Danzante del Filo (El Archivo de las Tormentas) Capítulo 14
64%

Capítulo 14

T RES horas más tarde, Lift estaba sentada en el centro del escritorio de la escriba gorda, con el gorrito del escriba desgarbado en la cabeza y comiendo tortitas con las manos.

Un enjambre de escribas inferiores estaba repasando informes en el suelo delante de ella, montones de libros esparcidos por todas partes como caparazones rotos de cangrejo después de un banquete.

La escriba gorda estaba de pie al lado de la mesa, leyendo a Lift lo que escribía la vinculacaña correspondiente a la parte de la conversación de Gawx.

La mujer por fin se había bajado la tela de la cara y resultó que era guapa y mucho más joven de lo que Lift había creído.

—«Estoy preocupado, Lift —le leyó la escriba gorda—. Aquí todos están preocupados. Están llegando informes desde el oeste. En Steen y Alm se ha visto la nueva tormenta. Está sucediendo como el caudillo alezi dijo que sucedería. Una tormenta de relámpago rojo, soplando al revés».

La mujer miró a Lift.

—En eso tiene razón, su… hum…

—Dilo —ordenó Lift.

—Su tortitencia.

—Suena de maravilla, ¿verdad?

—Su excelencia imperial tiene razón sobre la llegada de una nueva y extraña tormenta. Hemos recibido confirmaciones independientes de nuestros contactos en Iri y Shinovar. Una enorme tormenta con relámpagos rojos que sopla desde el oeste.

—¿Y los monstruos? —preguntó Lift—. ¿Cosas con ojos rojos en la oscuridad?

—Todo es confuso —dijo la escriba, que se llamaba Ghenna—.

Nos está costando recibir respuestas claras.

Ya teníamos nociones sobre ello, a partir de informes procedentes de la costa este cuando la tormenta la alcanzó, antes de desplazarse al océano.

Casi todo el mundo consideró exagerados esos informes y creyó que la tormenta se disiparía.

Pero ahora que ha rodeado el planeta y llegado al oeste…

Bueno, se dice que el príncipe está preparando un decreto de emergencia para el país entero.

Lift miró a Wyndle, que estaba enrollado en la mesa junto a ella.

—Portadores del Vacío —dijo con un hilo de voz—. Está ocurriendo. Dulce virtud, es cierto que las Desolaciones han vuelto…

Ghenna siguió leyendo la vinculacaña de Gawx.

—«Esto va a ser un desastre, Lift. Nadie está preparado para una tormenta que sopla al revés. Pero los alezi son casi igual de preocupantes. ¿Cómo es que saben tanto de ella? ¿La invocó de algún modo ese caudillo que tienen?».

Ghenna bajó el papel.

Lift masticó su tortita. Era de las densas, con una pasta machacada en el centro que era demasiado pegajosa y salada. La de al lado estaba cubierta de pequeñas semillas crujientes. Ninguna estaba tan buena como las dos otras variedades que había probado en las horas anteriores.

—¿Cuándo va a llegar? —preguntó Lift.

—¿La tormenta? Difícil de precisar, pero es más lenta que una alta tormenta, según casi todos los informes. Podría llegar a Azir y Tashikk en tres o cuatro horas.

—Escribe esto a Gawx —dijo Lift con la boca llena de tortita—. «Aquí tienen buena comida. Hay mucha variedad de tortitas. Una tiene azúcar en el centro».

La escriba vaciló.

—Escríbelo —dijo Lift—, o te haré llamarme más cosas absurdas.

Ghenna suspiró, pero obedeció.

—«Lift —leyó cuando la vinculacaña escribió la respuesta de Gawx, que tendría a unos quince visires y vástagos alrededor sugiriéndole qué decir y escribiéndolo cuando él lo aceptara—, no es momento de charlar sobre comida».

—Claro que sí —replicó Lift—. Tenemos que recordarlo. Puede que venga una tormenta, pero luego la gente tendrá que comer. El mundo se acaba mañana, pero pasado mañana la gente preguntará qué hay de desayuno. Ese es tu trabajo.

—«¿Y las historias de algo peor? —escribió él—. Los alezi están avisando sobre los parshmenios y yo hago lo que puedo con tan poco tiempo. Pero ¿qué hay de los Portadores del Vacío que dicen que están en las tormentas?».

Lift miró la estancia atestada de escribas.

—Estoy con esa parte —dijo. Mientras Ghenna lo escribía, Lift se levantó y se limpió las manos en su lujosa túnica—. Eh, gente lista, ¿qué tenéis?

Los escribas alzaron la mirada hacia ella.

—Señora —dijo uno—, no tenemos ni idea de lo que estamos buscando.

—¡Cosas raras!

—¿Qué clase de «cosas raras»? —preguntó el escriba de amarillo, el tipo desgarbado que parecía ridículo y medio calvo sin su gorrito—.

¡Ocurren cosas inusuales a diario en la ciudad!

¿Quiere el informe del hombre que afirma que su cerdo nació con dos cabezas?

¿O el del hombre que dice que vio la silueta de Yaezir en el liquen de su pared?

¿O la mujer que tuvo la premonición de que su hermana caería y entonces cayó?

—No, no —dijo Lift—. Eso es raro normal.

—¿Y qué es lo raro anormal, entonces? —preguntó él, irritado.

Lift empezó a brillar. Invocó su maravilla, tanta que empezó a irradiar de su piel como si fuese una famélica esfera.

