Crónicas de Homicidios Cuando el autor regresa a la escena
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Cuando el autor regresa a la escena

Pero el Profe no reaccionó como los demás.

Mientras el grupo se consumía en la tensión, él hizo lo impensado.

Decidió ir al lugar. No como protagonista…

sino como espectador. Se infiltró entre la multitud que se aglomeraba detrás de la cinta amarilla, mezclándose con los curiosos, con los vecinos, con los que solo querían ver de cerca la tragedia.

Su mirada recorría cada detalle: el movimiento policial, las rutas de acceso, las reacciones de la gente.

Escuchaba. Analizaba. Absorbía cada palabra que flotaba en el ambiente.

Los rumores eran muchos, caóticos, contradictorios. Algunos decían que el abogado llevaba un caso contra un mafioso peligroso. Otros aseguraban que la familia estaba involucrada en tráfico de terrenos. Versiones iban y venían, sin dirección clara. Pero hubo uno… uno en particular… que lo incomodó.

Alguien mencionó que, el día anterior, habían visto a una joven entrando a la casa. Que el abogado mantenía una relación con una adolescente.

Ese comentario, breve y aparentemente insignificante, se clavó en su mente. No por lo que decía… sino por lo que podía desencadenar.

El Profe se quedó un momento más, inmóvil entre la multitud, como si fuera uno más.

Pero por dentro ya estaba recalculando todo.

Midió los riesgos, las posibilidades, los escenarios.

Y, al notar que, por ahora, no había señales claras que apuntaran hacia ellos, decidió retirarse.

Sin prisa. Sin levantar sospechas. Como había llegado.

Horas más tarde, ya entrada la tarde, convocó al grupo en el búnker.

El ambiente era distinto. Más tenso. Más silencioso. Más peligroso.