Cruceros Taylor (Hermanas Taylor 2) Capítulo 1
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Cruceros Taylor (Hermanas Taylor 2)

Cruceros Taylor (Hermanas Taylor 2)

Por Eva Gonzay, Julia C. Brown

© inepub.com

Capítulo 1

—¿Lista? —pregunta Warren Taylor.

La chica termina de ayudar a su padre a poner ambos pies en el gran barco y se acerca, como siempre, a esa esquina que le confiere una vista panorámica de toda la embarcación.

Le gusta ver que todo el mundo sonríe y disfruta mientras nadan, charlan o simplemente toman el sol en la cubierta principal.

Su única motivación es esa, hacer feliz a las familias.

Lo está analizando todo cuando algo hace que sus ojos se detengan y se nieguen a moverse por unos segundos .

—Qué delicia —murmura Caroline mientras se ajusta las gafas de sol. No quiere perderse el espectáculo del que está siendo testigo.

—¿Todo bien? —pregunta su padre, que ha llegado hasta ella y también lo mira todo con gesto satisfecho.

—Perfecto —contesta Caroline, que sigue con la mirada azulada clavada en esa mujer que toma el sol en una de las tumbonas con una copa en la mano.

Caroline calcula que, al menos, la mujer que le ha robado la mirada pasa de los cuarenta años.

Necesitaría estar más cerca para confirmarlo —se lamenta por no estarlo— pero sí que puede ver un cuerpo que le hace humedecerse los labios y una melena que termina por enloquecerla.

El vientre le vibra, sabe que es factible toparse con ella en el barco. Tiene varios días para ello.

—Bienvenida a bordo, señora Taylor —escucha Caroline y se gira para estrechar la mano del director del crucero—. Cuando quiera, entramos y les enseño sus camarotes.

—Gracias, Logan —contesta y saluda a un chico que se encarga del equipaje.

Salen del helipuerto para entrar al inmenso Christie II, la segunda embarcación de esa línea, una que Caroline creó en nombre de su madre y que es una de las que más gusta a sus clientes.

—Logan, que alguien acompañe a mi padre a su camarote, luego iré al mío —dice Caroline, que observa como varios camareros sirven bebidas en el interior—. Me gustaría que me hicieras una actualización.

Warren suelta un suspiro y niega con la cabeza.

—Deberías descansar un poco, no creas que no noto que anoche apenas dormiste —se queja su padre.

Caroline tuerce una sonrisa traviesa y besa la mejilla de Warren.

—Primero son los negocios, papá. Nos vemos luego, descansa —dice y se enfila hacia el área donde están las oficinas que tan bien conoce. Ha estado muchas veces en el Christie II supervisando cada detalle antes de que zarpara por primera vez.

—¿Algo importante que deba saber? —pregunta Caroline en cuanto entran a uno de los despachos. Ya ha adoptado esa seriedad que la caracteriza cuando se trata de sus barcos.

—Todo en orden, señora Taylor —dice el hombre solícito, mientras saca una carpeta del archivador. Lleva varios años trabajando para Caroline y sabe cómo le gustan las cosas.

La pequeña de las Taylor hojea el contenido de la carpeta. Tiene una capacidad increíble para leer en diagonal y hacer cálculos que un simple mortal podría ejecutar solo si tiene una calculadora en la mano. Frunce el ceño, algo no le cuadra.

—¿Qué pasa con el resto del personal?

Logan Reed tenía claro que ella sola notaría que hay menos trabajadores de los estimados inicialmente. Su mente es un mecanismo único.

—Ocho asistentes de sala, tres camareros y once mucamas no subieron al barco —explica el director del Christie II—. En la última página tiene el nombre de cada uno de ellos y sus motivos.

Caroline levanta la mirada y cuando la menor de las Taylor enfoca a alguien, cosas ocurren.

—No la he avisado porque lo tenemos todo cubierto —explica con rapidez Logan—. Donna previó que esta vez, al ser un recorrido más largo de lo habitual, las bajas fueran mayores, así que contrató personal extra .

Caroline devuelve la mirada a la carpeta y sigue revisando los datos que de forma precisa le ha preparado Logan. Hace un apunte mental; agradecer a Donna por anticiparse siempre, sin duda es una de las mejores contrataciones que ha hecho en su empresa.

—¿Algo más? —pregunta la chica y le devuelve los documentos a Logan, que permanece de pie frente a ella como un cabo que ha cometido un error irreparable.

—No, lo tenemos todo muy controlado. Hasta ahora no ha habido altercados, el personal está trabajando bien y el barco funciona perfectamente —resume el director.

