29 – Lunes, 20/12/2004
A diferencia de otros lunes, aquel día Tomás se levantó pronto y se apresuró para llegar al trabajo. Estaba ansioso por contarle a Lucía su entrevista con Manuel.
Entró en la sala y empezó a caminar hacia el despacho de la jefa cuando Albanell le cortó el paso.
—Buenos días, sargento. Tengo que decirte algo. Manuel, el detenido del hospital, ha muerto.
—¿Cuándo?
—Esta madrugada.
—¿Le habéis contado algo a la inspectora?
—No, y eso que ya lleva un rato aquí. Tal como nos ordenaste, hemos estado callados, conteniendo la euforia.
—Muchas gracias. Me hacía ilusión darle yo la noticia.
—Lo entendemos.
Tomás se quedó pensativo y callado un buen rato. Dio las gracias, una vez más, a su compañero por la información, y siguió su camino.
—Buenos días, Tomás. Qué serio estás.
—Buenos días. ¿Cómo ha ido el fin de semana?
—Muy bien. ¿Qué te pasa?
Tomás sacó su libreta de apuntes y le explicó la confesión de Manuel.
—Albanell acaba de decirme que ha muerto esta madrugada. No tenemos pruebas y lo único que nos queda es su confesión oral.
—Qué más da —dijo Lucía, que acababa de explotar de alegría y se había levantado para abrazarle—.
El caso, para nosotros, está resuelto. El juez que decida lo que quiera.
Lo que te contó este hombre coincide con el relato de la señora Vílchez, luego habrá que creer que realmente es lo que sucedió.
Al asesino ya no lo pueden castigar ni él puede hacer daño a nadie, por tanto, lo judicial que lo resuelvan como quieran.
Nosotros cerramos un caso que creíamos que no descifraríamos nunca y que hemos podido solucionar gracias a tus investigaciones y a tu olfato, que, por lo visto, nunca te falla.
Ya puedes guardar tu libretita e ir a comprar otra para el próximo caso.
Así que recibe tú, y todo el equipo, mis más sinceras felicitaciones.
Ahora los reunimos a todos, les explicamos lo que ha pasado, aunque seguramente ya lo conocen, y les comunicamos que el caso está cerrado y resuelto.
Lo hemos hecho solo en sesenta días y yo estaba convencida de que nunca lo resolveríamos.
Aprovecharé este momento para repartir mi enhorabuena y mostrar mi agradecimiento a todo el equipo.
—Dicho esto, abrió la puerta del despacho para convocarlos a una reunión inmediata, hecho innecesario puesto que todos estaban esperando su salida y empezaron a aplaudir.