Danza de Fuego Oscuro CAPÍTULO 19
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CAPÍTULO 19

El día se presenta extraño, anoche después de nuestro viaje no hubo ni rastro de Laiyor y Riven en casa.

Supongo que estaban hablando de eso de lo que con tanto ímpetu, Laiyor quería hablar.

Mientras acompaño a Shoy al cobertizo para cargar más leña, me doy cuenta de que el clima está cambiando muy rápido.

—Empieza a hacer mucho frío chiquilla —dice Shoy con su voz dulce—, deberías volver a por algo de abrigo.

Tiene razón, estoy tiritando de frío, las manos están rojas y mi nariz parece un glaciar.

Shoy me mira desde el cobertizo cuando salgo hacia la casa.

—¡No tardes! —me grita.

Levanto la mano para indicarle que vuelvo enseguida.

Vuelvo a casa a paso ligero, no solo por el frío sino porque no quiero hacer esperar a Shoy.

Una vez dentro subo de forma ágil las escaleras y justo antes de girar hacia el pasillo que lleva a mi dormitorio, escucho un murmuro de voces que vienen del despacho de Riven.

Las palabras se vuelven cada vez más claras tal y como avanzo.

—…tienes que decirle la verdad —dice Riven. Su voz es baja y firme, como cuando no admite réplica .

El silencio llena el pasillo por unos momentos. Mi corazón late cada vez más rápido y no sé muy bien por qué.

—Esto no estaba en los planes— responde Laiyor. Suena cansado o dolido, quizá ambas.

Me quedo inmóvil, con un pie en el aire, como si cualquier movimiento pudiera delatarme. No sé de qué hablan, no sé si hablan de mí, lo que sí sé es que no debería estar escuchando.

Entro en mi habitación pero no cierro la puerta, intento escuchar algo a través de ella pero nada. El sonido de la nada inunda la casa de Riven, a los pocos segundos se escucha un portazo y me parece ver a Laiyor salir hacia las escaleras con paso ligero y firme. Está disgustado.

Rebusco en mi armario y me pongo la capa.

Mierda, Shoy me está esperando. Salgo de la habitación y me encuentro de frente con Riven.

Está serio, mucho más de lo normal, su cara está diferente, como si no hubiera pegado ojo en toda la noche.

Lleva el pelo alborotado y barba de tres días, algo no muy usual en él.

He de reconocer que así tiene un aire diferente, más despreocupado, más irresistible…

Saco inmediatamente ese pensamiento de mi cabeza.

—Zaja acompáñame, tengo algo para ti —no hay emoción en su rostro tampoco en sus palabras.

Asiento y le acompaño, voy unos pasos detrás de él. Llegamos a la biblioteca que está llena de pergaminos esparcidos por el suelo y los dos paquetes que recogimos en la ciudad el día anterior.

En los pergaminos hay dibujos, son sillas de montar, pero no son las que estoy acostumbrada a ver. Riven coge uno de los paquetes y me lo entrega, en sus labios se vislumbra un intento de sonrisa.

—Para ti, bueno y para Nyvral —me mira expectante.

Intento abrirlo con cuidado, está envuelto en una especie de papel, pero es más grueso, lleva varias lazadas de cordón que se resisten. Riven mete una mano en su bolsillo.

—Toma —dice acercándome una pequeña navaja.

Con un par de cortes las cintas salen disparadas, el papel sale fácilmente y ahí está; una silla para montar a Nyvral, hecha a medida.

El cuero es de alta calidad, negro igual que él.

El tacto es suave y muy agradable. Miro a Riven con la emoción en la mirada.

El mira la silla y hace un gesto de aprobación.

—¿Te gusta? —dice mirándome a la cara.

—És…—no sé qué decir— perfecta. Muchas gracias Riven.

Y le abrazo, le echo los brazos al cuello, él apenas me roza la cintura, es su forma de corresponderme. Por un momento tengo la sensación de que Riven necesitaba esto, calor humano.

—¿Estás bien? —le pregunto con la certeza de que no me dirá la verdad

—Sí, una larga noche cervatillo —en su mirada ahora solo hay calma.

Riven se suelta del abrazo y se dirige a la puerta.

—Espero que con ella —dirige la mirada a la montura—, no necesites más el ungüento de Shoy —mira al suelo y sale por la puerta sin añadir nada más.

Me quedo a solas en la biblioteca, tengo una sensación que no sé definir con palabras.

Algo ha pasado, algo está pasando y no logro comprenderlo.

Me quedo mirando los pergaminos y efectivamente son dibujos y diseños de monturas para dragones.

Son muy antiguos pero son de fácil entendimiento, los examino durante un rato para comprender cómo debo ajustarla al dragón.

Nyvral hace acto de presencia en su mente .

— Este otro humano me cae mejor —dice en su tono inconfundible— le estoy cogiendo cariño al forastero.

—Riven, se llama Riven, y sí, es un buen hombre.

