Epílogo
Una semana después
Indira mira por la ventana de la habitación que comparte con Caroline en casa de Rachel mientras habla por teléfono con su abogada.
Las vistas y la tranquilidad del sitio le gustan, aunque no está segura de si ella podría acostumbrarse a un ritmo de vida tan relajado en comparación a la vida frenética de Nueva York.
—De acuerdo, me paso por el despacho en cuanto regrese —dice antes de colgar, al mismo tiempo que la puerta se abre y por ella entra Caroline, que viene del baño del pasillo.
A lo que sí puede acostumbrarse Indira —y ya lo ha hecho— es a ese estilo desenfadado de la pequeña de las Taylor. Le fascina verla con vaqueros y camiseta, descalza y con la melena alborotada, aunque nada le gusta más que una mirada de la rubia o las sonrisas que le dedica cuando se despierta.
—¿Trabajando? —pregunta Caroline acercándose a ella con lentitud.
—Nada de trabajo estos días, te lo prometí —dice Indira, pegándola a su cuerpo para aspirar el aroma cítrico de su pelo—. Era la abogada, quiere que me pase por su despacho cuando vuelva para aclarar algunos puntos del divorcio. Burocracia —añade Indira y le da un beso .
Caroline la abraza y se queda pegada a ella en silencio, con la cabeza reposando sobre su hombro, tranquila.
Durante los días que llevan en Ítaca, han hablado mucho, de ellas y de todo, y Caroline siente que Indira es esa persona que ella necesita a su lado.
Lo sabe con una certeza que le resulta difícil de explicar, por eso no quiere darle vueltas a ese asunto, solo mirar hacia adelante y empezar a construir su futuro con ella.
Está tan absorta en sus pensamientos y cómoda entre los brazos de Indira —que traza suaves círculos por su espalda con una mano mientras la mantiene pegada a ella con la otra— que no escucha los dos toques que Rachel da en la puerta antes de abrir.
Indira sí que los escucha, pero esta no es la primera vez que Caroline se transporta a otro lugar estando entre sus brazos, y a ella no le gusta sacarla de esos pensamientos que la mantienen tan sumamente calmada junto a ella, de hecho, le gusta pensar que es ella la que consigue transmitirle ese estado de serenidad, así que no se mueve, solo levanta la mirada.
A Rachel la imagen que se encuentra de las dos mujeres le impacta.
Debe reconocer que los primeros días tuvo cierto recelo con Indira, temiendo que hubiera engatusado a su hermana con sus artimañas para volver a meterse entre sus sábanas, pero tras observar su comportamiento junto a Caroline durante estos días, ha llegado a la conclusión de que nada de lo que hace Indira puede fingirse, y mucho menos lo que está viendo ahora que, aunque parece algo muy simple, para ella no solo transmite un gesto de amor profundo hacia su hermana, sino de también de protección.
—Están llegando —susurra Rachel, que tampoco quiere alterar el estado ausente y tranquilo de su hermana pequeña.
Indira asiente y le sonríe, y Rachel sale de la habitación con el corazón encogido de felicidad.
—Cariño —susurra Indira, sacando a Caroline de su trance.
—Umm —responde Caroline, moviéndose lentamente entre sus brazos.
—Tu hermana y tu padre están llegando, deberíamos bajar.
Caroline parpadea y su pulso se acelera cuando vuelve a la realidad. Levanta la mirada, conecta con la de Indira y le sonríe, haciendo que el corazón de la mayor de las empresarias se desboque como si fuera un potro salvaje.
—Pues vamos.
Caroline se sienta en la cama para calzarse e Indira la observa simplemente fascinada.
Cuando están bajando por las escaleras, escuchan el ruido del motor de un coche y Caroline acelera el paso como si fuera una niña.
En cuanto salen y ve a Katherine, a Jodie y a su padre bajarse del coche, adelanta a Rachel y se lanza a los brazos de su padre.
Indira observa algo nerviosa los abrazos y saludos de toda la familia, hasta que Caroline se gira y le pide que se acerque.