—Perfecto. Estaré en mi camarote, esta noche necesito la hoja de ruta para los próximos días y la confirmación de que todo sigue marchando bien —pide y, después de que Logan parece tenerlo claro, Caroline sale del despacho para, ahora sí, descansar un rato.

Mientras va caminando por el barco, lo escanea absolutamente todo a su paso, pero por alguna razón, sus ojos azules tienen un objetivo muy preciso que no logra sacarse de la cabeza.

No encuentra a la mujer de la piscina, pero está tranquila porque tiene tiempo para hacerlo y ella no irá a ninguna parte salvo que salte por la borda.

En cuanto entra a la enorme habitación, se quita los zapatos y se deja caer en la cama.

Suelta un suspiro de satisfacción a la vez que se estira.

Sigue teniendo los músculos un poco agarrotados —una noche muy movida— pero antes de desvestirse para entrar en la ducha, saca su teléfono y hace una llamada.

—Llevas unas horas fuera de Nueva York y ya me echas de menos —asegura una voz.

—Me echa de menos a mí, a ti te tiene demasiado vista —dice otra mujer.

Caroline sonríe, aunque esté lejos de casa, escuchar a sus dos hermanas es el equivalente de estar en su hogar.

—Con lo que hay aquí, os aseguro que no os echo de menos a ninguna de las dos —zanja la menor de las hermanas.

Rachel y Katherine silban como si se trataran de dos mujeres toscas, haciendo un ruido que deja medio sorda a la pequeña de las Taylor.

Las dos hermanas mayores saben bien que a Caroline le pierden las mujeres, incluso más que a Katherine, y eso parece poco probable, pero la chica es joven, viste de una manera que no llega a ser vulgar, pero deja ver lo justo para que cualquiera que pose la mirada en su piel blanca se apunte por sí mismo a un sanatorio mental.

Sin embargo, lo que más cautiva es la mezcla de belleza y la inteligencia tan particular de Caroline, una chica con la que puedes hablar de absolutamente cualquier tema, carismática y absurdamente romántica, aunque cuando sonría, parezca que en cualquier momento va a saltarte al cuello y dejarte sin una gota de sangre.

—¿No ibas a supervisar el barco? —inquiere Rachel levantando una ceja.

—Hay tiempo para todo, para negocios y para placer, hermana —contesta Caroline acomodándose en la cama.

Una mirada castaña aparece en la pantalla y Caroline no pierde oportunidad.

—Hola, cuñada. Te veo tan guapa como siempre.

Katherine aprieta la mandíbula. Aunque su relación con Jodie va por un camino de orquídeas, siente un vértigo raro cuando Caroline y su novia están cerca.

Ambas mujeres han estrechado lazos y entre ellas se nota un verdadero cariño, limpio y sin segundas, pero Katherine reconoce en su hermana pequeña una belleza sin igual capaz de hacer cambiar de opinión a cualquier ser vivo.

Sabe que no son más que tonterías, pero piensa que quizá son cosas de la edad y de ese amor inmenso —y miedo a la pérdida— que siente por su cocinera favorita.

—¿Qué tal el barco? —pregunta Jodie Sinclair y se sienta sobre las piernas de su chica.

—Muy bien, aunque tengo que hacer algunos ajustes con el personal —contesta Caroline con una mueca, pero no dice mucho más. Es meticulosa —y a veces misteriosa— con estas cosas.

—¿Alguna chica? —pregunta su cuñada, que ya conoce bien la fama de la hermana pequeña de su novia.

Caroline hace un gesto coqueto.

—Si todo sale bien, esta vez haré caso a mis hermanas.

Esta mujer parece mayor —explica Caroline a Jodie.

Tanto Katherine como Rachel le han dicho cientos de veces que deje de salir con chicas de su edad o más jóvenes como tiene por costumbre, porque cada vez que lo hace, acaba aburriéndose de sus conversaciones vacías y, aunque todo el mundo piense lo contrario y que ella misma reconozca lo mucho que disfruta del buen sexo, a Caroline le llena más una cabeza amueblada que un cuerpo de escándalo.

Las cuatro mujeres hablan durante un rato; Rachel mira a sus hermanas con orgullo, Caroline se siente arropada y a Katherine se le hincha el corazón al confirmar el amor que se tienen. Y Jodie… Jodie está perdidamente enamorada de la mujer con la que despierta cada día.

Cuando la empresaria Caroline Taylor cuelga el teléfono, salta de la cama. Necesita una ducha y una siesta. Tiene que estar despejada; esta noche el Christie II será su coto de caza particular y no piensa fallar. Tiene que encontrar a esa mujer que se ha instalado de manera arbitraria en su mente.