Capítulo Final El Algoritmo del Destino
El Sótano: La traición del espejo
En el sótano, el aire era una masa sólida de podredumbre.
Aitor estaba enojado, vio a Espinoza entrar y salir del edificio de la calle Drake —él está ayudando a Iñaki a mis espaldas—.
La rabia lo carcomía, y Pedro Sánchez, con la astucia de una rata acorralada, logró lo imposible: Aitor le contó lo que vio en las grabaciones y se encargó sutilmente de sumar preocupaciones.
—Espinoza te va a dejar fuera. Ya lo hizo cuando acusamos a Iñaki, yo le pagué a tus espaldas. Espinoza exigió más dinero y yo a ti solo te di las gracias. Debe ser lo mismo con Iñaki.
Aitor, nublado por la paranoia, no esperó.
Fue a la oficina de Espinoza y lo amenazó.
Espinoza le confesó sobre las claves parciales que había recibido.
Aitor no preguntó qué hizo en la oficina, lo daba por descontado que era una trampa de papeles.
Espinoza intentaba decir que solo dejaba un sobre por orden de Gorka—, Aitor asumió que le mentía, su juicio se quebró.
Él sacó un arma sin seriales de la tobillera y le vació el cargador.
No hubo preguntas. Aitor creyó que matando al "socio" aseguraba su parte.
Pedro, ya libre de cadenas, porque Aitor le dio las llaves y apagó la luz, le susurró al oído a un Carles moribundo: —Dime tu contraseña o tus hijos no verán el amanecer.
El dinero ya no sirve para comprar tu vida, pero sí las de ellos.
Carles apenas balbuceó una serie de letras y números, Pedro no pudo retener ni una sola en la mente, pero no importaba, lo primordial era escapar.
Carles exhaló su último aliento en un espasmo de horror puro.
Pedro lo mató para borrar al testigo, sin saber que la cámara de Iñaki, en modo infrarrojo, grababa cada segundo.
El contrato de alquiler a nombre de Aitor, el teléfono de Aitor, las huellas de Aitor.
El crimen era un círculo perfecto que se cerraba sobre el cuello del policía.
Justo cuando salía Pedro del sótano, regresaba Aitor arrepentido de dejarlo escapar. Es que el policía, luego del disparo a Espinoza, se agachó a escuchar lo que balbuceaba el leguleyo, él le dijo que Iñaki lo estaba protegiendo de Kinte, y esa era la nota que él entregó en el edificio Drake.
Aitor regresó con la esperanza de que la tozudez de Carles hubiese retenido a Sánchez, y así fue, Pedro no pudo sacar nada, pero si perdió mucho tiempo.
En una persecución desesperada por las azoteas de edificios industriales abandonados, Aitor alcanzó a Pedro Sánchez.
—Te desprecio —le dijo Aitor antes de empujarlo al vacío—.
No me mates Aitor, te lo suplico; aun podemos arreglar las cosas y escapar juntos, hagámosle creer a Iñaki que me mataste, yo me ocultaré y después dividiremos el botín…
—Si tú estás muerto, no necesito dividir nada, —dijo Aitor empujando a Pedro, quien fue al vacío desde un sexto nivel y cayó dentro de un contenedor de basura viejo y oxidado que reposaba a un lado del edificio.
Aitor, creyéndose el único sobreviviente de la purga, regresó a la cárcel, dio el parte a Gorka y luego recibió la carpeta de pruebas que preparó Espinoza. Él la entregó al fiscal que cerró el caso. Márquez también recibió algunas letras que completaban la contraseña.
Iñaki Salcedo era libre.