuelcan en su corazón, que ahora también pasan por la culpa de no haberlo sabido antes y no haber podido acompañarlo.
Y todo el sufrimiento que debe de haberse perdido.
Agradece la mirada dulce de Thiago y lo mira también con dulzura, echándolo mucho de menos y queriendo abrazarlo.
Thiago le dice que está muy guapa con las mejillas rojas.
Ella piensa que menos mal que ya no está porque, si no, un día como hoy sí se iría a la cama con él.
Sábana
(Filadelfia, veintitrés)
La vida con sus siete compañeros la divierte.
Los martes juegan al Catan y los jueves ven Archer .
Dicen que los miércoles estudiarán hasta tarde, pero siempre acaban encadenando partidos de hockey sobre hielo en la consola.
Hace tres sábados empezó a jugar al fútbol con el equipo mixto de uno de ellos.
Todos son estudiantes de posgrado, la mitad hacen Derecho y la otra mitad Arquitectura.
Han perdido la mayoría de los partidos, pero ella va encantada, contenta de pertenecer.
Se ata bien las botas y se pone espinilleras dobles para encajar las patadas con tacos, que no hacen distinciones de género.
Como no controla bien el balón, no se fían de pasárselo.
Siguen convocándola porque necesitan como mínimo a cinco chicas.
Se pasa los partidos arriba y abajo, resoplando y jugando a su propio juego.
A veces uno de ellos, el extremo derecho, sí le pasa el balón, pero protegiéndola, corriendo a su lado como un guardaespaldas para que pueda avanzar un par de metros. Es una manera de ligar muy deportiva.
Hoy le han dicho que después del partido irán todos a un bar del centro a tomar algo.
El extremo derecho le pregunta si se apunta y ella le dice que sí, pero que antes quiere pasar por casa a ducharse.
Cuando está secándose el pelo recibe un mensaje de Polo, que le pregunta si quiere ir a ver The Penis Soliloquies , un show de spoken word [173] que harán en su casa.
Han pasado cuatro días desde el corte de pelo y dos desde el beso de merluza congelada.
Tiene poco interés en ver la testosterona en acción, pero tiene curiosidad por ver a Polo.
Se pone unos vaqueros ajustados y escribe en el chat del equipo que se quedará en West Philly.
El extremo derecho le contesta: «Too bad, see you next week! » . [174]
Se sienta al lado de Polo, que le ha reservado un sitio en primera fila.
Él está sentado con las piernas estiradas hacia delante y los brazos rectos apuntalados en la m-o-q-u-e-t-a.
Su brazo izquierdo queda justo detrás de la espalda de ella y puede apoyarse en él.
Se siente bien; no está nerviosa, le gusta gustarle.
Lo que no le gustan son las reacciones del público para mostrar que una frase los emociona, en lugar de aplaudir.
Algunos hacen crujir los dedos, que no le parece tan feo.
Pero otros hacen «mmmmmm» y «ajá» y «ou yeah, mmmmmm».
La incomoda porque son sonidos indudablemente íntimos y sexuales.
Ella no sabe crujirse los dedos lo bastante fuerte para que se oiga y es incapaz de hacer un «mmmmmm» delante de tanta gente. Prefiere que la consideren estirada.
Sale a actuar una chica pelirroja a la que ya vio en el primer trimestre actuando en The Vagina Monologues .
En un tono monótono imperturbable, recita toda la letra de «Creep», que al principio el público no reconoce.
Enseguida consigue lo que quiere: incomodarlos a todos con la belleza no normativa que representa.
Cuando termina, ella se levanta con los demás para aplaudir, así sí.
La otra vez que la vio había recitado «Toxic» y había tenido un efecto similar; había actuado después de una chica que había dicho c*** [175] con mil entonaciones diferentes, y la combinación había sido orgásmica.
Las dos horas han pasado volando y de tanto hablar de cuerpos el ambiente ha ido calentándose.
Polo le dice si quiere ir a comer algo. Caminan hasta el Fiume, el bar clandestino de West Philly, que está en el segundo piso de un edificio residencial.
Toca una banda de bluegrass. Reconoce al del contrabajo, es el que lleva la librería de viejo del campus, el que es padre de una amiga de Polo.
Lleva el pelo largo y se mueve lentamente pinzando las cuerdas.
La chica que hace los altos canta como un ángel y Polo le susurra al oído: «This sound plucks my heart ».
[176] Se apunta la palabra para buscarla después.
Si ya han salido del show calientes, la voz sensual de la chica y los graves del contrabajo han terminado de ponerlos a tono.
Van directamente a casa de ella. Todavía no se han besado, pero, justo antes de entrar por la puerta, él la agarra por la cintura y le pega un morreo para asegurarse de que ella sepa cuáles son sus intenciones cuando suban.
