¡De cabeza! ELLA / casco #3
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ELLA / casco #3

Se pone la chaqueta gruesa de plumas y cuando abre la puerta de la habitación se encuentra a Polo a punto de llamar.

Se disculpa diciéndole que la puerta de la entrada estaba abierta y que se ha encontrado a uno de sus compañeros comiendo frutos secos en la cocina y le ha dicho que subiera al tercer piso, que la habitación que buscaba era la del fondo.

Se ríen incómodos y ella le dice «vamos».

[56] Hasta ese momento se han comunicado en inglés, pero, a partir de ahora, cuando ella se ponga nerviosa, le hablará en castellano, como si así pudiera transmitir lo que le diría en catalán.

El mexicano está cerrado y Polo la lleva a una pizzería.

Ella está contenta con el cambio porque ve que las pizzas son gigantes.

Cuando les llevan la carta se pone a salivar al ver todas las opciones.

Le preocupa que, al ser tan grandes, Polo le pida que compartan una.

Como no le dice nada, cuando llega el camarero a tomar nota, contesta efusivamente que ella quiere una de queso azul con beicon y nueces.

La camarera que atiende la mesa de al lado le hace «shhh», y ella piensa qué tía más idiota.

Polo le explica que es un restaurante silencioso, que quiere decir que hay que hablar bajito, y quien eleva el tono recibe un aviso amistoso.

Mira a su alrededor y ve que es verdad que todos los comensales hablan en voz baja.

Se fija también en la decoración ecléctica del local, cuadros con colores estridentes de gatos astronautas.

Pasa toda la cena escuchando hechizada lo que le susurra Polo.

El curso pasado, en lugar de ir de intercambio a Europa, hizo el año entero desde un barco, navegando por el Atlántico.

Es un programa que promueve el aprendizaje alternativo combinando las materias de la carrera con nociones de navegación y supervivencia.

Ella, cautivada. Le había gustado mucho porque el sistema educativo normativo se le queda un poco pequeño.

Solo fue a la escuela para hacer el bachillerato; hasta los dieciséis estuvo escolarizado en casa, con su padre biólogo y su madre química como profesores.

Ella, fascinada. No seguían horarios fijos ni nada de eso; sus padres son muy hippies, y todo funcionaba más bien según los intereses que él y sus dos hermanos mayores mostraban.

A los diez años, por ejemplo, se obsesionó con el monopatín, y una de las actividades del curso fue construir desde cero una half-pipe [57] en el jardín.

O cuando quiso hacerse un tatuaje, a los quince años, tuvo que aprender a tatuar.

Lleva un barco en el gemelo que le hizo su hermana, una cara sonriente en el muslo hecha por él mismo y un avión de papel en la espalda que le hizo su hermano.

Ella escucha con su piel virgen y sus libretas de colores: la roja de castellano, la verde de catalán, la naranja de naturales, la amarilla de sociales y la azul de matemáticas.

Este verano se va a Alaska a pescar salmones con su mejor amigo.

Pasarán ocho semanas en un barco comercial en Kodiak y pueden llegar a cobrar hasta veinte mil dólares.

Dice que es un trabajo muy duro y muy físico, pero que debe de ser brutal vivir la experiencia.

Con el dinero que gane viajará medio año por el sudeste asiático.

Ella no puede añadir mucho más que un asentimiento continuo con la cabeza.

No es que él no la deje hablar ni que tema hablar demasiado alto, es que no sabe qué decir para no evidenciar que, en comparación, su vida no ha sido ni espera que sea siquiera la mitad de interesante.

No es consciente de que solo por ser extranjera y tener un acento exótico ya es interesante.

Al salir, notan los grados de la noche. Rehacen lentamente el camino por el que han ido.

El cielo está despejado y Polo la detiene de vez en cuando para que mire esta estrella y esta otra.

En el barco aprendió navegación astronómica.

Ella le sigue la corriente y no le dice que cuando está oscuro no ve una mierda.

Están ya a unos metros de su casa y Polo se para y le dice: «Hey, this was nice.

You know, I like spending time with you, but…

». [58] Qué vergüenza, Polo debe de haberse dado cuenta de que ella se está colgando y quiere pararle los pies antes de que la haga sufrir.

Se le encoge el estómago lleno de pizza y no sabe dónde meterse.

Él sigue hablando, pero ella no lo escucha porque está lamentando haberse mostrado demasiado entregada.

Echa de menos su casco; lo bien que le iría ahora para esconderse.

Cerrar la visera y de repente ser Daft Punk respirando el aliento avergonzado.

Vuelve a sintonizar porque ya están en la puerta y pilla el final de frase: «…

excited to see where this goes». [59] Lo mira con cara de merluza porque no acaba de entender de dónde viene la frase y él le da un beso suave en los labios.

Se queda petrificada y no mueve los labios helados porque se muere de vergüenza.

Él se echa hacia atrás y le dice sonriendo: «Good night, ragazza». [60]