Danza de Fuego Oscuro CAPÍTULO 17 #2
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CAPÍTULO 17 #2

—El día que llegaste a la aldea —añado—. Fuiste directo a mí, como si ya supieras dónde estaba.

Durante unos instantes no responde, traga saliva. Solo me observa. Luego apoya las manos sobre el mapa con calma, finalmente dice:

–Te vi en mis sueños.

Parpadeo, convencida de haber oído mal.

—¿En tus sueños?

Riven asiente con naturalidad, como si acabara de decir algo completamente lógico. Me quedo mirándole sin saber muy bien qué hacer con esa respuesta .

—No entiendo qué quieres decir.

Él se reclina un poco en la silla, entrelazando los dedos sobre la mesa.

—Hay personas que nacen con ciertos dones —explica con calma—. Algunos escuchan mejor que otros, algunos ven lo que está delante de ellos con más claridad…—Hace una breve pausa antes de continuar—. Y algunos vemos cosas antes de que sucedan.

Un escalofrío me recorre la espalda.

—¿Visiones?

Riven niega suavemente con la cabeza.

—No siempre son visiones, llámalo intuición, sueños, fragmentos de imágenes que no terminan de tener sentido hasta mucho después.

Sus ojos vuelven a fijarse en los míos.

—Te vi hace meses.

El silencio se instala entre nosotros.

—Muchos se apartaron de mí por esto cuando era niño —añade con un leve encogimiento de hombros, aprieta los labios antes de continuar—.

Algunos me llamaron brujo, hubo quien creía que era una maldición —Lo dice sin amargura, como si hablara de algo muy lejano —. Pero mi instinto nunca me ha fallado.

Bajo la mirada un momento, intentando ordenar lo que acabo de escuchar.

–¿Y qué viste exactamente?

Riven no responde enseguida. Su mirada se desplaza un instante hacia la ventana, hacia el cielo.

—Un dragón —dice finalmente volviendo a mirarme—. Y a ti.

Siento cómo mi pulso se acelera .

—¿Volando?

Una leve sonrisa aparece en la comisura de sus labios.

—No — Hace una pequeña pausa—. Ardiendo.

Frunzo el ceño. Sus palabras me descolocan.

—Eso suena bastante alarmante.

Riven deja escapar una pequeña risa.

—No en un sentido literal —sus ojos se suavizan—. Parecía más bien pasión y determinación, algo dentro de ti que no podía apagarse.

No sé muy bien qué responder.

Riven se vuelve a su mesa como si la conversación hubiera terminado.

—Acaba de disfrutar del día libre —añade con naturalidad—. Nos vemos en la cena.

Asiento despacio, cuando salgo de la habitación cierro la puerta con cuidado detrás de mí, pero mientras camino por el pasillo, no puedo dejar de pensar en sus palabras.

«Ardiendo» .

CAPÍTULO 18

Riven nos observa desde la escalera, hoy está más serio que de costumbre. Laiyor y yo le esperamos con la ropa de entreno, nos tira nuestras capas desde la escalera.

—Hoy tenéis que volver a la ciudad —nos dice—. El guarnicionero os entregará algo que le pedí.

Laiyor y yo intercambiamos una mirada rápida, y antes de que pueda protestar, le sonrío. Riven asiente y dirige la mirada hacia nosotros con su habitual calma firme:

—Quiero que os comuniquéis con los dragones, que se mantengan cerca de casa y aseguraos de que no os sigan. No quiero distracciones.

Nos concentramos dejando que nuestras mentes se enlacen con Nyvral y Thasvol.

La conexión es ligera, como un hilo de energía que fluye entre nosotros y ellos.

Puedo sentir su atención, su curiosidad contenida, y también su tranquilidad.

Los dragones permanecen cerca, vigilantes, y sin señales de inquietud.

—Listos —dice Laiyor, con una sonrisa que apenas oculta su entusiasmo.

—Vamos —respondo .

Los caballos nos aguardan ya ensillados y con las alforjas llenas de agua. Nos montamos y nos ponemos rumbo a la ciudad de Élion.

El viaje es tranquilo, los caballos avanzan al paso. Entre nosotros hay una complicidad que no necesita palabras, cada gesto, las miradas hablan de lo que compartimos, de lo que ha cambiado entre nosotros desde que empezamos este camino.

Al llegar a la ciudad, la luz del atardecer pinta los edificios de tonos dorados, la gente vuelve a sus casas, los mercados están recogidos y se empieza a respirar la calma.

Nos dirigimos hacia el taller del guarnicionero, el lugar es muy antiguo está lleno de bridas de caballo que cuelgan de las vigas, en una mesa hay pieles amontonadas, el olor a piel y grasa inunda la estancia.

—Venimos a buscar el encargo de Riven —Laiyor suena más tosco que de costumbre.

—Hasta mañana no estará terminado muchacho —dice.

Laiyor asiente, me mira y vuelve la mirada al guarnicionero.

—Mañana sin falta, antes del mediodía.

—Sí, sin falta.

Nos marchamos, caminamos en silencio.

—Entonces, ¿qué hacemos?