—No estás feliz pequeña humana —parece que mide sus palabras.

—Es un día raro, las cosas están tensas en casa…

—Los secretos humanos en ocasiones acaban ardiendo… —lo dice como si supiera de lo que habla.

Desconecto por un segundo, no de Nyvral, sino del mundo.

Su frase me deja pensando un largo rato.

Salgo de la biblioteca, bajo las escaleras con paso decidido.

Me doy cuenta de que todavía llevo la capa, espero que Shoy no se moleste conmigo, pero tengo que hacer algo.

Llego al salón de la mesa, está vacía, me dirijo a la cocina y no hay nadie.

Me dirijo a la sala de la chimenea y allí está, sentado en silencio, con la cabeza apoyada en una mano, de espaldas a la puerta. Laiyor.

Me pongo frente a él, no me mira, sus ojos están clavados en el fuego. Su cara es el reflejo del cansancio, pero no un cansancio físico, algo más allá.

—Laiyor…—digo con la poca calma que me queda.

Dirige su mirada por unos segundos a donde estoy parada, pero inmediatamente vuelve a quedarse absorto en el fuego.

—¿Qué está pasando? —intento parecer tranquila, pero el corazón me va a mil.

—Hoy no… —sus palabras le pesan.

—¿Cuando? —estoy cansada.

—No lo sé, pero hoy no —su mirada se clava en mis ojos, es una advertencia .

Sostengo su mirada unos segundos más. Espero que diga algo, cualquier cosa, pero no lo hace. Aprieto los labios, conteniendo las preguntas que me queman por dentro, sé reconocer cuándo alguien levanta un muro, y Laiyor acaba de hacerlo. Asiento una sola vez.

—Está bien —murmuro, aunque no lo está.

Me doy la vuelta antes de que pueda arrepentirme y salgo de la sala.

El pasillo está en penumbra y el frío se cuela por las ventanas altas de la casa.

Me detengo un momento apoyando la mano en la pared.

No lo entiendo, algo está pasando. Lo noto en la forma en que Riven me mira, en el silencio de Laiyor en ese tono extraño que había en sus voces cuando hablaban en el despacho.

Camino despacio hacia las escaleras, pero mis pasos se detienen a mitad de camino.

Nyvral se mueve en mi mente, como si hubiera estado escuchando todo.

—Los humanos sois criaturas curiosas —dice con calma.

—No empieces…

—Guardáis secretos incluso cuando sabéis que acabarán devorándoos.

Aprieto los labios.

—No es asunto tuyo.

Nyvral suelta un resoplido divertido en mi mente.

—Todo lo que ocurre en tu cabeza es asunto mío, pequeña humana.

Camino unos pasos pero me detengo. No, no voy a quedarme con esto, cambio de dirección y avanzo hacia el despacho de Riven, la puerta está entreabierta. Golpeo suavemente con los nudillos.

—Adelante .

Empujo la puerta y lo encuentro inclinado sobre la mesa, revisando un mapa del norte de Ithara. Levanta la mirada cuando entro.

Sus ojos se detienen en mí un segundo más de lo habitual.

—¿Qué ocurre, Zaja?

Cierro la puerta tras de mí.

—Quiero saber qué está pasando —estoy muy nerviosa.

Riven no responde inmediatamente, se reclina ligeramente en la silla y me repasa con la mirada.

—No sé a qué te refieres.

—Sí lo sabes —sin querer alzó la voz—. Esta mañana os escuché hablar en el despacho —añado—, le dijiste que tenía que decirme la verdad.

El silencio se instala entre nosotros. Riven me observa un rato. No parece enfadado, tampoco sorprendido, solo pensativo.

—Laiyor te ha dicho que no es el momento —responde finalmente.

Nos ha escuchado..

—Eso ya lo sé.

Doy un paso hacia la mesa.

—Pero tú sí sabes lo que está pasando.

Riven baja la mirada hacia el mapa unos segundos antes de volver a mirarme.

—Sí.

La respuesta me descoloca más de lo que esperaba.

—¿Y?

Riven suspira muy despacio.

—Y no es mi historia la que hay que contar.

—Pero me afecta .

—Lo sé —se pasa la mano por el pelo.

Sería más fácil si Laiyor me lo contara.

—Entonces dime al menos si debería preocuparme.

Riven se queda en silencio un momento, niega lentamente con la cabeza.

—No.

Eso me sorprende.

—¿No?

—No en el sentido que imaginas —dice—. Pero sí en el sentido de que cuando lo sepas, algunas cosas cambiarán.

Mi corazón da un pequeño vuelco.

—¿Cambiarán cómo?

Riven me observa con una expresión que no logro descifrar.

—Eso —dice finalmente—, es algo que tendrás que preguntarle a él.

Aprieto los puños a los lados del cuerpo.

—No es justo.

Una pequeña sonrisa cansada aparece en los labios de Riven.

—La vida rara vez lo es, cervatillo.