Entonces se pone todavía más nerviosa porque, aunque ya los conoce a todos, en esta ocasión, Caroline la presenta como su pareja.
Jodie y Warren Taylor la besan y la abrazan como si no supieran nada del conflicto que hubo entre ella y Caroline, pero Katherine no se ha olvidado, y se lo recuerda en un susurro cuando la abraza.
—Mucho cuidado con mi hermana, Indira.
—Os agradezco a ti y a Rachel que la cuidéis tanto —responde Indira, manteniendo a Katherine pegada a ella cuando intenta separarse tras su amenaza—, pero si no os importa, a partir de ahora, la voy a cuidar yo.
Cuando la suelta, Katherine levanta una ceja y la observa gratamente sorprendida por la respuesta.
—¿Se come en esta casa o pensáis matar de hambre a este viejo? —pregunta Warren Taylor acariciándose la barriga.
Entre risas, la familia al completo entra en el bar, donde esta mañana, las tres mujeres han juntado dos mesas y lo han preparado todo para comer en familia. Rachel ha encargado la comida en el mejor restaurante de la ciudad y después de mucho tiempo, la familia por fin se reúne.
—Ahora solo falta mi pequeña Ashley —dice Warren, asintiendo ceñudo.
Rachel sonríe y suspira.
—Se me están haciendo larguísimas estas tres semanas hasta que vuelva —comenta emocionada ante la inminente vuelta de su hija.
—Bueno, más largos han sido estos siete u ocho años —dice Katherine—. La cuestión es que vuelve a casa.
—Podríamos volver todos en Navidad —comenta Caroline—, no falta mucho, y así vemos a Ashley.
—Imagino que ella volará a Nueva York antes para veros —dice Rachel—, pero me encantaría que pasáramos la Navidad en familia.
—Pues entonces no se hable más —concluye Katherine.
La familia termina de comer y siguen charlando hasta que la puerta del bar se abre y todas las cabezas se giran con gesto interrogante.
—¿Se puede? Traigo los postres.
La voz pertenece a Camila, la que fue pareja de Rachel durante diez años, convertida en una segunda madre para Ashley y con la que mantiene una gran relación de amistad después de que lo suyo terminase .
—Camila, querida —dice Warren encantado.
Todos se levantan para recibirla y Rachel le pone una silla a su lado, como una más de la familia.
—Estoy agotada —dice Indira cuando esa noche, por fin, se meten en la cama.
Caroline apaga la luz y se acurruca junto a ella, pegándose a su cuerpo en busca de calor porque está destemplada.
—Y yo —dice y exhala un suspiro tan profundo, que Indira se preocupa.
—¿Estás bien?
—Sí, es solo que echaré mucho de menos esto cuando volvamos a Nueva York —responde Caroline.
—¿La casa de tu hermana? Porque si es eso, podemos volver siempre que quieras.
—No me refiero a su casa, me refiero a esto —aclara abrazándola con fuerza—, a ti y a mí, a estar contigo cada noche. Me gusta que me abraces antes de dormirme y que me beses cuando me despierto. Me has acostumbrado muy mal —sonríe y vuelve a suspirar.
Indira estira el brazo y enciende la luz de la lámpara que hay en su lado, deshaciendo el abrazo para girarse hacia Caroline.
—Esto no tiene por qué cambiar, Caroline —dice apartándole un mechón de pelo de la cara.
Los ojos azules de Caroline empiezan a destellar con fuerza.
—¿A qué te refieres?
—Ya te dije que no quiero volver a mi casa hasta que no me haya divorciado oficialmente de William, aunque sepa que él ya no está, y que estoy dispuesta a estrenarme como lesbiana a lo grande. No quiero separarme de ti, Caroline, ni una sola noche, ni aquí ni en Nueva York.
Caroline esboza la sonrisa más sincera que Indira ha visto nunca, y ya no necesita que le responda para saber la respuesta a una pregunta que no ha necesitado hacerle, así que ella también sonríe antes de besarla. Después apaga la luz y la abraza, y Caroline se duerme .