En la habitación pasan rápido de los besos al sexo y ella lo hace por primera vez en inglés.
No es que sea de hablar mucho, pero alguna instrucción sí le gusta dar.
Ahora se encuentra haciendo un personaje y aprendiendo qué palabras pueden decirse en un contexto así.
Prueba con yeah [177] o more [178] o faster , [179] y todo le suena demasiado explícito, con lo fácil que es el «dale caña».
No puede pensar mucho más porque iban tan lanzados que ya han terminado.
Si no hubiera estado pensando en la lengua, podría decir que se ha sentido muy a gusto.
Él sí está a gusto. Se tumban desnudos, mirándose, y él le dice que tiene ganas de ver hacia dónde va esta historia, y, si no, irá a visitarla cuando esté casada con un catalán con barba y mayor que ella.
Ella se ríe emocionada de subir al barco y dejar a los sapos catalanes guardados en el cajón.
Por la mañana, ella se despierta antes y lo mira, tumbado bocabajo, con el culo medio tapado por la sábana rosa y el tatuaje del avión de papel en la espalda.
Le hace una foto de extranjis. Él se despierta con el clic del móvil, que no estaba silenciado.
Se ríe de ella y se gira como un modelo para que le haga fotos bocarriba.
Ella no se atreve, pero le encanta verlo tan cómodo con su cuerpo y con la vida.
Tan libre de juicios, tan salvaje, tan desnudo, tan Mowgli.
Lo mira mientras Polo se viste deprisa porque llega tarde a clase. Se despiden con un beso suave.
Ella va al baño y se ducha con las chanclas puestas porque lo comparte con tres de los siete cerdos.
Desayuna cereales con agua porque, cuando compra leche, los chicos se la beben toda.
Vuelve a la habitación y abre el ordenador para avanzar un poco antes de su primera clase.
Tiene un correo de Polo escrito en mayúsculas, como es él.
Para: [email protected]
Fecha: cinco minutos después de marcharse
Asunto: YOU
HEY YOU. YOU ARE FANTASTIC. AND I WANT TO SPEND MORE TIME WITH YOU BECAUSE YOU MAKE ME SMILE.
AND I THINK I MAKE YOU SMILE TOO… WHICH MEANS THAT TOGETHER WE SMILE.
AND THAT, I AM SURE, IS A GOOD THING. YOU FEEL BETTER THAN A WARM BATH DURING A SNOW DAY, AFTER I’VE PLAYED OUTSIDE AND CAN’T FEEL MY FEET.
YOU SOUND BETTER THAN THE OCEAN WAVES SMASHING INTO THE CATALAN COAST. YOU LOOK BETTER THAN THE OPEN SKY, DOTTED WITH CLOUDS AND A FEW BIRDS, REMINDING US THAT THE SKY IS NOT FAKE.
IT IS ALL REAL. FUCKING YOU IS LIKE RIDING TWO TRAINS MOVING IN THE OPPOSITE DIRECTIONS AT THE SAME TIME –MY BODY GETS TWISTED BY THE MOVEMENT AND ALL I CAN FEEL IS THE FACT THAT I’M GOING SOMEWHERE…
ENJOY IT ALL. DAMES UN PETO!!! UN PETO GRANDE. [180]
Firma
(Barcelona, veintisiete)
No ha querido ir a juicio. Mr. Batakis ha intentado insistir porque sabe que, si van, recibirán más dinero, pero ha visto que ella no tiene ningún interés.
Está harta de los informes de los médicos, que empiezan siempre con: «This is a very pleasant 24-year-old female with no significant past» [181] o «This is a very nice female who was involved in a motor vehicle accident».
[182] En las primeras dos visitas creyó que era mérito suyo, que les había caído bien y por eso lo dejaban por escrito.
En la tercera empezó a sospechar, y en la cuarta aceptó con humildad y humillación que lo establece el protocolo, lo ponen para informar de que el paciente se ha mostrado colaborador. Mantequilla de la mantequera.
Antes de la declaración quizá no era del todo consciente de cuánto le había afectado el accidente, pero después de la declaración ya no ha querido saber nada más.
Había sido muy duro. Los abogados defensores ensañándose por encontrar alguna grieta en su historia, pinchándola para que dijera algo que pudieran utilizar después en su contra.
Ella tomándoselo como un examen, intentando contestar todo lo que podía, lo más deprisa que podía, con las lágrimas en fila, defendiéndose con los dientes contra los defensores del que la había atropellado.
El que la había atropellado, que en su declaración había dicho que se había marchado del lugar del accidente antes de que llegara la ambulancia porque la vio bien en el suelo, que respiraba. Que respiraba, el hijo de su madre.