Capítulo 63
NARANJA Y ROJO
—¡ L evantadlo! —le gritó Henry a Jamal y Deshawn, con la voz quebrándosele por el esfuerzo en la garganta.
Al instante, los dos subordinados se agacharon, engancharon sus brazos bajo las axilas de Frank y lo pusieron en pie de un tirón. Sin necesidad de recibir instrucciones, lo llevaron hasta la farola más cercana, le rodearon el cuerpo con la cadena y lo izaron un par de palmos en el aire.
Henry sonrió con suficiencia ante la imagen. Así que este era el aspecto que tenía Jermaine . Débil, indefenso, completamente a su merced.
Caminó con parsimonia hacia Frank y le quitó la bolsa de la cara.
—¿Tienes miedo?
Frank no dijo nada. Tenía el ojo izquierdo con un hematoma considerable y la sangre le brotaba de los labios, recorriéndole la barbilla y el cuello.
—Parece que sientes algo de dolor —continuó Henry—. ¿Te han hecho daño mis chicos?
Frank escupió un gargajo de sangre al suelo.
—Voy a hacer que sufras —dijo Henry, sintiéndose extrañamente calmado—. No quiero que sea algo rápido y fácil como lo fue para Danielle. Ni hablar.
Al oír el nombre de Danielle, los ojos medio entornados de Frank se abrieron ligeramente.
—¿Cómo has...? —su voz era débil—. Yo no hice... No fue...
—No me vengas con gilipolleces. Sé lo que has hecho. Y la policía también sabe que has sido tú. Estás en la desafortunada posición de que he conseguido llegar hasta ti primero. Ellos habrían sido mucho más amables.
—Por favor...
—¡No! —gritó Henry en la cara de Frank, con el dedo suspendido a centímetros de la nariz del hombre—.
No tienes derecho a suplicar. Primero me ignoras y sigues vendiendo tu veneno en mis calles.
Luego empiezas a vender tu mercancía a mis clientes.
Y después matas a mi puta hermana con ella.
De esta no vas a salir vivo, tronco. Eres un puto cretino...
un pedazo de mierda manchado de... ¡mierda!
—No era mi intención... No quería que pasara —susurró Frank, haciendo una mueca de dolor mientras cada respiración hacía que la cadena se le clavara más en las costillas—. Fue un accidente.
—Y lo que está a punto de pasarte también se considerará un accidente.
Vaya, lo siento, señor agente. Parece que, sin querer, he colgado a Frank Graham de una farola, y accidentalmente he rociado su cuerpo con líquido inflamable, y accidentalmente le he prendido fuego con un mechero, y accidentalmente no he perdido ni un minuto de sueño por ello.
Frank escupió otro gargajo de sangre al suelo; algunos hilos le colgaban de los labios. —Por favor.
Henry lo ignoró, dio un paso atrás y dio la orden.
Deshawn y Jamal se pusieron en marcha vertiendo el líquido sobre el cuerpo lánguido y debilucho de Frank, y en cuestión de segundos, lo cubrieron de la cabeza a los pies.
El hombre se agitó y se retorció, intentando sacudirse el combustible.
Pero era inútil. Ya nadie podía hacer nada para salvarlo.
—¿Por qué lo hiciste? —preguntó Henry—. ¿Qué hizo mal mi hermana?
Frank sacudió la cabeza. —Nada. —El líquido ahogó sus palabras y, al hablar, aspiró un poco y se atragantó.
—¿Por qué estabas con ella?
—Para... para...
—¿Sí?
—Para... para llegar a ti .
Eso fue todo. Había oído suficiente.
Henry metió la mano en su bolsillo trasero, sacó un mechero y accionó la piedra.
Al ver la llama, la chica que Reece tenía bajo control gritó; su chillido agudo rasgó el aire. Henry giró sobre sus talones y le dijo que ella sería la siguiente si no se callaba la boca.
Luego se volvió hacia Frank.
Dio un paso más.
Sostuvo el mechero bajo el rostro del hombre empapado.
Lo bajó por debajo de sus pies.
Y observó cómo el cuerpo de Frank Graham era devorado por una llamarada naranja y roja.