—Buscaremos una posada —dice Laiyor con una sonrisa pícara—. Pasaremos la noche en la ciudad.

La emoción me recorre el cuerpo, Riven nos va a matar.

Encontramos una posada y nos asignan una habitación, una habitación para los dos.

A pesar de que Laiyor y yo hemos tenido nuestros momentos íntimos, nunca hemos dormido juntos, nos instalamos sacándonos las botas y nos ponemos cómodos.

La habitación no es muy grande, pero suficiente para dos, es acogedora y está sorprendentemente limpia. Al rato a Laiyor le aprieta el hambre.

—¿Cenamos? —pregunta.

—Solo si invitas tú —le digo.

Ríe y nos preparamos para bajar.

—Vamos a una taberna que hay aquí cerca, te va a gustar.

Asiento y me dejo guiar por él, embobada por su determinación. Cuando llegamos el lugar está lleno de gente, se escucha música y el ambiente es muy alegre. Nos sentamos en la barra sin quitarnos las capas, las palabras de Riven resuenan «no llaméis la atención, pasad desapercibidos» .

Laiyor ha pedido dos copas de vino, pescado fresco para dos y pan.

—La otra noche… — dice Laiyor.

El calor me sube a la cara en un segundo, no hemos hablado de esa noche. Me mira esperando una reacción, sus ojos se posan en mis labios.

Le sonrío, esperando a que acabe de hablar.

—Sí… — le digo inclinándome hacia él mordiéndome el labio.

Antes de que diga lo que iba a decir, las risas de la mesa de atrás le llaman la atención.

Se queda mirando unos segundos y se vuelve hacia la mesa de donde proviene el jaleo.

En la mesa hay cuatro hombres, llevan capas con la cabeza tapada pero no el rostro.

Logro ver que dos de ellos llevan espada al costado, la empuñadura sobresale de su asiento.

Están disfrutando de la velada, como si celebraran algo.

Sin pensarlo dos veces Laiyor se levanta y se dirige hacia ellos, por un momento duda entonces uno de ellos alza la mirada hacia él.

Su cara cambia, el rostro se le ensombrece. Entonces logro escuchar.

—¿Hermano ?

Laiyor permanece quieto, el hombre que no será mucho más mayor que yo se levanta y da un paso hacia él.

Tiene el cabello oscuro y los ojos más claros que Laiyor, pero su cara es muy similar, la mandíbula marcada, las cejas pobladas, sí podría ser perfectamente su hermano.

Tienen casi la misma altura pero este es más delgado que Laiyor.

Los dos permanecen apenas unos segundos así hasta que se funden en un abrazo, de esos en los que no hacen falta las palabras.

Observo la escena atónita, ¿realmente es su hermano? La pregunta que me hago de forma interna me sobresalta, apenas conozco a Laiyor. Después del largo abrazo, el hombre se dirige a los otros tres que parecen tensos ante la figura de Laiyor.

—¡Mirad!, ¡Es Laiyor! —dice sin poder contener la emoción.

El resto de la mesa bajan la cabeza hacia Laiyor a modo de saludo.

—¿Qué haces por aquí? Estás muy lejos de casa —le dice Laiyor a su hermano.

Antes de que conteste, Laiyor se gira hacia mí.

—Zaja, ven que te presente a mi hermano —está feliz.

—¿Zaja? —dice su hermano observándome— Bonito nombre. Soy Eryas, hermano pequeño de Laiyor, un placer. —toma mi mano y la besa.

Hay algo en él que me inquieta, la forma en la que me mira no me gusta.

—Por favor, acompañadnos —hace un gesto señalando la mesa en la que están sus acompañantes.

Nos sentamos con ellos, hay algo en todo esto que me mantiene en alerta, no acabo de comprender qué está sucediendo. Laiyor también parece algo incómodo .

—¿Así que Élion? —dice Eryas mirando a Laiyor— Te pega, es un buen lugar — mientras le mira fijamente, demasiado.

Laiyor no contesta, vuelve a su copa de vino y bebe.

—Han pasado muchas cosas desde que te fuiste —hay reproche en Eryas.

Laiyor sigue absorto en la copa de vino. Lo mira fijamente y añade.

—Esta noche no…

Hay unos segundos de silencio.

—¡Más vino! —pide Eryas a la tabernera.

La tensión se suaviza y los hermanos se relajan, comparten anécdotas de su infancia, ríen todos y a mí me contagian la risa, pero no acabo de sentirme cómoda.

—Y tú Zaja, ¿de qué conoces a Laiyor?

—Bueno, es una larga historia… —digo antes de que Laiyor intervenga cortando la conversación.

—Nos formamos juntos —dice Laiyor mientras me observa.

—Ah, interesante —Eryas me mira fijamente y vuelve la mirada a su hermano— entonces ella también…

Antes de que Eryas acabe la frase, Laiyor se pone tenso y se levanta. Alza la copa a modo de brindis.

—Por Eryas y su compromiso —la mirada que le dedica es afilada.

Eryas lo mira fijamente como si no aprobara el brindis. Pero todos nos levantamos y brindamos, Eryas sigue con la mirada fija en Laiyor, bebemos y nos volvemos a sentar.

