Dark Arcangelo Prólogo
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Dark Arcangelo

Dark Arcangelo

Por Mila Lamboglia

© inepub.com

Prólogo

24 de marzo.

La noche es acogedora, hay un cielo despejado y estrellado que acompaña mi celebración. El ambiente es definitivamente agradable, es el tipo de ambiente que se espera de una reunión familiar, en donde no hay límites para las risas y el amor. En conclusión, algo me dice que será la mejor noche de mi vida.

La reunión se acaba a altas horas de la madrugada y me siento infinitamente cansada, pero con la poca energía que me queda decido subir las escaleras hasta mi habitación para poder dormir al fin. En el recorrido hacia este no puedo dejar de sonreír por todo lo ocurrido esta noche. Los recuerdos vienen a mi vívidamente, aun puedo sentir la crema del pastel en toda mi cara ya que los gemelos creyeron gracioso untar todo mi rostro con ello o cuando tomaron las velas y decidieron cortarle las mechas para que no pudiéramos encenderlas. La verdad es que se llevaron una buena reprendida por parte de mamá.

Al llegar a la habitación por poco y me falta arrastrarme hasta la cama, ya que, desde donde yo la veo me parece más lejana que nunca, también cabe destacar que los pies no han dejado de dolerme de tanto bailar y sin pensarlo dos veces caigo estruendosamente en el borde de la cama y arranco de una patada los zapatos. Con los pies desnudos tocó el suelo ligeramente frío con enorme satisfacción, de alguna forma esto relaja mis doloridos pies.

De repente una ráfaga helada entra por mi ventana, instantáneamente me abrazo sintiendo como mi piel se eriza, es extraño que la ventana esté medio abierta, estoy casi segura de que la había cerrado antes de bajar a la fiesta.

Con gran pesar y sufrimiento para mis doloridas piernas, me encamino hacia la ventana para cerrarla y detener la repentina ventisca, al acercarme un poco más veo una sombra con forma de persona reflejada en el suelo, sin pensarlo dos veces levanto la vista y no puedo evitar paralizarme en mi lugar.

La sombra misteriosa se convierte en lo que parece un hombre joven, intentó enfocar mejor la vista, pero se me dificulta por la oscuridad que nos rodea, sus facciones están casi ocultas por las sombras, pero de alguna forma puedo percibir una media sonrisa desde la penumbra.

—¿Quién…? —pregunto dubitativa y confusa, definitivamente aterrorizada por la misteriosa figura.

—¿Eres Jane? ¿Cierto? —pregunta a su vez una voz profunda, ignorando completamente mi pregunta o el intento de ella.

—Sé cuál es mi nombre, pero me gustaría saber el tuyo —digo con firmeza, intentando parecer valiente.

Fracasando enormemente.

—Es un placer, Domina —dice en un idioma que no entiendo.

—¿Qué eres tú?, oh, no, lo siento, ¿quién eres? y ¿Y qué haces aquí?

—Haces muchas preguntas, cielo —dice con arrogancia, saliendo lentamente de las sombras—. No deberías temerme.

—¡Respóndeme de una vez!

—He venido a cuidarte —susurra finalmente.

—¿Por qué?

—Descúbrelo.

✦

25 de junio.

Nueve años después.

—¿Cómo vamos a llamarla?

—Emma —responde él con ojos brillosos y la felicidad impregnada en su rostro.

—Es preciosa, la niña más hermosa que he visto en mi vida, mi pequeño ángel… —susurro y no puedo evitar soltar una lágrima al apreciar el precioso ángel que sostengo en mis brazos, es tan hermoso y frágil… mi niña, nuestra bebé.

—Igual a su madre. —Me sonríe y eso es suficiente para dejarme sin respiración.

Mi mirada se centra en mi amado esposo. No existe tesoro capaz de igualar este instante. Quizás sus palabras no expresan el infinito amor que siente por nuestra hija, pero su mirada lo dice todo. Lo veo y me dan ganas de llorar porque siento exactamente lo mismo que él: amor, orgullo, admiración y felicidad. Pero también melancolía, por el deber que tiene que cumplir y eso me entristece aún más, pero intento que no se me refleje y me enfoco en sus movimientos. Se acerca lentamente y le da un dulce beso a nuestra hija en su arrugada frente y la mira una vez más antes de acercarse a mí y sin esperarlo deposita un dulce y casto beso en los labios.

