Cuídate, cariño Capítulo 15
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Capítulo 15

Apoyada en el marco de la puerta, Verónica mete la mano bajo la ropa interior para encontrarse con el pene flácido de Joel.

Lo mira a los ojos, pero no ve nada detrás de ellos.

Anhela ver algún brillo, quiere escuchar algún gemido.

Hacerlo sentir vivo. Se desnudan de camino a la cama.

Ninguno sabe lo que siente el otro, lo que piensa el otro.

Joel le pide que le muerda el hombro, que lo muerda más fuerte.

Que no piense en el dolor, el dolor es bueno.

Que no se preocupe por la marca que dejarán sus dientes.

Más fuerte. El dolor es placer y el placer es bueno.

El dolor permite concentrarse en el ahora, traerlos al momento en el que los dos están sobre la cama.

«¿Dónde está mi desesperación?», se pregunta Verónica.

«¿Dónde está mi combustible?, ¿mi pasión?

¿Por qué no puedo morder la carne con el hambre que siento?

¿Es esto lo que buscaba? Que al tenerlo entre mis dientes, se arrepintiera del dolor que me causó y, si ese es mi deseo, ¿por qué no puedo ejercerlo?

¿Por qué no pueden mis dientes atravesar la carne, triturar el hueso? ».

Muerde, no con la fuerza demandada, pero sí con la fuerza que le sale.

Se besan y se masturban, cada uno en su lado de la cama.

Terminan al mismo tiempo, con una coordinación que solo puede aprenderse después de muchos intentos.

Verónica se alegra al ver caer un rayo justo al costado de la casa; la luz y el sonido entran a la habitación y les permiten regresar al mundo real.

Verónica se levanta de la cama, mira a Joel, que sigue acostado con los ojos cerrados, y entra al baño.

Quiere ducharse, limpiar su cuerpo y sus manos.

Deja que el agua corra en la regadera y espera a que salga caliente.

Mientras espera, se ve en el espejo. Sus ojos se llenan de lágrimas de un momento a otro.

«¿Quién es esa que llora frente a mí?», se pregunta.

Y mientras esa pregunta se forma en su cabeza, un sollozo sale de lo más profundo de su cuerpo, un sollozo que la toma por sorpresa.

Tiene que taparse la boca para no dejar salir el ruido, para no alertar a Joel.

Se va haciendo pequeña hasta ocupar el espacio entre el lavabo y el escusado.

Sigue llorando con la mano en la boca hasta que el vapor que ha llenado el baño le avisa que puede pararse bajo la regadera.

Verónica no sabe, no entiende qué pasó. Por qué Joel pidió que lo mordiera, por qué no le bastaba con una mordida gentil, por qué necesitaba del dolor.

Nunca antes le había pedido algo así, ¿qué fue lo que cambió?

No reconoce a la persona que amó por tanto tiempo.

¿Por qué no pudo darle el dolor que pedía?

Hace unos días lo único que quería era que Joel sufriera.

Se arrepintiera. La extrañara. ¿Por qué es tan difícil de entender?

Cuando sale del baño, con el vapor detrás de ella, la cama está vacía y la puerta entreabierta. Se acuesta en la orilla que ocupaba Joel y cierra los ojos, deseando que el sueño llegue pronto.