Daybreak (Universidad Sorrowsong 2) Prólogo
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Daybreak (Universidad Sorrowsong 2)

Daybreak (Universidad Sorrowsong 2)

Por Autumn Woods

© inepub.com

Prólogo

¿Sabes lo frustrante que es confiar en alguien, darle la oportunidad de convertirse en tu última esperanza, creer que podríais entablar una amistad, y que todo acabe siendo una farsa?

No sé de qué me sorprendo. Todo el mundo, absolutamente todo el mundo, me ha decepcionado.

Cuando muera, no habrá lápida ni funeral. Caeré en el olvido.

Solía pensar que la bondad era genética, que las personas malas nacían malas y las buenas estaban destinadas a serlo desde su nacimiento.

Sin embargo, ahora veo lo mucho que me equivocaba, pues he presenciado mi propio deterioro: pasé de ser un bebé de ojos brillantes y lleno de esperanza, a una persona adulta, vacía y amargada, que lo único que desea es que le ocurran cosas malas a los demás.

En la mesa de la cocina, la cual se está pudriendo a causa de la humedad, como el resto del motel, miro mi móvil fijamente. Observo una foto borrosa de dos personas de pie junto a un hombre moribundo, un hombre que merecía morir.

Todos merecen morir. La chica, el profesor, los empresarios. Todos y cada uno de ellos merecen morir.

Paso de las fotos a los mensajes. Descubrir que Ophelia Winters tenía un acosador no fue ninguna sorpresa. Parece acumular enemigos con tanta facilidad que casi resulta admirable.

Han pasado dos días desde el último mensaje que le envié, pero no he obtenido respuesta. Miro por la ventana, aunque apenas hay visibilidad debido a la lluvia ensordecedora.

Me suena el portátil al recibir una notificación de una página de mensajería encriptada.

Anónimo Lo he comprobado, ha vuelto a la universidad.

Su silencio es mi respuesta. Si no quiere venir a mí, tendremos que hacerlo por las malas.

Anónimo He acabado. Cualquier otro trabajo se paga aparte.

Suelto una risa fría y seca; mi aliento se convierte en una nube blanca ante mis ojos. No podría pagar a otro hacker aunque quisiera. No me queda nada. La casa, las joyas, el dinero. La familia, las esperanzas, los sueños. Todo ha desaparecido.

No soporto más esta vida. Estoy preparada para irme.

Pero ¿irme sin ver a esa chica Winters suplicando por su vida, pidiéndome perdón? Nunca.