Capítulo 60
Dahlia
Sabía el sabor que tendrían los labios de Ethan incluso antes de que su boca impactase hambrienta contra la mía. Llevaba queriendo volver a probarlos desde nuestro primer —único— beso. Ese que no me he podido sacar de la cabeza.
Pero ni mi imaginación desatada de los últimos días habría podido prepararme para la explosión que se desata cuando rompe por fin la distancia y nos besamos.
Nuestros labios se juntan y nuestras lenguas se abren paso para enrollarse, como si fueran viejas compañeras con ganas de ponerse al día.
Creo que se me escapa un gemido cuando lo saboreo, o puede que sea Ethan cuando tiro ligeramente de su cabello, pero hace que me tiemblen las piernas.
Todavía conserva el aroma de la sangría entremezclado con la calidez de su aliento y sabe a pasión y ganas contenidas.
Creo que nunca me han besado así, urgente, visceral. Como si se estuviera ahogando y yo fuera el último resquicio de aire. Me atrae más hacia él y absorbe; yo también lo reclamo y nuestros centros colisionan provocando una descarga de placer que me recorre el cuerpo.
No me importa que estemos enrollándonos en medio de un garito cutre, no me importa que haya gente mirándonos. Ahora mismo, solo me importa que Ethan siga besándome y sus brazos me sostengan para no caer al vacío.
Pero tengo ganas de salir de aquí. Por otras razones.
Tardamos una eternidad en regresar al hotel, solo porque nos paramos en cada esquina para volver a tocarnos, nuestras lenguas moviéndose a la par, dispuestas a continuar el baile que hemos dejado a medias en el local. No quiero que mi boca pierda su sabor ni que de mi piel desaparezca su aroma.
Llegamos a la habitación entre pasos torpes y besos húmedos.
Su camiseta es lo primero en caer al suelo.
Deslizo mis manos por cada centímetro de sus brazos y torso desnudos, recorriendo los tatuajes que le he visto hace un rato en el estudio y que ahora me muero de ganas por besar.
Mis dedos rozan con cuidado el más reciente en la zona alta de las costillas, protegido por un plástico brillante.
Noto cómo Ethan se estremece y sus labios abandonan los míos para bajar hasta mi cuello y humedecerlo a través de un reguero de besos.
No puedo evitar que se me escape otro gemido cuando desciende todavía más y comienza a desabotonar el mono.
—Esto fuera. Ya.
Y con eso, también cae al suelo, dejándome expuesta con tan solo mi conjunto de ropa interior, que tampoco deja mucho lugar a la imaginación.
Doy gracias por mi elección de vestuario al ver la forma en la que Ethan reacciona.
Sus pupilas se dilatan hasta que casi no queda rastro de ese color azul.
Es una mirada salvaje, cargada de deseo.
Por primera vez desde que hemos entrado en la habitación, sus ojos se encuentran con los míos para luego recorrer cada centímetro de mi piel de arriba abajo.
Dos veces, como si una nunca fuera suficiente.
Siempre se detiene para mirarme.
—Joder, eres preciosa.
Y esta vez no solo me atrae hacia él para volver a besarme, sino que me levanta del suelo sin esfuerzo y me sostiene contra la pared más cercana... y contra él. Mis piernas rodean su cintura y puedo sentir cada parte de su largo y perfecto cuerpo presionando el mío. Cada. Parte.
El modo en que siento su erección palpitante a través de los vaqueros hace que gima y me lance a su cuello para lamerlo.
Ethan no puede contener el gruñido de satisfacción cuando se deshace sin cuidado de mi sujetador y cubre uno de mis pezones con su lengua cálida y húmeda, y me hace perder la cabeza cuando chupa y succiona.
Mi respuesta se basa en tirones a su cabello rubio mientras me revuelvo e inclino mis caderas en su dirección, buscando la cercanía de nuestros miembros.
—Así vas a matarme, flor.
—Entonces llévame a la cama.
Sin mediar palabra y sin parar de besarme, camina a trompicones hasta el colchón sobre el que nos deja caer, su cuerpo presionando el mío.
Introduzco las manos en el espacio entre nosotros con un único objetivo, pero cuando por fin alcanzan el botón de sus pantalones, se mueve sacándolo de mi alcance.
Entonces rompe el contacto entre nuestros labios y veo que se pone de rodillas a los pies de la cama.
Sus brazos sujetan con firmeza mis caderas y tira de mí hacia sí, llevándome al límite.
Metafóricamente y en sentido figurado, casi me hace caer del colchón.
No tengo tiempo para recuperarme, pues enseguida noto los dedos de Ethan acariciando mis piernas y abriéndose paso entre ellas, cada vez más cerca de. ..
—Joder, flor, estás muy mojada.
Juega con la goma de mis bragas hasta que parece perder la paciencia y se deshace de ellas con un único tirón. Creo que las rompe. No puede importarme menos.
—Abre las piernas para mí, Dahlia.
