Cuando Dios y el Diablo juegan CODA
100%

CODA

Un vistazo futuro…

El tablero seguía vivo.

Siempre lo estaba.

Las piezas avanzaban.

Retrocedían.

Caían.

Aparecían otras nuevas.

Generaciones completas moviéndose sin comprender del todo que formaban parte de algo mucho más grande.

Jonathan observaba.

Desde arriba.

Sin intervenir.

Como alguien que ya conocía las reglas.

O al menos las suficientes.

Alan avanzaba.

Todavía torpe.

Todavía aprendiendo.

Pero firme.

Del lado correcto.

Una leve sonrisa apareció.

Más allá, Maricela.

Su partida también continuaba.

Todavía con miedo algunas veces.

Todavía con dudas.

Pero resistiendo, como hacen los que permanecen.

—Nada mal —murmuró—.

Al final sí aprendieron algo.

Las piezas continuaron moviéndose.

Lentas.

Constantes.

Hasta que algo más llamó su atención.

Una presencia.

Pequeña.

Distante.

Pero extrañamente familiar.

Jonathan frunció el ceño, observando mejor.

La pieza avanzaba segura.

Decidida.

Con un peso que no debería tener alguien tan nuevo en el tablero.

Y lo más extraño era lo que se acumulaba detrás de ella: otras piezas comenzaban a colocarse en su estela.

Siguiéndola.

Escuchándola.

Creyéndole.

Como si una partida completa estuviera tomando forma alrededor de una sola pieza.

Jonathan entrecerró los ojos.

Le tomó un momento reconocerla.

Y cuando lo hizo, un nombre regresó desde algún rincón de la memoria.

Ernesto.

No entendió de inmediato por qué le resultaba conocido.

Hasta que el recuerdo llegó completo.

Una noche.

Un hospital.

Una mujer llorando.

Un niño luchando por respirar.

Y Gustavo, rompiendo las reglas otra vez.

Como siempre.

Jonathan soltó una pequeña risa.

—Claro... ese niño.

Buscó la pieza donde debería estar.

Del lado de Alan.

Del lado de Maricela.

Del lado de Gustavo.

No estaba ahí.

La sonrisa desapareció despacio.

Ernesto avanzaba sobre un tablero distinto.

Del otro lado.

Jonathan observó durante varios segundos.

Sin hablar.

Sin moverse.

Simplemente entendiendo, porque ahora podía verlo con claridad: las decisiones, los caminos, las consecuencias.

Ayudar a alguien no significaba decidir quién terminaría siendo.

Levantó la mirada hacia el otro tablero.

Muy lejos.

Gustavo.

Alan.

Maricela.

Sin saber todavía lo que se acercaba.

Sin saber que una vieja decisión regresaba para encontrarlos.

Jonathan observó ambos lados.

Las piezas.

Los futuros posibles.

Y entonces sonrió.

La misma sonrisa.

Torcida.

Divertida.

Peligrosa.

—Rayos... —una pequeña risa escapó de su boca— esto sí no lo vi venir.

Las piezas continuaron moviéndose, como lo harían siempre.

Jonathan volvió a observar el tablero.

Y la sonrisa se amplió apenas.

—Al parecer... esto apenas se está poniendo interesante.

Y el juego continuó.