Se toma su tiempo antes de volver. Esta meditando lo que tiene que decir, lo peor es que sé que es y no quiero escucharlo.

Lastimosamente la decisión ya está tomada.

—Ya es hora —anuncia.

—¿Estás seguro? —la decepción es palpable en mi voz y las ganas de llorar regresan con fuerza, pero me resisto a hacerlo.

—Sí… —exhala. Su voz suena cansada y triste; desde donde lo veo, parece haber envejecido varios años— lo sabes, los arcángeles me estarán buscando y conmigo cerca ustedes corren peligro, lo mejor será que desaparezca por un tiempo.

—¿Cuándo volveré a verte? —busco respuesta en sus ojos, pero todo lo que encuentro es una mirada triste.

—No lo sé, no deben encontrarla o lo más probable es que la maten —hace una pausa, suspira y continúa— es única en su clase...

—Pero tú eres quién me protege, nos protege, ¿cómo vamos a sobrevivir sin ti? ¿Qué vamos a hacer si no estás?

—Eres una mujer fuerte e inteligente sabrás que hacer —dice tomándome por los hombros—. Se que podrás criarla con todo el amor de ambos, conozco tu corazón y conozco tu fuerza, cielo, sé que podrás. Yo trataré de comunicarme contigo lo más que pueda para saber cómo están, pero por el momento no, es demasiado peligroso.

—¿Dónde irás? —La desesperación de la perdida de mi esposo es lo que más me preocupa, quizás sean las hormonas o que hace menos de tres horas acabo de dar a luz. No sé qué sea, pero no deseo esto.

—No lo sé, buscaré algún refugio —dice inseguro. Introduce su mano en uno de los bolsillos de su chaqueta y me entrega lo que parece una carta—. Toma esto y entrégaselo cuando cumpla los dieciocho años, van a haber cambios en su vida y estará confundida. No nació como cualquier otro humano y esa marca en el brazo no la tiene solo por pura coincidencia.

La carta es un sencillo sobre blanco con el nombre de Emma escrito en tinta negra. Está sellado y, al moverlo entre mis manos, noto un objeto en su interior. No es pesado y me da curiosidad abrirlo, pero es algo que mi hija deberá leer cuando llegue su tiempo.

—Claro, lo haré.

—Una cosa más, prométeme que vas a cuidarla. Ella corre un gran peligro y necesitará vigilancia constante. No le hables de mí ni de nosotros; si pregunta, invéntale una historia. Lo mejor será que crezca como una niña normal, aunque no lo sea. Cuando cumpla dieciocho años, el peligro podría volverse real y es probable que la encuentren. Ten cuidado en quién confías. Si algún ángel o arcángel se presenta ante ti, pídele ver sus alas. Recuerda que los demonios las tienen de cuero y los Nefilim no tienen. Prométemelo. —Sus ojos me miran con urgencia. Quiero cumplir cualquiera de sus peticiones, pero todo aquello me aterra demasiado. Me quedo petrificada imaginando lo que podría pasar si algo sale mal. Él lo nota de inmediato y toma mis manos para sacarme de mis cavilaciones— Por favor.

—Claro, lo prometo, pero ¿seguro que vamos a estar bien?

—Mientras ella esté en tu vida, ocupará mi lugar.

Lo único que hago es mover la cabeza afirmativamente porque el cúmulo de emociones que me alberga no me dejan transmitir ningún sonido. Él vuelve a sonreír melancólicamente, soltando mis manos y tomando un respiro para hablar nuevamente.

—Te amo cielo —se acerca a mí y me da un último beso. Se separa lentamente y acerca su frente con la mía, me mira a los ojos y me da otro beso más corto esta vez mientras lo escucho susurrar— Nos veremos algún día mi amor.

Se separa de mí y nos dedica una última mirada antes de marcharse de la sala privada del hospital. El corazón se me parte al ver al amor de mi vida alejarse de mí, de lo que pudo haber sido nuestra vida juntos, pero esos sentimientos deben quedar de lado porque mi única misión es protegerla. De ahora en adelante solo somos las dos.