Danzante del Filo (El Archivo de las Tormentas) Capítulo 18 #2
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Capítulo 18 #2

—Esos dos necios se equivocaron. No soy yo a quien persigue Nale. Sabe que no le conviene acercarse a mí y a los míos. No, hay alguien más. Esta noche acechará a esa persona y completará su tarea. Nale, demente, Heraldo de la Justicia, no es de los que se dejan asuntos por resolver.

Lift vaciló, con la mano ya en el alero de una choza, lista para izarse y empezar a escalar. Los cremlinos de las paredes —nunca había visto tantos a la vez— se apartaron a los lados, dejándole espacio para pasar.

Sabía que le convenía dejarla escapar, si ella quería. Monstruo listo.

Cerca de ella, bañado en una luz clara que parecía refulgente como una hoguera en comparación con la que Lift había cruzado a tropezones, la criatura desenvolvió una shiqua negra. Empezó a rodearse el brazo derecho con ella.

—Me gusta este lugar —explicó—. ¿Dónde más tendría excusa para cubrirme el cuerpo entero?

He dedicado miles de años a criar mis hordinos, y aun así no logro que encajen bien del todo.

Ya hace un tiempo que puedo hacerme pasar por humano casi tan bien como un siah, diría yo, pero si alguien se fija en mí de cerca nota que algo va mal. Es más bien frustrante.

—¿Qué sabes de Oscuridad y sus planes? —exigió Lift—. ¿Y de los Radiantes y los Portadores del Vacío y de todo ?

—Es una lista bastante exhaustiva —repuso él—. Y te confesaré que no soy yo a quien deberías preguntar. Mis hermanos están más interesados en vosotros, los Radiantes. Si alguna vez te encuentras con otro de los Insomnes, dile que has hablado con Arclo. Estoy seguro de que te ganará sus simpatías.

—Eso no ha sido una respuesta. No del tipo que quería.

—No estoy aquí para responderte, humana. Estoy aquí porque me interesa, y tú eres la fuente de mi curiosidad. Cuando uno alcanza la inmortalidad, debe hallar un propósito más allá de la lucha por la vida, como decía siempre el viejo Axies.

—Pareces haber hallado el propósito de hablar por los famélicos codos —dijo Lift—, sin servir de nada a nadie.

Trepó al techo de la chabola, pero no siguió hacia arriba. Wyndle escaló la pared junto a ella, y los cremlinos se apartaron de él. ¿Podrían sentirlo?

—Estoy sirviendo de mucho más que si resolviera tu nimio problema personal.

Estoy construyendo una filosofía, una con un significado que abarque las eras.

Verás, niña, puedo criar lo que necesite.

¿Se me llena la mente? Pues crío nuevos hordinos especializados en retener recuerdos.

¿Necesito sentir lo que ocurre en la ciudad?

Hordinos con ojos adicionales, o antenas para saborear y oír, y problema resuelto.

Con el tiempo, puedo crear cualquier cosa que necesite para mi cuerpo.

»Pero vosotros… vosotros tenéis que conformaros con un solo cuerpo. ¿Cómo lo lográis? Vengo sospechando que los habitantes de una ciudad forman parte de un organismo mayor que les es invisible, como los hordinos que componen a los míos.

—Cuánto me alegro —dijo Lift—. Pero has dicho que Oscuridad está persiguiendo a otra persona. ¿Crees que aún no habrá matado a su presa en la ciudad?

—Ah, estoy seguro de que no. Está dándole caza en estos momentos. Sabrá que sus esbirros han fracasado.

La tormenta retumbó en el cielo, ya cerca. Lift anhelaba marcharse, buscar refugio, pero…

—Dímelo —pidió—. ¿Quién es?

La criatura sonrió.

—Es un secreto. Y estamos en Tashikk, ¿verdad? ¿Negociamos? Si me respondes con sinceridad a mis preguntas, te daré una pista.

—¿Por qué yo? —dijo Lift—. ¿Por qué no incordiar a otro con estas preguntas, en otro momento?

—Ah, pero tú eres muy interesante.

Se envolvió la cintura con la shiqua, la bajó por una pierna, subió por esa misma y cruzó a la otra.

Sus cremlinos se desplazaron por su cuerpo.

Algunos le subieron a la cara y sus ojos salieron reptando, reemplazados por otros nuevos que lo hicieron pasar de ser ojos oscuros a ojos claros. Habló mientras seguía vistiéndose.