A su lado, las semillas que cubrían la tortita que no se había comido brotaron, y de ellas crecieron largas y retorcidas enredaderas que se embarullaron unas en torno a otras y escupieron hojas.

—Algo como esto —dijo Lift, y entonces miró hacia el lado. Genial. Había echado a perder la tortita.

Los escribas la miraban boquiabiertos, así que dio una fuerte palmada para que volvieran al trabajo.

Wyndle suspiró, y Lift supo lo que debía de estar pensando.

En tres horas no habían encontrado nada relevante.

Estaba en lo cierto: en aquella ciudad escribían las cosas.

Y ahí estaba el problema. Lo escribían absolutamente todo.

—Hay otro mensaje del emperador para ti —dijo Ghenna—. Esto para su tortita… Tormentas, qué ridículo suena.

Lift sonrió de oreja a oreja y miró el papel. Las palabras estaban escritas con una caligrafía fluida y elegante. Tenía que ser Labios Gordos.

—«Lift —leyó Ghenna—, ¿vas a volver? Aquí te echamos de menos».

—¿Labios Gordos también? —preguntó Lift.

—«La visir Noura también te echa de menos. Lift, ahora este es tu hogar. Ya no tienes por qué vivir en la calle».

—¿Qué se supone que haré allí, si vuelvo?

—«Todo lo que quieras —escribió Gawx—. Te lo prometo».

Ese era el problema.

—Todavía no sé lo que voy a hacer —dijo, sintiendo un extraño aislamiento, a pesar de la habitación llena de gente—. Ya veremos.

Ghenna la miró al oírlo. Al parecer, pensaba que el emperador debería obtener todo lo que quería, y que las chicas reshi no deberían tomarse como costumbre negárselo.

La puerta se abrió un poco y la capitana de la guardia miró dentro. Lift saltó de la mesa, corrió hacia ella y dio un saltito para ver lo que sostenía. Un informe. Estupendo. Más palabras.

—¿Qué has averiguado? —preguntó, ansiosa.

—Tenías razón —dijo la capitana—. Un colega mío de la guardia del barrio ha estado vigilando el orfanato Luz de Tashi. La mujer que lo dirige…

—La Tocón —aportó Lift—. Es mala que no veas. Come huesos de niños para merendar. Una vez hizo un duelo de miradas con un cuadro y ganó.

—… está siendo investigada. Tiene una especie de trama de blanqueo de dinero, aunque los detalles son confusos.

Ha estado intercambiando esferas por otras de menor valor, una práctica que la llevaría a la bancarrota si no tuviera alguna otra forma de ingreso.

Según el informe, acepta dinero de organizaciones criminales como donativos y luego los transfiere en secreto a otros grupos después de quedarse una parte, para ayudar a emborronar el rastro de las esferas.

Y hay más. En todo caso, los niños son una tapadera para apartar la atención de sus prácticas.

—Ya te lo decía yo —repuso Lift, cogiéndole el papel de las manos—. Deberías detenerla y gastar todo su dinero en sopa. Dame a mí la mitad por decirte dónde buscar y no se lo contaré a nadie.

La capitana levantó las cejas.

—Podemos escribir que lo hacemos, si quieres… —dijo Lift—. Así será oficial.

—Pasaré por alto los intentos de soborno, coacción, extorsión y malversación de fondos estatales —respondió la capitana—. En cuanto al orfanato, no tengo jurisdicción sobre él, pero te aseguro que mis compañeros actuarán contra esa Tocón bien pronto.

—Me basta —dijo Lift, volviendo a subir a la mesa frente a su legión de escribas—. Venga, ¿qué habéis encontrado? ¿Hay alguien que brille, como si fuese una famélica fuerza benévola de la verdad y la justicia, o algo así?

—¡Es un proyecto demasiado extenso para asignárnoslo sin previo aviso! —protestó la escriba gorda—. Señora, esta investigación es del tipo en el que normalmente trabajamos durante meses. ¡Concédanos tres semanas y podemos preparar un informe detallado!

—No tenemos tres semanas. Apenas tenemos tres horas.

Daba lo mismo. Durante las siguientes horas, intentó engatusar, amenazar, bailar, sobornar y —a modo de última opción, loca y desesperada— quedarse muy callada y dejar que leyeran.

A medida que pasaba el tiempo, encontraban nada y todo al mismo tiempo.

Había montones de rarezas difusas en los informes de la guardia: historias de un hombre que sobrevivió a una caída desde demasiado alto, una queja por ruidos extraños fuera de la ventana de una mujer, spren que actuaban de forma inusual por las mañanas en la puerta de otra mujer a menos que esta les dejara un cuenco de agua azucarada.

Y sin embargo, ninguno de aquellos informes contaba con más de un testigo, y en ninguno de ellos la guardia había encontrado nada concreto que resultara extraño, aparte de las habladurías.

Cada vez que aparecía una rareza, a Lift le entraban unas ganas terribles de salir por la puerta, salir apretándose por una ventana y correr a buscar a la persona implicada.

Y cada vez, Wyndle le aconsejaba paciencia.

Si todos los informes fuesen veraces, prácticamente cualquier habitante de la ciudad podría ser un potenciador.

¿Y si se marchaba a investigar uno de los cien informes que no eran más que superstición normal y corriente? Perdería horas y no encontraría nada.

Que era justo lo que sentía que estaba haciendo. Estaba molesta, impaciente y sin tortitas.