Cuídate, cariño Capítulo 42
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Capítulo 42

Comprende que fue ella quien le escribió a Joana con la excusa de un nuevo trabajo, aunque no guarda recuerdo alguno de haberlo hecho.

Alguna vez leyó que las personas con depresión pueden tener problemas con la memoria.

No entiende por qué recuerda esa información justo ahora.

Está claro que esto no es un problema que tenga que ver con la depresión.

Todo esto es más grande, imposible de compartimentar para que su cerebro lo pueda concebir.

Imposible hacer algo frente a lo que no se entiende. Imposible, también, entender.

Los jugos gástricos suben y bajan por su esófago, suben y bajan por su esófago. Lo dejan en carne viva. Los nervios, el miedo, la ansiedad, el desconocimiento siguen ocupando su cuerpo.

«¿Soy débil?», se pregunta. «Mi cuerpo no es mío ni cuando mi cerebro está en control. Incluso ahora, que estoy despierta, que estoy viva, mi cuerpo me quema, me lastima. ¿Soy débil o simplemente estoy vacía?».

Debe quedarse ahí.

—¿Ahí dónde?

En la habitación que permanece cerrada.

—¿Por cuánto tiempo?

Debe permanecer ahí. Ya no hay vida para usted afuera.

—¿Qué pasará si no entro?

Ya no hay vida para usted afuera. La vida que conocía ya no existe.

—No puedo. No quiero morir encerrada.

No hay vida. No hay vida. No hay vida…

La televisión llena su pantalla con esa frase mientras la sombra sigue esperando detrás de la ventana. ¿Cuál es el otro camino? La entidad responde en la cabeza de Verónica.

Yo te daré la libertad.

—¿A qué costo?

No hay nada nuevo que pagar.

—¿Qué tengo que hacer?

Solo tienes que cerrar los ojos y desear que me haga cargo.

—¿Tú mataste a Carolina?

Tu amiga estaba viva cuando se la comió la tierra.

Alguien toca la puerta de su habitación. Dos golpes seguidos y la puerta se abre sola. Sus amigos la ven desde el pasillo.