—Tú, Lift, eres distinta a todos los demás.

Si cada ciudad es una criatura, entonces tú eres el órgano más especial de todos.

Viajar de lugar en lugar, llevando el cambio, la transformación.

Los Caballeros Radiantes… debo saber cómo os veis a vosotros mismos.

Será un pilar importante de mi filosofía.

«Soy especial —pensó Lift—. Soy maravillosa. Entonces, ¿por qué no sé qué hacer?».

Su miedo secreto afloró. La criatura siguió hablando con sus extrañas palabras, de ciudades, de pueblos y de sus lugares.

Alabó a Lift, pero cada comentario dejado caer sobre lo especial que era la hacía crisparse.

Casi había llegado la tormenta, y Oscuridad estaba a punto de asesinar en plena noche.

Y lo único que ella podía hacer era agacharse en presencia de dos cadáveres y un monstruo hecho de piececitas reptantes.

«Escucha, Lift. ¿Escuchas? La gente ya no escucha».

—Sí, pero ¿cómo supo tu ciudad natal que debía crearte? —estaba diciendo la criatura—. Yo puedo criar piezas individuales que hagan cualquier cosa que desees. ¿Qué te crio a ti? ¿Y por qué esta ciudad ha podido convocarte ahora?

De nuevo la misma pregunta: «¿Por qué estás aquí?».

—¿Qué pasa si no soy especial? —susurró Lift—. ¿Estaría bien de todos modos?

La criatura calló y la miró. En la pared, Wyndle gimió.

—¿Y si llevo mintiendo desde el principio? —preguntó Lift—. ¿Y si no soy maravillosa del todo? ¿Y si no sé qué hacer?

—El instinto te guiará, sin duda.

«Me siento perdida, como una soldado en el campo de batalla que no recuerda cuál es su estandarte», dijo la voz de la capitana de la guardia.

Escuchar. Estaba escuchando, ¿verdad?

«La mitad del tiempo tengo la sensación de que hasta los reyes están confundidos por lo que les echa encima el mundo». La voz de Ghenna, la escriba.

Ya nadie escuchaba.

«Ojalá alguien nos dijera lo que está pasando». La voz de la Tocón.

—Pero ¿y si te equivocas? —susurró Lift—. ¿Y si ese instinto que dices no nos guía? ¿Y si todo el mundo está asustado y nadie tiene las respuestas?

Era la conclusión que siempre la había intimidado plantearse. La aterraba.

Pero ¿tenía que aterrarla? Miró pared arriba, donde Wyndle estaba rodeado de cremlinos que le tiraban mordiscos. Su propio y pequeño Portador del Vacío.

«Escucha».

Lift titubeó y luego le dio unas palmaditas. Tenía… tenía que aceptarlo y punto, ¿verdad?

Por un instante, sintió un alivio comparable a su terror. Estaba en la oscuridad, pero en fin, quizá pudiera ingeniárselas de todos modos. Lift se levantó.

—Me marché de Azir porque estaba asustada. Vine a Tashikk porque es donde me trajeron mis famélicos pies. Pero esta noche… esta noche he decidido estar aquí.

—¿Qué insensateces dices? —preguntó Arclo—. ¿En qué ayuda esto a mi filosofía?

Lift ladeó la cabeza cuando cayó en la cuenta de algo, como si notara una descarga de energía. «Anda, mira qué cosas pasan».

—Yo no curé a ese chico —susurró.

—¿Qué?

—La Tocón intercambia esferas por otras de menos valor, seguramente opacas por infusas.

Blanquea dinero porque necesita la luz tormentosa.

¡Seguro que se alimenta de ella sin saber lo que hace!

—Lift miró a Arclo, sonriendo—. ¿No lo ves?

Se ocupa de los niños que nacieron enfermos, deja que se queden.

Es porque sus poderes a esos no saben curarlos.

Pero los demás mejoran. Lo hacen tan a menudo que ella ha empezado a sospechar que los niños llegan fingiendo para que les dé comida. La Tocón es una Radiante.

La criatura Insomne la miró a los ojos y suspiró.

—Hablaremos más en otro momento. Al igual que Nale, no soy de los que se dejan asuntos por resolver.

Lanzó por el callejón su esfera, que tintineó contra la piedra y rodó de vuelta al orfanato. Iluminando el camino mientras Lift saltaba y echaba a correr.