EPÍLOGO Un año después REBECCA BEAUMONT
El aire de la casa vibra.
Vibra con el sonido de mi madre riendo por algo que dijo Sofía, con el tintineo de las copas, con la música navideña que suena suavemente desde los altavoces.
Frannie chilla de emoción mientras le enseña a mi hermana Victoria cómo funciona su nuevo robot.
Es un caos. Es ruidoso, es cálido y es perfecto.
Es lo que siempre soñé, pero que no siempre creí posible.
Hace un año, mi vida era una película de terror. Hace un año, todo cambió para siempre.
Miro a través de la isla de la cocina. Lina y su esposa, Sarah, están en una acalorada (y completamente falsa) discusión con Nate sobre cuál es la mejor película navideña.
—¡Cualquier cosa que no sea Love Actually ! —insiste Nate, sirviéndose más vino.
—¡Eres un monstruo sin corazón, Vance! —responde Lina, llevándose una mano al pecho—. Becca, controla a tu hombre.
—Obvio que la mejor película navideña es Holidate —agrego a la distancia.
Sonrío y niego con la cabeza mientras destapo la olla.
El olor a hallacas inunda la cocina. Esta navidad, todos probarán la comida navideña venezolana (no es por nada, pero es la más rica del mundo).
Nate me guiña un ojo desde el otro lado de la habitación, y me vuelvo a estremecer como si no tuviéramos casi un año viviendo juntos.
Sí, nos mudamos juntos de forma apresurada, pero hay algo de estar al borde de la muerte que te recuerda, irremediablemente, que la vida es ahora… ¿para qué desperdiciar el tiempo?
Podría haber salido muy mal, para ser honestos, pero no fue el caso.
El último año ha sido, sin dudas, el mejor año de mi vida. Nunca antes había sido tan feliz. Es literalmente despertar todos los días y sentir felicidad en el corazón.
—¡Mami! ¡Jack Jack! ¡Es hora! —grita Frannie, que ahora tiene ocho años y está perdiendo los dientes frontales.
Nate se ríe y se acerca a ella.
—¿Hora de qué, Jirafran?
—¡De la estrella! No la alcanzamos.
Nate la levanta en brazos sin esfuerzo, como si fuera parte de él, y ella coloca la estrella brillante en la punta del pino. Mi madre aplaude. Observo la escena. Mi familia. Mi hija, segura y radiante. Y el hombre que nos salvó en más de un sentido.
Las cicatrices de mi abdomen se han desvanecido a una línea pálida. Las pesadillas sobre sótanos y velas negras son cada vez más raras.
La terapia nos ha ayudado a todos, y hemos dejado enterrado el pasado. Esta vez, para siempre.
Harry está en una prisión federal de máxima seguridad. Madison y Elijah están pudriéndose en una tumba. Estamos a salvo.
Nate baja a Frannie y camina hacia mí. Sus manos se posan en mis caderas, atrayéndome hacia él en medio del caos familiar. Su frente se apoya en la mía.
—Feliz Navidad, mi amor —susurra. Su voz es solo para mí.
—Feliz Navidad, príncipe —respondo, inhalando su aroma. Cierro los ojos y me permito sentir su calor.
Al fin, la bruma ya no nubla mi visión, y lo que veo es perfecto.