Epílogo
L a brisa todavía fresca de comienzos de marzo revuelve mis tirabuzones a mi espalda. Siento el estómago lleno después de comer toda la familia en la casa de Emily, como todos los días desde el primer día de enero… Un propósito de los Weston para este año.
Yo no creo en los propósitos, nunca lo he hecho, pero, el último día del año —antes de que Wade me besara delante de toda su familia—, me pareció divertido proponerme una meta.
Llevamos solo tres meses de año, pero parece que poco a poco se está cumpliendo.
No es algo que se consiga de un día para otro, pero creo que en los próximos nueve meses puedo verlo hecho realidad.
Trust el nombre de tu abuelo. Mereces conservarlo. Aunque vayas a formar parte de mi familia, también sigues perteneciendo a la suya.”
“Gracias a los Weston he encontrado mi lugar, Wade. Todo lo que soy es tuyo. Y sé que mi abuelo seguiría estando orgulloso de mí si llevara tu apellido.”
Me mira con ternura antes de rodear mis mejillas y depositar un lento beso sobre mis labios.
“No me importa el apellido que elijas,” susurra, pegando su frente a la mía. “Siempre vas a ser mi hogar.”
Con el silencio acompañándonos, encuentro en su mirada todo lo que necesito: promesas silenciosas, un futuro compartido y un amor que crece día a día, firme y sereno, como estos almendros en flor, testigos de nuestra historia.