La conversación gira en torno a la boda, todos hemos bebido mucho, pero sobre todo los dos hermanos, Laiyor apenas puede articular palabra .

—Hermano, me caso dentro de dos semanas, sería un honor que estuvieras —hay ternura en los ojos de Eryas.

—No te prometo nada —dice Laiyor sin mirarlo a la cara.

—Laiyor… padre está enfermo.

Laiyor por un momento se pierde en sus pensamientos. Después de un corto pero intenso silencio, se gira hacia Eryas.

—Lo intentaré —su mirada se relaja.

Intento convencer a Laiyor para volver a la posada, el viaje ha sido largo y la noche está siendo intensa.

—¡Va Zaja! No seas aguafiestas —dice Eryas.

Laiyor lo fulmina con la mirada y Eryas baja el tono.

Laiyor se levanta como puede, cuando voy a ayudarlo con un gesto me aparta.

No le doy importancia, no quiere mostrarse débil ante su hermano.

Los hermanos se despiden con un fuerte abrazo y la promesa de volver a verse, los otros tres vuelven a asentir con la cabeza.

—Zaja, cuida de mi hermano —dice Eryas cuando estamos cerca de la puerta—, tú también estás invitada a mi boda.

Le agradezco el gesto con una sonrisa algo forzada y nos marchamos. La tensión se queda en la taberna. Fuera hace frío, agarro a Laiyor del brazo y le voy guiando hacia la posada, esta vez no me aparta. En el camino de la taberna a la posada no decimos nada. No es momento de hacer preguntas.

Entramos a la habitación y Laiyor se deja caer de espaldas en la cama. Le quito las botas, él se incorpora para que le quite la capa y la dejo caer en el suelo. Con delicadeza le quito la camisa mientras él me mira fijamente.

—Eres tan hermosa.

No digo nada .

—No te merezco —dice sin apartar de mí la mirada.

Por un momento parece que los ojos se le llenan de lágrimas, pero conozco muy bien esa mirada, va bebido. Un recuerdo fugaz me recorre la mente y me hago a un lado. Me siento a un lado de la cama y antes de que quiera darme cuenta, caemos en un sueño profundo.

Me despierta el canto de los pájaros y el ajetreo de la ciudad que se cuela por la ventana.

Laiyor sigue durmiendo, miro su espalda desnuda, le hago una pequeña caricia y se estremece.

Cuando se gira hacia mí, está adorable, despeinado y apenas puede abrir los ojos por la claridad que se cuela de la mañana.

—Buenos días, cervatillo —dice dejando escapar una sonrisa.

—Buenos días, hermano de Eryas —respondo con sarcasmo.

Aprieta los labios, pone los ojos en blanco y seguidamente sonríe.

—Qué divertida eres recién levantada.

Me pongo en pie, mientras me arreglo el pelo frente al espejo, noto su mirada clavada en mí.

—¿Seguro que no quieres quedarte un rato más en la cama? —dice invitándome a volver.

—Seguro —digo volviendo la mirada al espejo.

—¿Estás enfadada? Anoche bebí más de la cuenta, si hice algo inapropiado…

—No, no Laiyor, todo está bien —no lo digo muy convencida.

Y él se ha da cuenta.

—Bien, pues pongámonos en marcha.

Salimos de la posada y nos dirigimos directos al taller del guarnicionero, cuando finalmente nos entrega dos bultos enormes perfectamente envueltos, volvemos hacia los caballos.

Laiyor prepara las alforjas con algo de pan y carne seca para el camino, acaba cuando coloca los paquetes como puede a los lados.

Mientras ajusto las riendas de mi caballo, Laiyor me lanza una mirada.

—Hoy estás muy callada, ¿Seguro que todo está bien?

—Sí, solo tengo ganas de llegar a casa.

No le convence, pero no insiste.

La vuelta a casa se me hace especialmente pesada, no me atrevo a preguntarle a Laiyor por lo que pasó en la taberna, él por su parte tampoco ha hecho ningún comentario al respecto, por lo que el viaje vamos prácticamente en silencio. Cada uno absorto en sus pensamientos.

Cuando llegamos, Riven nos espera cruzado de brazos. Tiene el semblante serio, pero al ver nuestras caras se relaja. Antes de bajar siquiera del caballo, Laiyor dice, mirando a Riven:

—Tenemos que hablar.

—Sí, para empezar quiero que me deis una explicación de por qué no volvisteis ayer —dice Riven alzando el tono, está claramente molesto.

—El guarnicionero no había acabado su trabajo —contesta Laiyor de manera firme —, era absurdo que volviéramos.

—Esas decisiones no te corresponden a ti tomarlas —dirige la mirada hacia mí, e inmediatamente me encojo de hombros.

—Riven —digo con calma—, no queríamos que te preocuparas, pero Laiyor tiene razón.

Me examina largo y tendido, pero no contesta.

—Llevaos a los caballos y entrad.

Mientras me dirijo hacia los establos, Laiyor sigue frente a Riven y le repite.

—Tenemos que hablar.

Su mirada es seria, Riven asiente y vuelve dentro.