EPÍLOGO
BONITA
Se llama Flora Dane. Ella también conoció una vez a un hombre malo. La secuestró, la maltrató e intentó romperla. Pero ella se mantuvo fuerte. Sobrevivió. Reconstruyó su vida. Encontró a personas que la aman y a las que amar.
Ya no está sobreviviendo, me explica. Está prosperando.
Y me va a enseñar cómo hacerlo.
Durante el día, una nueva señora viene a visitarme. Se llama JoAnn Kelly y conoce la magia del habla. Trabaja con los labios y la lengua y sabe cómo hacer que hagan lo que tú quieres. Me está enseñando a hacer sonidos. «Puh, puh, puh. Hah, hah, hah».
Hace tanto tiempo que no me oigo a mí misma que el primer sonido que emito me sorprende. El segundo me hace llorar.
Más tarde, cuando D. D. viene a verme a la hora del almuerzo, ella también llora.
Mis nuevas amigas están muy ocupadas.
No puedo decirles dónde están las otras chicas, pero hay otra mujer, Dorothea, que trabaja en las oficinas del ayuntamiento y gestiona una especie de página web; ella habla por todos.
D. D. me cuenta que Franny, la madre del Hombre Malo, se niega a hablar.
Su hombre está muerto. Su hijo también. No le importa la policía, nuestro pueblo, lo que han hecho. No abre la boca.
Pero el novio de Flora, Keith, consigue que los ordenadores hagan lo que él quiera.
Con algo de información de Dorothea, encuentra todo lo que D.
D. y los demás buscan. Ahora, Kimberly, la agente del FBI, sale todos los días.
Supervisa a las decenas de agentes de la ley que recorren nuestras montañas, desenterrando pobres montones de huesos y ayudándolos a encontrar el camino de vuelta a casa.
Ahora me llamo Bonita. Me gusta este nombre. No creo que sea el que me puso mi madre, pero es el de mi nueva vida con mi nueva familia, así que lo mantendré.
Al final, D. D. dice que puedo ir a una gran ciudad llamada Boston.
Allí hay un lugar especializado en lesiones como la mía.
Mi nueva terapeuta me dice que pueden ayudarme a progresar.
Quizá no logre recuperar el habla, pero aprenderé a comunicarme mediante imágenes y algunas palabras, y quizá con cosas como el lenguaje de signos.
Resulta que hay muchos tipos de comunicación en el mundo.
Al final encontraré una adecuada para mí.
D. D. dice que puedo vivir con ella y con su marido, Alex.
Su hijo, Jack, tiene muchas ganas de conocerme.
Tienen una perra llamada Kiko que se come los zapatos y corre como el viento.
Quiero conocer a Alex, a Jack y a Kiko, aunque eso signifique dejar atrás este pequeño lugar que ha sido tanto mi prisión como mi hogar durante mucho tiempo.
Flora me dice que está bien tener miedo. Dice que debo hablar de ello y no guardármelo dentro. El miedo es natural, pero no debo olvidar nunca que soy fuerte. Todos los supervivientes son fuertes, y nadie nos puede quitar eso.
Hay personas que han desaparecido.
Esta vez no son chicas. Es gente del pueblo, propietarios de negocios. Estaban aquí y, cuando el FBI fue a registrar sus casas, se esfumaron.
El ordenador de Dorothea contiene nombres, me explica D. D. un día. Muchos son locales. Otros son de todas partes del mundo.
A ella y a Kimberly no les preocupan los que han huido. D. D. me asegura que al final los atraparán a todos. Las consecuencias de este caso —los cadáveres en el bosque, los nombres en el ordenador— tardarán años en zanjarse.
Pero ese es el trabajo del FBI. Yo no tengo que hacer nada. Tienen a Franny, a Dorothea, a otros culpables y montones de pruebas que los ayudarán a resolverlo.
Mi trabajo ahora es ser una niña. No una niña estúpida. Solo... una adolescente. Una que vaya al colegio, que aprenda a comunicarse y que quizá haga nuevos amigos, como Alex, Jack y Kiko.
Nunca antes he sido una niña. No sé si es difícil o no, pero me gustaría intentarlo.
