VALENTINA CRUZASISTENTE EJECUTIVA
Aún le costaba creer que aquel empleo fuera real.
Mientras tanto, en el último piso del edificio, Adrián observaba la ciudad desde la ventana de su oficina.
Su mejor amigo, Lucas Ferrer, entró sin tocar la puerta, como siempre hacía.
—¿Es cierto que contrataste personalmente a la nueva asistente?
—Sí.
Lucas arqueó una ceja.
—Eso no es propio de ti. Normalmente dejas esas decisiones al departamento de Recursos Humanos.
Adrián permaneció en silencio unos segundos.
—Tiene algo diferente.
—¿Diferente o interesante?
Adrián lanzó una mirada seria.
—No empieces.
Lucas sonrió divertido.
—Está bien. Solo digo que hace mucho tiempo no veía que alguien llamara tu atención.
Unos minutos después, Valentina fue acompañada al piso ejecutivo.
Las puertas del ascensor se abrieron lentamente.
Todo era distinto allí: oficinas amplias, paredes de cristal, obras de arte y un ambiente elegante que imponía respeto.
—Buenos días.
La voz femenina hizo que Valentina girara.
Era una mujer de cabello castaño, ojos claros y una sonrisa cálida.
—Soy Camila Montenegro.
Valentina abrió los ojos con sorpresa.
—¿Montenegro?
—Sí. Adrián es mi hermano.
Camila le estrechó la mano con amabilidad.
—No te preocupes. Aquí todos somos un equipo. Si necesitas ayuda, puedes contar conmigo.
Aquellas palabras tranquilizaron a Valentina.
Pero la calma duró poco.
Las puertas del ascensor volvieron a abrirse.
Entró una mujer alta, elegante y segura de sí misma. Vestía un traje blanco impecable y unos tacones que resonaban con fuerza sobre el suelo de mármol.
Se acercó directamente a Adrián.
—Buenos días.
Sin esperar respuesta, lo besó en la mejilla.
Valentina observó la escena sin decir una palabra.
Camila suspiró discretamente.
—Ella es Sofía Rivas.
—¿Trabaja aquí?
—Es la directora de Marketing.
Valentina asintió.
Sin embargo, notó algo extraño.
Sofía apenas había visto a Adrián.
Toda su atención estaba puesta en ella.
La recorrió de arriba abajo con una mirada fría.
—¿Quién es la nueva?
—Valentina Cruz —respondió Camila.
Sofía sonrió, aunque sus ojos no reflejaban amabilidad.
—Espero que estés preparada. Aquí no todos logran quedarse mucho tiempo.
Antes de que Valentina pudiera responder, Sofía dio media vuelta y entró en su oficina.
Camila negó con la cabeza.
—No le hagas caso. Tiene un carácter… complicado.
El resto de la mañana transcurrió entre documentos, llamadas y reuniones.
Valentina aprendía con rapidez. Tomaba notas de todo y resolvía cada tarea con una eficiencia que sorprendió incluso a los empleados con más años en la empresa.
Al mediodía, Adrián la llamó a su oficina.
—¿Señor Montenegro?
—Siéntese, por favor.
Valentina obedeció.
Él cerró una carpeta y la miró fijamente.
—He revisado su trabajo de esta mañana.
Ella sintió un nudo en el estómago.
—¿Cometí algún error?
Adrián negó lentamente.
—Todo lo contrario.
Sacó un documento del escritorio.
—Nadie había organizado estos informes en menos de una semana. Usted lo hizo en tres horas.
Valentina sonrió con timidez.
—Solo intenté hacer bien mi trabajo.
Adrián no pudo evitar devolverle la sonrisa.
En ese instante comprendió que había tomado la decisión correcta al contratarla.
Pero, desde el otro lado del cristal de la oficina, alguien observaba la escena.
Sofía.
Con los brazos cruzados y la mirada llena de celos, comprendió que aquella joven recién llegada podía convertirse en una amenaza para sus planes.
Y estaba decidida a impedir que se acercara a Adrián, costara lo que costara.