Capítulo 43
La temperatura en la casa sube de golpe.
Natalia se mueve mucho en el sillón. La piel de becerro con la que está tapizado la hace transpirar.
Su piel se pega a la del animal. No debería hacer tanto calor.
La calefacción de la casa está apagada desde que se fue la electricidad.
Joel y Fernando sudan, aunque tienen la ventana abierta.
Piensan que sus cuerpos desnudos y entrelazados retienen y comparten el calor.
Joana, Manuel y Rodrigo también dan vueltas en la cama sin comprender por qué están sudando tanto.
Escuchan a lo lejos, pero con total claridad, el ruido que hace la capilla al caer sobre sí misma. Escuchan cómo la ma dera se quiebra y las láminas se doblan y se mezclan dando vueltas. No lo ven, pero, de pronto, escuchan el silencio que se hace después de que la tierra ha devorado la capilla.
Todos se levantan de las camas, del sillón, para buscar lo que ha provocado el ruido, para entender qué pasó.
Pero se detienen al oír la voz de Verónica hablando sola, haciendo preguntas que nadie contesta.
Se acercan al mismo tiempo y se encuentran afuera de la habitación.
Tratan de abrir la puerta, pero tiene seguro.
Tocan dos veces y la puerta se abre de golpe.
Verónica está a unos pasos de ellos, frente a una televisión vieja con texto en la pantalla.
«No hay vida. No hay vida. No hay vida».
Pero la pantalla se pone negra muy rápido, tan rápido que nadie alcanza a leer lo que decía el texto.
En cambio, la televisión muestra a Carolina y Verónica fumando sobre un tronco.
Verónica intenta apagar la televisión sin éxito.
No está conectada a la electricidad. No sabe de qué otra forma evitar que sus amigos vean lo que esa versión suya está por hacer.
La golpea con sus manos, pero la televisión no se daña ni se mueve de lugar.
Parece atornillada al suelo. Grita de desesperación.
Los golpes terminan por abrirle la piel de los nudillos, pero ya no siente el dolor.
Joel la jala por la espalda para evitar que se siga haciendo daño.
«Voy a intentar dormir un poco», le dice a Carolina en el video.
Verónica patalea para que Joel la suelte.
Su garganta se desgarra por los gritos. La vena en su frente se hincha.
Su visión se nubla. Su voz se apaga. Pierde el conocimiento.