Cruzar la Raya (DC Jake Tanner 4) Capítulo 59
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Capítulo 59

EN LA ESCALERA

H enry estaba en estado de shock. Eso estaba claro.

Martin solo lo conocía desde hacía poco más de medio año, y esta era la primera vez que veía al pez gordo de la droga sin palabras.

En cierto modo, le inquietaba. Allí estaba ese tipo que se suponía implacable, tenaz, intocable, carente de cualquier sentido de la humildad o la emoción, el Michael Corleone del East London, y sin embargo ahora estaba atrapado dentro de su propio cuerpo, inmovilizado por el dolor.

—Tú... —empezó Henry, pero se interrumpió—. ¿Q-qué...?

—Es mucha información para asimilar —dijo Martin.

Tuvo cuidado de no caer en el «modo trabajo» y ofrecer su guion habitual a los familiares de los fallecidos.

Ya no eran extraños, ahora eran, de hecho, amigos, compadres, camaradas, y eso exigía un tipo de respeto diferente—.

Mañana vendrá otro agente a buscarte y a decirte lo mismo.

Un oficial de enlace familiar. Creo que ya han pasado por tu casa.

Pero ¿supongo que has estado aquí todo el día?

Henry asintió levemente, con la mirada perdida.

—Vale. Bueno... —Hizo una pausa—. Lo siento, tío. De verdad, lo siento.

—¿Qué sabes? Cuéntamelo todo. —La voz de Henry era suave, casi un susurro delicado, como si estuviera hablando con un niño que duerme, tratando de despertarlo del sueño.

Martin se mordió el labio y respondió con cautela: —La han encontrado cerca de Margate.

Con su amiga, Annabelle. Alguien desde un barco las vio flotando junto a la orilla.

—Tosió y se aclaró la garganta, reprimiendo su propia pena—.

Han llevado el cuerpo de Danielle al patólogo y la están examinando ahora.

Por lo que me llega por los canales habituales, no parece que haya sufrido ningún tipo de herida ni que haya recibido una paliza, así que descarto el apuñalamiento o los golpes para que te quedes más tranquilo.

Según mi opinión profesional, por lo que he podido averiguar, parece que podría estar relacionado con las drogas o el alcohol. Una sobredosis, tal vez.

—¿Una sobredosis de droga? —preguntó Henry, con la voz notablemente más alta y clara esta vez.

—Le podrían haber echado algo en la bebida, por lo que sabemos.—

—¿Qué han encontrado en su sistema?

—Los primeros informes indican muchas cosas diferentes. Coca. Mandy. Ketamina. Speed. Lidocaína. Fuera lo que fuese lo que tomó, no debió de sufrir mucho tiempo. Todas esas drogas en su sistema la habrían matado casi al instante.

—¿Se supone que eso tiene que hacerme sentir mejor? —Henry tiró de la cadena de oro que llevaba al cuello, apretándola en su puño.

—Solo digo que no habría sufrido.

Henry bajó la cabeza y se quedó mirando fijamente la mesa de centro.

—Ese cabrón. Ese puto inútil... —Henry se contuvo antes de soltar una sarta de improperios dirigidos a un objeto inanimado sobre la mesa—.

Apuesto a que ha sido él. Graham. El puto Frank Graham.

Ese es su producto entrando en el mercado. Lo está mezclando todo en uno.

Henry levantó la vista y captó la mirada inquisitiva de Martin. —Ayer, Deshawn le encontró un poco a un yonqui y se lo quitó. Lo hemos estado analizando desde entonces. Ese traidor.

La voz de Henry volvió a un estado de calma; a Martin le inquietaba la rapidez con la que podía alternar entre asesino patológico y dueño de un negocio sereno. —Seguro que ese imbécil pensó que podría usar a mi hermana para llegar a mí. Gran error.

—¿Qué quieres que hagamos, hermano? —preguntó Deshawn, sacando ya la Glock de detrás de su espalda.

—Vamos a encontrarlo y luego vamos a matarlo, joder.

—¿Al estilo J?

—Sí. Trae también a algo de caballería. Quiero que vean esto.

Henry se levantó de su asiento y arremetió hacia la puerta. Martin reaccionó primero y se puso delante, cortándole el paso, apoyando las manos contra el pecho de Henry para mantenerlo a raya. La expresión en el rostro de Henry le decía que era una estupidez hacerlo, pero continuó a pesar de todo.

—Espera —le dijo a Henry—. Vas a necesitar ayuda.

—No, de esto me encargo yo solo.

—Tienes a un poli ahí fuera, con la espalda más tiesa que una vara de acero, vigilando ya este sitio.

Ya está esperando. En el momento en que te vea ir a algún lado con prisa, ¿no crees que va a llamar al resto de su patrulla y va a empezar a daros caza antes de que lleguéis a Frank?

Lo hará. No te culpo por estar cabreado. Pero tienes que pensar con claridad.

Retiró las manos del pecho de Henry. —Así es como va a salir la cosa. Yo me libraré del poli, luego vosotros subís al coche y salís por detrás. Usaré a uno de los chavales para que actúe como distracción si me hace falta.

—Es cosa tuya. Encárgate tú de Tanner. Si nos ve salir, será problema tuyo.

—¿No podéis esperar a que lo haya hecho?

—No. No quiero que Frank se dé a la fuga.

Martin suspiró. No tenía sentido oponerse. Henry se saldría con la suya, y todos los presentes lo sabían. Pero estaba a punto de saborear otra oportunidad para demostrar su valía y ganarse su estatus ante Henry y los demás.

Y demostrar su valía ante La Cábala.

Para subir un peldaño más que Helen Clements en la escalera.

Se aclaró la garganta. —Dejádmelo a mí.