CAPÍTULO TREINTA Y TRES
—Oye, tenemos un problema —anunció Jaime.
—¿Qué pasa? —preguntó Cedro.
—La policía se enteró de la llegada de nuestro invitado. Están trabajando arduamente para encontrarlo y lo han vinculado con nosotros. Están recorriendo el vecindario buscándonos a todos.
—¿Cómo carajos…? ¡Ah, esa estúpida soltó la sopa! ¡La voy a despellejar viva cuando la encuentre! —acentúo sus gritos lanzando tres cuchillos contra la pared.
Jaime esperó a que se le pasara el berrinche.
—Estamos bien aquí un día más. Aparte de nosotros dos, nadie sabe de este lugar. Podemos terminar el trabajo esta noche e irnos inmediatamente. Aún puede funcionar.
—¿Qué sabe exactamente la policía?
—Buscan a un ruso que llegó a la ciudad en barco anoche, creen que es un francotirador y están trasladando todas sus actividades al interior para proteger al presidente de México.
—¿Un francotirador? Que cambien de planes, por mí no importa.
—Saben que hay un ruso en la ciudad y lo han vinculado con nosotros.
—Mátalo en cuanto haga el disparo y déjale el arma. Vamos a estar a 5,000 kilómetros de distancia cuando lo encuentren.
—Bueno, solo quería asegurarme de que entiendes que la cosa se está poniendo muy difícil allá afuera. Debemos estar listos para correr si se acercan demasiado.
—No hasta que haga el disparo. No me importa que las autoridades me estén buscando, pero no voy a estar viendo por encima de mí hombro en busca de asesinos el resto de mi vida. Si le fallamos al cártel, nunca van a dejar de perseguirnos. Haz todo lo posible para asegurarte de que suceda esta noche.
∙ ∙ ∙
El doctor David Whitman extrajo el corazón sano y lo envasó cuidadosamente en una doble bolsa de plástico estéril para su transporte, a pesar de que su destino estaba a pocos pasos.
El leve riesgo de que se cayera accidentalmente, una posibilidad terrible, era inaceptable.
Centró su atención en la extirpación de los pulmones, destinados a una joven de 17 años con enfermedad pulmonar terminal causada por fibrosis quística. Otro equipo dirigiría el trasplante.
Terminó con los pulmones y le pasó el caso a otro cirujano, quien supervisaría la extracción de los órganos abdominales. Otros cirujanos y familiares esperaban con ansias la llegada del hígado, los riñones, el páncreas y partes del intestino.
El doctor Whitman se quitó la bata quirúrgica y tras una breve parada en el baño, se preparó para la cirugía en el quirófano contiguo. Su esposa haría los últimos cortes para extraer el corazón enfermo.
—¡Guau! Se ve peor de lo que imaginaba —comentó David.
—Sí. Me alegra que nos den un corazón nuevo porque este no tenía esperanza de sanar.
Juntos terminaron de extraer el órgano enfermo, lo embolsaron y lo enviaron a patología para su análisis y así aprender lo más posible sobre la miocarditis, lo que algún día podría conducir a una mejor prevención y cura.
David y Karen trabajaron juntos para preparar la cavidad torácica para recibir el nuevo órgano y comenzaron el tedioso proceso de conectar todas las arterias, venas y nervios necesarios para que el nuevo corazón funcionara correctamente. Tenían un largo camino por recorrer.
∙ ∙ ∙
—¿Cómo estás? —pregunté mientras Banshee y se acurrucaba junto a Merry para recibir sus esperadas caricias.
—Igual, esperando con ansias ver si mi hijo sobrevive. ¿Te he dicho cuánto odio esperar?
—Estoy de acuerdo contigo en eso. ¿Hay novedades?
—Una enfermera pasó a decirme que le habían extirpado el corazón viejo y que estaban empezando a conectar el nuevo. Parece que todo va bien. ¿Cómo te fue en la reunión con el de Seguridad Nacional?
—Bien, pero no creo que hayan encontrado nada nuevo. Siguen intentando identificar y localizar a ese francotirador ruso.
—Les deseo mucha suerte. ¿Quieres dar un paseo? Se me está durmiendo el trasero en esta silla.
Salimos a caminar disfrutando del sol y del aire fresco y salado que llegaba del océano. El sol nos apaciguó, pero la tarde prometía ser otra vez abrasadora.
—¿Cómo va a ser su vida con el nuevo corazón? —preguntó Mary.
—Va a necesitar tiempo para recuperarse de la cirugía.
Es una cirugía mayor, por supuesto y ha estado en cama un tiempo, así que habrá perdido mucha masa muscular.
Le va a tomar dos o tres meses recuperar la fuerza y luego va a estar bien encaminado para volver a la normalidad.
Va a necesitar tomar medicamentos y hacerse chequeos regulares, pero debería poder seguir el ritmo de los otros niños de su edad.
—Así que va a tener la oportunidad de vivir una vida normal, practicar deportes, nadar en la playa y perseguir chicas.
—O huir de las chicas.
—Cierto. Hay mujeres peligrosas por ahí afuera —se rió un poco.
Caminamos en silencio por un rato y Banshee recogió aromas y cumplidos amistosos de la gente que nos encontrábamos a lo largo del camino.
—¿Lista para regresar? —pregunté.
—Claro. Hay que darnos prisa en regresar y a esperar un poco más.