Cuídate, cariño Capítulo 5
11%

Capítulo 5

La luz tenue que dejaron encendida en la cocina delinea el cuerpo casi desnudo de Verónica.

Su cuerpo doblado por la cadera y sus manos apoyadas por completo en el piso sorprenden a Carolina.

Un cuerpo como exhausto. No sabía que es sonámbula, han dormido tantas noches en la misma casa y nunca la había visto así.

Se acerca lento, alguna vez escuchó que no hay que despertar a las personas que caminan dormidas.

La llama por su nombre, con una voz suave, casi imperceptible.

—Verónica, Verónica. Vamos a la cama.

En cuanto la toca, Verónica levanta su cuerpo con cierto impulso. Regresa a su postura normal y abre los ojos. Se ve confundida y adormilada, pero reconoce a su amiga.

—Ey, no pasa nada. Caminaste dormida, pero todo está bien. ¿Quieres que te acompañe a la cama?

—¿Tú adónde ibas?

—Quería salir a fumar. La casa está muy caliente y no puedo dormir.

—Te acompaño.

—¿Estás segura?

—Sí, no quiero regresar a la cama ahora mismo. Te acompaño.

—Pero vístete.

—No, yo también tengo mucho calor. Es insoportable, necesito que mi cuerpo se refresque.

—Te vas a congelar.

—No, no, mira, toca mi brazo.

Carolina toca su brazo y piensa que es como tocar una taza con té caliente. El cuerpo de Verónica no debería tener esa temperatura.

—¿Te sientes bien? Creo que tienes fiebre.

—Estoy bien, solo necesito un poco de aire. Vamos, dame un cigarro también, por favor.

Caminan hasta la zona en la que la propiedad empieza a poblarse de álamos, se sientan en un tronco y fuman.

Se acaban un cigarro sin que ninguna de las dos diga algo.

El viento helado que cruza entre las ramas de los árboles y arbustos es lo único que se escucha.

Carolina se acerca al cuerpo aún caliente de Verónica.

Abre y cierra la boca, quiere decir algo, pero no sabe ni por dónde empezar.

—No entiendo nada.

—¿De qué?

—Nada de nada.

—¿De la vida?

Carolina no habla, solo se acerca más al cuerpo de su amiga.

—¿Del amor?

Es Verónica quien sigue con la conversación, quiere darle una salida fácil a su amiga para que por fin le cuente a alguien lo que ha estado viviendo con Natalia.

—Sí, del amor, de la vida. Todo.

—¿Por qué no vas con la bruja que visité?

—¿Crees que sirva de algo? ¿A estas alturas?

—¿Estás dispuesta a pagar el precio?

—¿Cuánto cuesta?

—La bruja es costosa, pero creo que hay algo que todavía no he pagado.

La señora me preguntó: «¿Estás dispuesta a pagar el precio?

». No me dijo cuánto o qué se tendría que pagar.

Yo le dije que sí, pero nada ha cambiado.

Todo tiene un precio, ¿no? Ganamos algo, perdemos algo.

Ganas el amor, pero pierdes la libertad o la tranquilidad o algo más, no sé. Siempre se pierde algo.

—Yo siento que todo el tiempo estamos perdiendo.

Cuando ganamos algo parece que dura tan poco antes de que también se pierda.

Todo se va, quién sabe a dónde. Incluso nosotros, ¿no crees?

Perdimos lo que teníamos y venimos aquí cada año para intentar recuperar algo que ya no está.

Siempre que regreso a casa después de estar aquí me siento hasta patética.

—Tenemos que sostener nuestras relaciones, son las que nos anclan. Las que nos recuerdan quiénes somos.

—Pero lo que no sostenemos se cae, hay que estar siempre sosteniendo el peso. Yo quiero que las cosas floten, que ustedes floten, no quiero cargar con el peso.

Verónica mira hacia su habitación y ve que la luz sigue encendida.

Parece que su cuerpo empieza a recuperar una temperatura normal y decide que es tiempo de intentar dormir un poco más.

Carolina quiere fumar otro cigarro, dice que entrará a la casa en un rato.

Verónica camina de regreso, de pronto siente algo parecido a una uña bajar por su espalda.

Voltea, solo ve la punta del cigarro avivarse en los labios de su amiga.

Le invade un dolor intenso en la sien, tiene que cerrar los ojos con fuerza hasta que siente que su cabeza no explotará.

Sabe que no debió de fumar, solo espera que el dolor no vuelva.

Una vez que llega a su habitación, se asoma por la ventana, pero Carolina ya no está.

Se pregunta si irá a la cama con Natalia o dormirán separadas.

No sabe si la conversación que tuvieron le ayudará en algo.

Quizá es así como la bruja logra sobrevivir: personas desesperadas recomendando soluciones absurdas a problemas mundanos.

Apaga la luz, se desviste y se refugia bajo el edredón, con la respiración atrapada y la humedad acumulándose.