Tiemblo como cada vez que oigo mi nombre salir de su boca, pero obedezco y él empieza a depositar besos en la parte interior de mis muslos, cada cual más húmedo que el anterior. Cuando sus labios se acercan a ese punto concreto, se me escapa un jadeo tembloroso.
—Quiero comerte entera, cariño. Déjame darte placer.
Mi respuesta es abrir más las piernas y la suya, meter la cabeza entre ellas. Antes de que pueda reaccionar, una descarga eléctrica me atraviesa por dentro, haciéndome temblar.
La boca de Ethan se introduce de lleno y devora mi centro, hambriento. Me come, me lame, me muerde. Los movimientos de su lengua acariciando mi clítoris amenazan con hacerme perder la cabeza y provocan que todo mi cuerpo hormiguee.
Inclino la cabeza para encontrarme su cara metida entre mis piernas, sus rizos rubios revueltos y sus dedos apretando con fuerza mi culo mientras me aprisiona contra su boca.
Esa imagen me produce un remolino de placer que, por un segundo, temo ser incapaz de controlar.
Se vuelve peor cuando separa la cabeza solo para mirarme y esbozar una sonrisa maliciosa que me derrite y provoca que mi cuerpo no responda.
Joder. Me parece que nunca he estado tan excitada como ahora mismo.
—Eso es, córrete en mi boca, flor. Quiero probarte.
Eso es lo único que necesito para terminar de perder el control. Con Ethan es fácil.
Con él, me olvido de las barreras; conoce mis grietas y no tiene miedo de lo que puede haber debajo. Ya lo ha visto todo, se lo he mostrado todo y aun así... está aquí.
El orgasmo llega tan rápido que soy incapaz de contenerlo, mi cuerpo arde ante la oleada de placer que me desborda. Siento que podría deshacerme en este instante.
Necesito unos segundos para recuperarme, me retuerzo por los resquicios de esta sensación que todavía recorre cada fibra nerviosa.
—Te dije que te sorprendería. —Antes de cerrar los ojos, veo a Ethan relamerse los labios con restos de mí en ellos y tengo que apretar las piernas.
Puede que sea lo más sexy que he visto en mi vida. Un sentimiento de necesidad vuelve a apoderarse de mí y en este momento creo que podría volver a correrme.
Rememoro nuestra conversación en Miami, hace mucho tiempo.
En otra ocasión, no dejaría su orgullo impune con tanta facilidad, pero estoy más que satisfecha, dispuesta a devolverle el favor.
Ethan ya se ha deshecho de los pantalones, lo que me deja una única barrera.
Me pongo de rodillas sobre la cama y tiro de la goma de su bóxer hacia abajo, liberando su miembro necesitado, que se siente duro y palpitante entre mis manos.
Joder, está bien dotado incluso aquí abajo.
Si no fuera porque voy a aprovecharme, creo que me enfadaría.
Me lanzo hacia él para que mis labios puedan sentirlo y saborearlo, pero Ethan me detiene.
—Por mucho que sueñe con tu boca sobre mi polla, esto no va a acabarse así. Esta noche, no. Necesito estar dentro de ti.
«Esta noche». En mi cabeza resuenan todas las alarmas que me advierten sobre las razones por las que esto no es una buena idea... decido acallarlas. Porque, ahora mismo, lo necesito. Esto todavía no ha terminado y yo necesito más.
Caigo de espaldas sobre la cama por el impulso de sus labios contra los míos. Nuestros cuerpos se amoldan al contacto, mis piernas se enredan entre las suyas y sus manos recorren cada centímetro de mi pecho. No hay un solo lugar en el que no lo sienta ahora mismo. Encajamos a la perfección.
—Condón —logro balbucear con la poca cordura que me queda cuando su erección se coloca en mi entrada y se frota entera contra mí.
—¿Cómo te sientes si saco uno del pantalón ahora mismo? —Veo cómo se inclina para levantar sus vaqueros del suelo, cogerlo y volver a tirarlos sin cuidado.
—Agradecida.
—No es que lo pusiera ahí porque esperase algo de ti, pero uno siempre tiene que estar preparado. —Muerde el plástico, rasgando el envoltorio—. Tampoco es que pensara acostarme con nadie esta noche, me refiero en general...
Su voz es entrecortada y yo estaba perdiendo la cabeza.
—Ethan —lo interrumpo, poniendo un dedo sobre sus labios—, cállate, ponte el puto condón y fóllame.
—A mandar.
Desliza el látex por su larga erección al tiempo que sus abdominales se contraen. Nunca había imaginado que algo tan rutinario pudiera resultar tan atractivo.
Cuando está listo, se deja caer sobre mí, apoya los brazos a ambos lados de mi cuerpo, baja dolorosamente lento hacia mis labios y se coloca de nuevo entre mis piernas.
Entonces —por fin— vuelve a devorarme. Nunca me han besado así, con tanto dominio y confianza, como si hacerlo fuera tan fácil como respirar y, al mismo tiempo, puro instinto de supervivencia.
—Quiero mirarte mientras lo hacemos —susurra cerca de mis labios.