Culpa de sangre (Ley y sangre 1) Capítulo 30 #2
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Capítulo 30 #2

—Yo iba al volante. Él había pasado a recogerme del trabajo porque por la mañana habíamos discutido.

Quería reconciliarse conmigo. Pero yo estaba enfadada y por eso conducía muchísimo más rápido de lo debido.

El otro coche venía de frente por mi carril.

Cuando lo vi, ya era demasiado tarde. Al momento siguiente chocamos de frente y de pronto caímos.

—Emma tuvo que concentrarse de forma consciente en su respiración para que la voz no le fallara.

Los recuerdos la golpeaban como el agua que había entrado en su coche con toda su fuerza.

Volvió a sentir el frío envolverle el cuerpo mientras todo a su alrededor desaparecía en la oscuridad—.

Después casi no recuerdo nada. No tengo ni idea de cómo llegué a la orilla.

Simplemente estaba tumbada de espaldas cuando desperté y empecé a toser como loca.

Al final vomité el alma y escupí hasta la última gota de esa asquerosa porquería.

Al pensar en el sabor del agua del Elba, a Emma le entraron náuseas por un momento. Tuvo que taparse la boca con una mano.

—Espere —dijo Marcus de pronto—. ¿Quiere decirme que la reanimaron?

Emma solo alzó las cejas. Recordó el momento en que había recobrado el conocimiento.

Pero de la figura que se había inclinado sobre ella y había hecho que su corazón volviera a latir solo le quedaban recuerdos borrosos.

Hasta hoy no sabía quién la había traído de vuelta a la vida.

Tampoco le había interesado. Una parte de ella se había quedado en la oscuridad del agua y nunca había vuelto a salir a la superficie, hasta ahora.

—A mí sí. A mi marido no.

En los rasgos horrorizados de Marcus se reflejó lo que desde aquel día determinaba la vida de Emma. Lleno de compasión, le tomó la mano. Ella respondió brevemente a la presión, pero luego retiró de nuevo los dedos. En lugar de eso, dio otro sorbo de vino caliente.

—Mis padres intentaron aprovechar el funeral como ocasión para volver a aceptarme en la familia.

—Emma soltó una risa amarga. Sonaba absurdo, pero no podía evitarlo—.

Montamos una escena realmente de película.

Las frases que nos gritamos a la cara eran material digno de Hollywood.

—Sonrió. Marcus no le devolvió la sonrisa.

—Suena como si sus padres no hubieran sido precisamente compasivos con su yerno.

Emma soltó una carcajada.

—Oh, no. No lo eran. —Rodeó la taza con ambas manos y miró con tristeza el líquido humeante, mientras los labios le temblaban.

—¿Y por qué? —quiso saber Marcus.

Emma negó suavemente con la cabeza.

—Créame, es una larga historia.

—¿No tenía el apellido correcto? —Ahora sí se dibujó un poco de ironía en el rostro de Marcus. La conversación fue perdiendo su gravedad dramática.

—Lo crea o no, ese era el menor de sus muchos defectos —dijo Emma. Acarició la cabeza de Karlchen, que emitió un resoplido de satisfacción—. Desde el accidente prácticamente no he vuelto a hablar con mis padres. Simplemente no podía. Aunque me desheredaron ya antes.

Marcus miró a su alrededor con curiosidad.

—Pero ¿cómo…? —empezó a decir. Con la cabeza señaló en torno a sí el espacioso piso de Emma.

Emma se adelantó a su pregunta con la respuesta.

—Mi marido y yo teníamos un seguro de vida muy bueno.

Siempre quisimos que el otro no tuviera que preocuparse por nada si nos pasaba algo.

—En un tono claramente más bajo añadió—: Visto en retrospectiva, fue de una ingenuidad total.

Los problemas económicos no son nada comparado con lo que viene después.

Después. Qué palabra tan diminuta para las muchas semanas en las que Emma no había podido levantarse de la cama.

Era asombroso lo banal e insignificante que podía parecerle a una su propia vida.

Pero ¿cómo se seguía adelante cuando la persona en torno a la que giraba todo, de un momento a otro ya no estaba?

Emma había renunciado a muchas cosas por la vida con su marido.

Nunca lo había lamentado ni por un instante.

Tampoco ahora. El tiempo con él había sido demasiado valioso.

—¿Ha leído el expediente de su accidente? —preguntó Marcus de pronto.

Emma lo miró, examinándolo.

—¿Se refiere al cuadernillo delgado que lleva la policía de Hamburgo?

Emma podía ver en Marcus que él también había leído el informe de accidente, en su mayor parte tachado. Igual que ella, también él parecía sorprendido y frustrado de que se mantuvieran bajo llave informaciones decisivas. En cualquier caso, Emma decidió creerle que tampoco él sabía más.

—Nunca he visto algo así. Ningún tipo de expediente, ningún nombre. ¡Ninguna investigación adicional!

Emma suspiró.