Cuatro meses para volver a amarte CAPÍTULO 32
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CAPÍTULO 32

La quiero, la sigo queriendo, con toda mi alma.

Salgo de la terraza como si huyera de un incendio, pero el fuego que me consume no se puede dejar atrás. El corazón me late tan fuerte que parece a punto de estallar, y las lágrimas, que ya no consigo contener, me caen en silencio por la cara.

Quería odiarla. Quería sentir solo desprecio, repulsión, cualquier cosa que no fuera este maldito amor que todavía me corroe por dentro como una enfermedad incurable.

Pero la verdad es que, por mucho que lo intente, por mucho que ella me haya destrozado, la sigo queriendo con una intensidad que me asfixia.

La quiero, la quiero... ¡maldita sea!

El cuerpo me tiembla, y siento como si estuviera perdiendo el control, como si estuviera cayendo en un abismo sin fin.

Doy un portazo en mi despacho y ni sabría decir cuánto he tardado ni cómo he llegado hasta aquí.

Simplemente estoy aquí, sintiendo que la cabeza me va a estallar con el sonido insistente del teléfono, que tardo en darme cuenta de que está sonando.

—¿Qué pasa? —contesto con brusquedad y escucho la voz de Salazar al otro lado de la línea.

—Creo que no te he pillado en buen momento.

—En un momento pésimo.

—¿Qué ha pasado?

—¡Nada! Dime, ¿qué quieres?

—Necesito que vengas a la empresa, Tommaso. —La voz de Salazar suena firme, pero capto una punta de urgencia en su tono.

—Te dejé al mando, Salazar. Confío en que puedes resolver cualquier cosa.

—Ha surgido un problema que solo tú puedes resolver. Es sobre la compra de las empresas Louds. La fusión está trayendo más quebraderos de cabeza de los que imaginábamos. —Duda un momento, y siento el peso de sus palabras—. Es serio, Tommaso. Necesito que vengas ya.

Cierro los ojos, intentando apartar los pensamientos sobre Alicia y el tormento que me provoca.

Estaría bien salir de aquí, salir de la presencia de Alicia.

—Está bien. Iré, pero no puedo ausentarme de la propiedad más de dos días, así que más te vale dejarlo todo lo más encarrilado posible.

—Ya lo está, Tom. Tú ven... no quiero responsabilizarme del éxito o el fracaso de algo tan importante.

—Iré con mi helicóptero, llego de madrugada —respondo, con la voz más firme de lo que esperaba.

—Está bien, gracias, Tommaso.

Cuelgo el teléfono y me apoyo en la mesa, intentando calmar la tormenta que llevo dentro. Me vendrá bien salir de aquí. No ha pasado ni una semana desde que Alicia llegó, y ya ha provocado un destrozo inmenso en mí.

Salgo del despacho con pasos rápidos y decididos, caminando por los pasillos de la casa, ignorando las miradas curiosas de los empleados que notan mi agitación.

Me paro en la puerta de la sala donde sé que encontraré al ama de llaves, Ludovica.

Ella levanta los ojos de lo que estaba haciendo en cuanto me ve.

—¿Signor Tommaso? —pregunta, con la preocupación evidente en la voz.

—Me marcho —digo, con la voz más dura de lo que pretendía—. Tengo que resolver unos asuntos en la empresa y no vuelvo hasta dentro de dos días. Quiero que la propiedad funcione con normalidad en mi ausencia.

—Por supuesto, señor. ¿Desea que le prepare algo para el viaje?

—No, no hace falta. Voy directo al helipuerto.

Ella asiente, pero duda un momento, como si quisiera decir algo más.

No le doy esa oportunidad. Le doy la espalda y me dirijo fuera de la casa, donde el viento frío de la tarde me golpea de lleno, pero la brisa no basta para enfriar la furia que arde dentro de mí.

Tal vez un poco de trabajo, lo que siempre me ha aliviado durante todos estos años, sea lo que necesito ahora. Trabajo... nada más que eso.

ღ

—Como te decía, Tommaso, por lo visto el viejo Duval quiere revisar los términos de la fusión.

—¿Por qué motivo?

—Alega que, en los últimos meses, Louds ha tenido un aumento significativo en bolsa, lo que repercute en el precio de venta que se anunció.

—¿Se cree que puede jugar con los números después de que ya hayamos cerrado el acuerdo?

—pregunto, con la voz cortante como una cuchilla afilada.

Siento que la adrenalina empieza a correrme por el cuerpo, trayendo una claridad de pensamiento que solo el mundo de los negocios consigue despertar en mí.

Salazar duda un momento antes de responder:

—Duval está intentando sacar ventaja, tal vez porque cree que estamos en una posición vulnerable por los otros proyectos que tenemos en marcha.

—Pues se equivoca. Duval no tiene ni idea de con quién está tratando. Vamos a jugar a su juego, pero con nuestras condiciones.

Me levanto de la silla y empiezo a caminar por la sala, la mente trabajando ya a toda velocidad en una solución.

—Primero, vamos a exigir una revisión completa de los últimos balances financieros de Louds, retroactiva a los últimos cinco años.

Si quiere subir el precio, haremos que se dé cuenta de que sale perdiendo con ello.

Louds ha tenido una subida en las acciones estos últimos meses porque se filtró la noticia de la fusión con Di Angelis Enterprise, pero estuvo en números rojos durante años.

Nosotros solo estamos interesados en esa maldita empresa por la tecnología que han desarrollado, que, sin nuestro capital, no es nada.

—¿Y si se niega? —pregunta Salazar, cauteloso.

—Si se niega, amenazamos con cancelar la fusión y demandarlo por intento de manipulación del mercado.

—Dejo de caminar y miro directamente a Salazar, que parece sopesar mis palabras—.

Duval va de farol. No puede permitirse perder esta fusión, no con Louds en una posición tan inestable.

Pero nosotros sí. Y vamos a hacer que lo entienda.

Salazar asiente, y una pequeña sonrisa de satisfacción le asoma a los labios.

—Empezaré a organizar la revisión de los balances de inmediato.

—Hazlo. Y concierta una reunión con Duval para mañana por la mañana. Quiero ver su reacción cuando se dé cuenta de que no vamos a echarnos atrás.

—Por supuesto, Tommaso. —Salazar se levanta también, con el respeto evidente en su postura—. Sabía que resolverías el problema rápido. Eres una máquina en los negocios, Tommaso.

Asiento con la cabeza, pero mi mente ya va unos pasos por delante, pensando en las posibles reacciones de Duval y en cómo usarlas a nuestro favor.

Si cree que puede intimidarme, está profundamente equivocado.

En el mundo de los negocios soy implacable.

No dejo resquicios, no doy espacio a las debilidades.

Alicia podrá haberme arrancado el corazón, pero mi cerebro sigue siendo una fortaleza.

—Salazar, antes de nada, manda a alguien a investigar las otras empresas con las que Duval tiene negociaciones recientes. Quiero saber si está intentando algo parecido con alguien más.

—Me ocupo de eso ahora mismo. —Sale de la sala con un propósito renovado, y yo vuelvo a sentarme, sintiendo que la tormenta que llevo dentro se calma un poco.

El trabajo es mi mejor medicina.