Lloro por las noches. Tengo pesadillas. Me despierto, quizá intentando gritar, pero, como siempre, no sale ningún sonido.
Flora me dice que a ella también le pasa, y ya hace siete años que la rescataron. Me asegura que se vuelve más fácil con el tiempo. Aprenderé sobre mí misma y sobre lo que necesito para llegar al otro lado.
Tampoco he sido yo misma antes.
Flora ama a Keith. Nunca dicen nada, pero todos lo sabemos. Se sonrojan cuando el otro entra en la habitación. Me gusta cómo sonríen, radiantes. Me alegra el corazón.
Creo que entiendo lo que Flora intenta enseñarme. No todo mejorará de inmediato. Pero, algún día, todo estará bien.
Hemos estado alojándonos en el mismo motel.
Después de la batalla final en el Mountain Laurel y la oleada de detenciones, el director del motel ha sido muy amable con nosotros.
Jura que nunca quiso que nos fuéramos, pero que recibió una nota amenazante.
Resulta que mucha gente conocía a Clayton y la mayoría le tenían miedo.
D. D. debe regresar pronto a Boston. Echa de menos a su familia y la necesita. Yo no puedo ir todavía. Antes, hay papeleo que poner en orden. No sé cómo se pone el papeleo en orden, pero Kimberly me asegura que se puede hacer. Mientras tanto, Flora y Keith se quedarán conmigo.
Flora está organizando el entierro de un hombre llamado Walt Davies.
No lo conocía. En realidad, no conozco a casi nadie del pueblo, solo a los huéspedes que se alojaban en el hotel.
Al parecer, Walt era el padre del hombre malo de Flora.
Pero ella dice que Walt era bueno y que al final intentó ayudarla, y a mí también.
Se pone triste cuando habla de él, pero luego su estado de ánimo cambia y se vuelve dura. No sé muy bien qué colores tiene Flora. A veces, creo que tiene tonos diferentes según el día.
Quizá porque todavía está aprendiendo a ser ella misma. Dice que si ella puede hacerlo, cualquiera puede.
Hablo con Flora y Keith con imágenes. Es decir, no hablo mucho.
Escucho mucho. Me gusta escuchar a las personas que hablan conmigo de verdad, que me miran a los ojos y se preocupan por cómo reacciono.
Estamos mejorando muchísimo nuestra mímica; además, puedo dibujar.
Tanto como quiera, tan a menudo como quiera.
La logopeda me dice que mis dibujos son muy buenos. Tiene una amiga que expone obras de arte. Le gustaría presentármela.
Quiero encontrar a mi madre.
El Hombre Malo la mató. Lo sé. Pude dibujárselo a mis amigos. Pero no sé qué ocurrió después. Tengo un dibujo especial en mis álbumes. La terapeuta me ayudó a hacerlo. Es como uno de esos emojis que me han enseñado, pero este lo diseñé yo con los ojos y el pelo de mi madre.
Lo toco cuando me despierto y antes de acostarme. Y siento su presencia plateada y cálida en el aire que me rodea.
A menudo le enseño el dibujo a Flora y a D. D. Pongo cara de interrogación. Todas estamos mejorando en esto.
D. D. fue la primera en darse cuenta de lo que quería.
Dice que no han podido encontrar ningún registro, ni de mi nacimiento ni de mi madre, pero han estado reconstruyendo la vida del Hombre Malo.
Saben que tenía un negocio en Nuevo México.
Hay registros legales. Ahora están trabajando en las cosas ilegales.
Él está muerto y los testigos prestarán declaración.
Me dice que pronto tendrán más información.
El FBI ya ha comenzado la búsqueda. Tarde o temprano, encontrarán una extensión de desierto con montones de huesos, igual que estas montañas. Mi madre será uno de ellos. La sacarán con cuidado de la tierra roja y me la traerán a casa.
Se llama Flora Dane. Es una superviviente y mi mentora.
Se llama D. D. Warren. Es sargento y mi protectora.
Se llama Kimberly Quincy. Es agente del FBI y la persona que conseguirá que se haga justicia por todas mis hermanas perdidas.
Mi nombre es Bonita. Soy guapa. Soy fuerte.
Soy hija de mi madre. Siempre.